Spanish English French German Italian Portuguese Russian
Compartir esto...

XV. El proceso de consumo y los conceptos de ahorro, inversión y acumulación.

Versión en PDFVersión en PDF
69.  Capítulo especial merecen los conceptos de ahorro, inversión, reproducción y acumulación, que tanta importancia tienen en las teorías económicas convencionales. Examinar estos conceptos en el marco de la teoría del consumo puede parecer muy extraño a quienes están habituados a concebir los procesos de reproducción y acumulación en el contexto de los procesos de producción y circulación. Sostenemos que la cuestión debe analizarse a partir de la teoría del consumo, donde los conceptos pueden ser cabalmente formulados, sin que ello obste que puedan ser retomados, profundizados y relacionados en el ` contexto de los procesos de producción y circulación, y especialmente en la teoría del desarrollo que ha de considerar integradamente los tres procesos. Creemos que ha sido por no haberse entendido así que la ciencia económica ha encontrado serias dificultades para comprender el real significado del ahorro, la inversión y la acumulación en la economía. Aquí nos limitamos a proponer este nuevo enfoque conceptual.
 
Indudablemente, la relación entre consumo y acumulación (y entre consumo, ahorro e inversión) ha inquietado siempre a los economistas. De hecho, el consumo más el ahorro son considerados equivalentes al ingreso, y el consumo y la inversión son considerados como variables complementarias que componen el valor global de la producción. Análogamente, cuando se trata de explicar el crecimiento y de identificar las políticas adecuadas para incrementarlo, el consumo y la acumulación son postulados como variables de signo inverso: mientras mayor sea la parte consumida del producto menor serán el ahorro y la inversión. Por cierto, las relaciones entre estos términos han dado lugar a complejos análisis, enfocados de distinto modo por las diferentes teorías económicas; pero los conceptos utilizados mantienen estas relaciones básicas.
 
En el marco de la teoría económica comprensiva proponemos un enfoque sustancialmente distinto que implica una reformulación teórica de estos conceptos y de sus recíprocas i relaciones. De ello esperamos una mejor y más amplia intelección de los mismos problemas que las teorías económicas convencionales han examinado utilizando estos términos. Con el objeto de evidenciar rápidamente y desde un comienzo el significado y el motivo de la inclusión de estos conceptos en la teoría del consumo, bástenos recordar que lo hemos definido como la utilización de los productos en la satisfacción de las necesidades; o sea, consumo es todo lo humana, social y económicamente útil que se efectúe con la producción; y con toda la producción. Siendo así, si se reducen la producción y el consumo a variables agregadas y se quiere establecer una equivalencia entre ellas debe sostenerse que producción = consumo. lntuitivamente comprendemos que el ahorro, la inversión y la acumulación debemos considerarlos incluidos en el segundo de los términos de la relación, en la medida que correspondan a algo que se hace con los resultados de la producción: ahorrarlos, invertirlos o acumularlos.
 
De este modo, distinguimos diferentes formas del consumo dependiendo de lo que se hace con los productos, que puede consistir en: a) hacer salir el producto de la economía, porque se destruye al consumirlo; b) conservar el producto para utilizarlo después; c) incorporar o reinsertar el producto en una empresa, como unidad adicional de uno de sus factores; y d) renovar y potenciar mediante el consumo del producto un factor existente. Las tres últimas implican algún proceso de acumulación, o sea, un incremento en la provisión de riqueza respecto a la que había antes del proceso.
 
Considerar estas formas de utilizar los productos integrados en el proceso global del consumo no es sólo consecuencia de darle mayor amplitud y comprensión a este concepto, sino el resultado de un esfuerzo de intelección de los procesos mismos en su complejidad. Si haciendo esto pueden comprenderse mejor los mismos procesos que la economía convencional identifica con los términos consumo, ahorro, inversión, reproducción y acumulación, la reformulación de los conceptos se justifica plenamente.
 
Los conceptos que en este capítulo sistematizamos los hemos en alguna medida expuesto y ya utilizado en varias oportunidades en este estudio, especialmente al examinar las formas de acumulación características de los tres sectores económicos [1] y al enfocar el tema del crecimiento económico.[2] Nuestro propósito es ahora ampliarlos y precisarlos.
 
Lo que en esas elaboraciones demostramos analíticamente fue que la relación entre consumo y acumulación no corresponde a la que han supuesto habitualmente los economistas convencionales, según la cual "se acumula lo que no se consume", y el ahorro e inversión dependen del excedente de producción no consumido. Vimos que, en realidad, se acumula lo que se consume de un cierto modo, por lo que podemos entender la acumulación como una forma del consumo. Podemos identificar esta forma especial del consumo -la acumulación- por tres elementos esenciales que lo constituyen.
 
Un primer elemento ha sido individuado tradicionalmente en la economía con el término "ahorro", con el cual se hace referencia a un cierto sacrificio o abstención de consumo actual, que se efectúa en función de un determinado consumo futuro. En nuestros términos tal acción de ahorrar debe entenderse inserta en una particular estructura del consumo en el tiempo,.y constituye una determinada distribución temporal del consumo.
 
Si miramos en profundidad el significado de este ahorro (de esta distribución del consumo en el tiempo), vemos que ni siquiera se trata de una pura postergación de la satisfacción de las necesidades y deseos del consumidor, sino de una forma alternativa de consumo que implica ya en el presente la satisfacción de algunas necesidades. En efecto, en la decisión de destinar una parte del producto y del ingreso disponible al ahorro está implicada la satisfacción de ciertas necesidades presentes, actuales, como son la de tener alguna seguridad ante futuras eventualidades, la de crearlas bases para el cumplimiento de algunas aspiraciones cuyo logro implica un proceso, la de cumplir determinados deseos vigentes y actuales como pueden ser el deseo de poseer riqueza. Incluso la "acumulación de excedentes en forma de dinero" no consiste en una privación de consumo sino que es una forma particular de consumir una cierta cantidad de activos económicos en la satisfacción de un deseo de riqueza. No olvidamos, al respecto, que la posesión de dinero otorga posición social, prestigio y poder al que lo posee. Por cierto, detrás del ahorro no siempre estarán estos deseos, sino la más obvia y natural previsión prudencial respecto al futuro. Lo que se manifiesta, pues, a través de la determinada distribución del consumo en el tiempo que llamamos ahorro no es otra cosa que una particular estructura de las necesidades, deseos y aspiraciones del sujeto que efectúa el consumo.
 
Un segundo elemento del modo especial de consumir que implica la acumulación ha sido asumido tradicionalmente en la economía con el término "inversión", con el que se entiende la utilización de una parte del producto en la ampliación de las actividades de las unidades económicas. Esto no es otra cosa que aquella forma del consumo que conocemos como consumo productivo, y que implica la satisfacción de las necesidades de factores por parte de aquellos sujetos económicos particulares que son las empresas.
 
Los economistas han creado una confusión entre el ahorro y la inversión al considerarlas -­en las cuentas nacionales- como equivalentes. Aunque existe una relación entre ellos, el ahorro y la inversión son dos componentes distintos del consumo, especialmente porque resultan de decisiones efectuadas por distintos sujetos económicos: la inversión depende de la conducta (y del consumo) de los empresarios, mientras que el ahorro depende de la conducta de los consumidores en general (incluyendo a los empresarios). Como también lo demostramos oportunamente, la posibilidad de hacer equivalente el ahorro y la inversión a nivel macroeconómico es consecuencia de las tremendas restricciones del análisis económico convencional, según el cual todos los flujos económicos proceden en base a relaciones de intercambio, todos los intercambios se efectúan entre valores equivalentes, y la economía funciona en un movimiento circular en equilibrio en el cual tanto la oferta de factores como la demanda de productos se encuentran dadas y se mantienen constantes. Pero apenas tomamos nota que no todos los factores son remunerados en dinero ni todos los productos se constituyen como mercancías que tienen un precio monetario, desaparecen las razones para suponer que el ahorro y la inversión globales tengan que identificarse. [3]
 
Esta última observación nos permite comprender que tanto el ahorro como la inversión constituyen formas diferentes de consumo de distintos tipos de productos y no sólo formas de utilización de los ingresos monetarios. En efecto, podemos "ahorrar" en dinero pero también en especies diversas, en alimentos conservados, en ladrillos, en relaciones humanas, etc., como podemos "invertir" en máquinas, en fuerza de trabajo, en conocimientos tecnológicos, en vínculos comunitarios, etc. Así -y como profundizaremos al examinar el proceso de desarrollo, la acumulación económica tiene muchas posibilidades diferentes de concreción y manifestación.
 
Hay, sin embargo, varios nexos entre el ahorro y la inversión que si bien nada tienen que ver con una supuesta equivalencia cuantitativa nos permiten asociarlos como parte de un mismo fenómeno de acumulación económica. Y es que tanto el ahorro como la inversión están relacionadas con la necesidad de asegurar el futuro, implicando un incremento en la riqueza que estará disponible para la satisfacción de necesidades humanas, individuales y sociales: se ahorra para disponer de bienes y servicios en el futuro; se invierte para disponer de una mayor capacidad de producción de bienes y servicios que serán consumidos en el futuro. Y a menudo lo que se ahorra, o una parte de ello, se invierte productivamente.
 
Esta última observación nos lleva a identificar un tercer elemento de esa forma especial de consumo que llamamos acumulación, al que los economistas tradicionales no han prestado atención. Así como podemos distinguir entre distintas composiciones del consumo en función de estructuras de necesidades en que predominan en unos casos las necesidades y deseos inmediatos y en otros las necesidades y aspiraciones de prolongada y progresiva satisfacción -distinción que nos permite identificar el ahorro como un primer modo de consumo que da lugar a la acumulación-, podemos distinguir también entre consumo que cuida, hace durar y valoriza los productos y consumo que los agota rápidamente. Y así como podemos distinguir entre consumo productivo o consumo improductivo -distinción en base a la que identificamos la inversión como un segundo modo de consumo que da lugar a la acumulación-, distinguimos también entre formas de consumo que desarrollan las capacidades y potencialidades de los sujetos que consumen, y otras que limitan y destruyen tales capacidades y potencialidades del sujeto. A estas cualidades del consumo nos referimos ya. cuando examinamos las posibilidades de optimizarlo desarrollando desde el punto de vista del sujeto las cualidades de moderación, persistencia, potenciación y otras, y desde el punto de vista del producto consumido su utilización cuidadosa, global, equilibrada, valorizadora, etc.
 
No es difícil comprender que estas diferentes formas de consumo inciden de distinta manera en la satisfacción de las necesidades en el tiempo, e involucran en consecuencia mayores o menores posibilidades de alcanzar el bienestar y el desarrollo integral. Siendo así, podemos entender que los tres elementos de la acumulación -en cuanto privilegian la conservación y el incremento de los bienes y factores disponibles- son necesarios para que el consumo sea adecuado, pues favorecen tanto una mayor duración de los productos como un superior potenciamiento de las capacidades de los sujetos.
 
Una vez más podemos juzgar las limitaciones de los análisis económicos que al no disponer de una teoría del consumo ni prestar atención a sus cualidades llegan al absurdo de contabilizar como crecimiento y desarrollo la producción de una mayor cantidad de productos que duran menos y que por tanto satisfacen menos eficientemente las necesidades humanas. En dicho modo de entender la economía, por ejemplo, la producción durante un período de 10 años de 2000 bicicletas anuales que tienen una vida útil promedio de 3 años, constituye un fuerte crecimiento de un 100% respecto a un período anterior también de 10 años en que se produjeron 1000 bicicletas anuales que duraron en promedio 10 años. Sin embargo, considerando la producción de cada período decenal tenemos que al terminar el primer período estaban funcionando 10.000 bicicletas mientras que al terminar el segundo solamente 6.000 unidades. Si efectivamente el producto medido en unidades de bicicletas creció en 100%, medido en satisfacción de necesidades decreció —al menos- en un 40%.
 
Si entendemos que la acumulación está constituida por los tres elementos señalados y queremos reducirla a una fórmula sintética de algún modo sustitutiva de la convencional (ahorro = inversión = producto total ­— consumo), tendremos que acumulación = producto total ­ consumo terminal + valor o utilidad agregada durante el consumo - pérdida de valor o utilidad durante el consumo.
 
 
70. Hay un último aspecto del concepto de acumulación que debemos precisar y que nos permitirá superar otra confusión a que suele dar lugar la teoría económica convencional. Hemos comprendido la acumulación como un modo de consumo según el cual se busca satisfacer determinadas necesidades relacionadas con el futuro. Sintetizando al máximo podríamos decir que acumular es "buscar seguridad para el futuro", resumiéndose bajo esta frase la satisfacción de una variada gama de necesidades, aspiraciones y deseos que van más allá del momento actual y que se proyectan en un proceso prolongado en el tiempo.
 
Pues bien, hay distintos modos de asegurar el futuro. Esto significa que hay diferentes estructuras del consumo vinculadas a distintas estructuras de necesidades de los sujetos, que implican formas diferentes de acumulación. En el análisis del Libro primero al que hicimos referencia distinguimos tres formas principales de asegurar el futuro:
 
a) El desarrollo de una potencia militar, que es básicamente acumulación de poder; aquí se busca asegurar el futuro concentrando los medios necesarios para impedir que los propios recursos territoriales, patrimoniales y humanos sean apropiados por potenciales enemigos, y para conquistar nuevos territorios y recursos en la eventualidad de que los propios lleguen a ser insuficientes para satisfacer las necesidades y aspiraciones.
 
b) La acumulación de riquezas materiales, sea acopiando stocks de productos, atesorando activos líquidos que puedan ser fácilmente convertidos en bienes y servicios, o concentrando medios de producción aptos para elaborar los productos requeridos para enfrentar las futuras necesidades.
 
c) El desarrollo de relaciones comunitarias y de capacidades y energías creadoras por parte de los sujetos, que estarán así en condiciones de enfrentar sus futuras necesidades, aspiraciones y deseos en base a sus propias fuerzas incrementadas y potenciadas por las relaciones de cooperación recíproca.
 
Pues bien, las dos primeras formas de acumulación, por vanas razones relacionadas con las estructuras de la producción y del mercado, suelen encontrarse asociadas a procesos de concentración. Tan fuerte ha sido en la teoría y en la práctica el nexo que se ha establecido entre la búsqueda de asegurar el futuro y la concentración, que ha llegado a establecerse un nexo inescindible entre concentración y acumulación, como si sólo a través de la concentración -de poder y de riqueza- fuese posible asegurar el futuro. Esta asociación de conceptos explica en parte la idea tan generalizada de que la acumulación depende de la circulación y no del consumo, cuando lo que más directamente depende de la circulación es la concentración. Nuestros análisis nos permiten distinguir ambos procesos y comprender que, si bien las cantidades destinadas por cada consumidor al consumo acumulativo en alguna medida son función de sus ingresos y de su riqueza, la opción corresponde en último término a su proceso de consumo.
 
Detrás de tan estrecha asociación entre acumulación y concentración está la percepción de los otros como amenaza, sea porque son enemigos como porque se los considera competidores. Al percibírselos así, se tiende a creer que el futuro sólo puede asegurarse acumulando y concentrando poder y riquezas; pero cuando se descubre que hay modalidades distintas de garantizar el futuro basadas en la cooperación e integración social, se hace indispensable disociar los conceptos de acumulación y de concentración. Se hace posible identificar formas de acumulación desconcentradas.
 
Los tres modos de asegurar el futuro (formas de acumulación) manifiestan alguna correspondencia con nuestros sectores de intercambios, regulado y solidario, pero sería excesivo establecer una correspondencia estricta de unos con otros. Lo que efectivamente sucede es que el sector intercambios manifiesta cierta tendencia a privilegiar el aseguramiento del futuro mediante la acumulación de riquezas, mientras que en el sector regulado se privilegia hacerlo mediante la acumulación de poder y en el sector solidario mediante la acumulación de relaciones sociales. Debemos, pues, considerar estas tendencias entre las características que distinguen las "racionalidades del consumo" propias de los tres sectores económicos.
 
Y podemos concluir, además que el consumo perfecto supone la presencia de los tres modos de acumulación, combinados en alguna proporción. Comprender la acumulación como un modo de consumo vinculado a determinadas estructuras de necesidades y descubrir que hay diferentes maneras y formas de efectuarla nos lleva a concluir que determinados niveles de acumulación pueden llegar a ser negativos, especialmente si se descompensa el equilibrio entre los tres modos de efectuarla. Puede serlo cuando en la estructura de necesidades que orientan la economía el predominio de las necesidades relacionadas con el futuro se hace excesivo. En tales casos, no se estará dando el que podemos considerar como un consumo equilibrado e integrado que respete la jerarquía natural y racional de las necesidades. Pueden incluso darse procesos de acumulación tan acentuados que no sean sino la manifestación de situaciones psicológicas y culturales psicopáticas, en las que en vez de una previsión racional y normal por el futuro se esté ante una situación ansiosa y temerosa anormal respecto al porvenir.
 
Con los conceptos de ahorro e inversión y con este análisis del proceso de acumulación se completa el estudio del proceso económico considerado en su conjunto. En efecto, la acumulación como modo del consumo da lugar al flujo de reproducción de factores que representamos en la figura 18 partiendo desde los consumidores hacia los aportadores de factores. El proceso de acumulación constituye el momento económico que cierra el círculo de la economía constituido por los sucesivos (y concomitantes) procesos de producción, circulación y consumo, ya que por el ahorro, la inversión y demás elementos de la acumulación se conectan el momento terminal del consumo y el momento inicial de la producción.
 
Así hemos llegado al final de este libro, que nos deja en los umbrales del tema del desarrollo económico, al que dedicaremos el Libro cuarto. En él examinaremos la integración dinámica de los procesos de producción, circulación y consumo y recuperaremos diversos análisis que sobre el tema hemos venido diseminando a lo largo de esta investigación. 

 


[1] Cfr. Las Donaciones ..., parág. 34.
[2] Cfr. Crítica de la Economía ..., parág. 30 y 31.
[3] Cfr. al respecto nuestros comentarios sobre J .M. Keynes en el capítulo sobre el crecimiento económico, Libro segundo.