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48.- Lo que debemos hacer ahora es identificar aquellas correlaciones de fuerza que permitan el más eficiente funcionamiento de los mercados. Más concretamente, la pregunta que nos planteamos es, cómo debieran estructurarse los mercados a fin de materializar, o de aproximar a su realización, los criterios que definen la eficiencia. Para responder la cuestión seguiremos el mismo recorrido de los análisis precedentes, a saber, comenzaremos con los mercados de factores, pasaremos luego a los de productos, y terminaremos considerando la articulación entre ellos.
Una respuesta en términos generales la adelantamos en el
Libro Segundo al exponer nuestra concepción del mercado democrático. En efecto, las situaciones estructurales que debe presentar el mercado de un factor para que puedan satisfacer los criterios de eficiencia que expusimos, no son sino aquellas que los economistas han identificado como supuestos de la competencia perfecta, y que nosotros hemos ampliado y reformulado como condiciones para el funcionamiento de un mercado democrático".
[1] Al considerarlas esta vez específicamente en relación al mercado de factores se nos harán presente diversos aspectos de especial interés.
La primera condición de la competencia perfecta en el mercado de factores es el "libre acceso" al mismo para todos los que quieran ofrecer o demandar cualquier factor, condición que ampliada y expuesta en términos más amplios y más históricos significa que exista una real libertad de iniciativa económica, al menos en dos sentidos: por un lado, en el sentido de que los aportadores de factores -trabajadores, técnicos, administradores, financiadores, dueños de medios materiales, comunidades- puedan integrarse al mercado sin trabas, tanto en vistas de ser incorporados por cualquiera de las categorías económicas como también constituyéndose como organizadores de unidades y actividades económicas autónomas; por otro lado, en el sentido de que tanto los ofertantes como los demandantes de factores tengan la posibilidad de preferir, entre los distintos tipos de relaciones económicas, aquellas que mejor correspondan a sus personales modos de pensar, de sentir, de actuar y de ser. La realización de esta condición requiere. por ejemplo, que se reconozca a los trabajadores el derecho al trabajo y el derecho a crear y dirigir empresas beneficiándose de sus resultados económicos; pero no es suficiente el reconocimiento jurídico, siendo necesario además que existan circunstancias económicas y culturales que lo permitan de hecho.
No cabe duda que el "libre acceso" y la libertad de iniciativa económica, en el sentido indicado, favorecen la presencia creciente y el desarrollo de siempre nuevas unidades de los factores, incrementando así el tamaño de este mercado. Hay, pues, un nexo estrecho entre esta condición del mercado democrático y la primera idea con que connotamos la eficiencia del mercado de factores. Por cierto, el libre acceso y la libertad económica favorecen también tal plena ocupación y la colocación de los factores allí donde su aportación al producto sea mas elevada; de modo que se trata de una condición que en la medida que este más cumplidamente presente en el mercado de cada factor (y en el mercado de factores en general) permitirá un funcionamiento más eficiente del mismo.
La segunda condición de la competencia perfecta en el mercado de factores es su "atomización", en el sentido de que no se den formas de concentración de la oferta ni de la demanda de los factores. Por ejemplo, que cada uno de los trabajadores pueda participar independientemente en el mercado de la fuerza de trabajo, con real autonomía decisional para contratar las condiciones de su empleo. Y que existan numerosos demandantes de fuerza de trabajo, cada uno de los cuales pueda relacionarse independientemente con aquellos trabajadores que le interesa ocupar. Un mercado de la fuerza de trabajo "atomizado" es aquel en que no hay formas de concentración del poder, lo que no significa que no pueda haber asociaciones de trabajadores o de empresarios, siempre que en estas organizaciones existan efectivas posibilidades de participación en la toma de decisiones por parte de los sujetos participantes. Lo que importa es que no haya concentración del poder ni exclusión de nadie, ya sea por trabas al ingreso como por imposibilidad de incidir en las decisiones; razón por la cual ampliamos y dimos mayor concreción histórica al supuesto de la "atomización" formulando como condición del mercado democrático la existencia de efectivas posibilidades de participación de todos en las decisiones que les conciernen.
La atomización y desconcentración de los factores incrementa la capacidad de darles ocupación en las unidades económicas existentes, así como la creación de otras nuevas. Sabemos que la existencia de poderes concentrados por el lado de la oferta de un factor tiende a generar mecanismos de protección por parte de las unidades ya empleadas, que así logran evitar la competencia de otros sujetos que deseen aportar ese mismo factor en el mercado. La atomización y desconcentración de los demandantes de factores (las empresas) también favorece un mayor y un mejor empleo de los factores, porque los ofertantes no tendrán que enfrentar poderes muy fuertes que les impongan condiciones de explotación y valoración inconvenientes. Así, esta condición del mercado democrático se muestra especialmente favorable a la materialización de la segunda idea con que connotamos la eficiencia del mercado de factores. La atomización y participación en las decisiones por parte de los aportadores de factores favorece directamente también la posibilidad de asignarlos de manera que su productividad agregada sea mayor. Es sabido, en efecto, que la contribución que un sujeto hace en una organización (en este caso, en una empresa) es más elevada cuando es reconocido en su individualidad y cuando se le permite participar en la adopción de las decisiones, porque así llega a identificarse y comprometerse personalmente con el cumplimiento de las actividades decididas.
El tercer supuesto clásico de la competencia perfecta aplicado al mercado de factores es la más amplia "movilidad" que tengan quienes los aportan para desplazarse de unas empresas a otras, y de éstas para sustituir o cambiar unos factores por otros. Naturalmente, esta condición supone el cumplimiento de los compromisos libremente asumidos por las partes durante los períodos de tiempo definidos, o en su defecto, el sometimiento del trasgresor (p.ej., el empresario que despide un trabajador contratado, o el trabajador que rescinde anticipadamente un contrato) a las compensaciones previamente acordadas o establecidas por la ley. Nosotros complementamos este supuesto clásico relevando una condición que lo hace efectivamente operar en los términos previstos por la teoría económica, y sin la cual su aplicación se prestaría a graves distorsiones en el mismo mercado de la fuerza de trabajo. Es la condición de que exista un grado importante de integración social y de solidaridad, tal que en el funcionamiento de la economía no interfieren elementos de poder ni conflictos ideológicos y políticos tan agudos que impliquen el despido o la contratación de personas con motivaciones de dominación más que de funcionalidad económica. Más en general, la eficiencia de un mercado exige no sólo que numerosos sujetos participen libre e independientemente en él sino también que entre ellos no se verifiquen conflictos tan agudos que distorsionen la racionalidad económica de sus decisiones y actividades. En especial, un mercado del trabajo en que los trabajadores y los empresarios se enfrenten permanentemente en un conflicto de intereses irreconciliables, por más que dé lugar a "movilidad" del trabajo en base a huelgas, despidos, paros patronales, etc., está lejos de aproximarse a la situación de plena movilidad del factor laboral.
La más amplia movilidad de los factores contribuye muy especialmente a la realización de la tercera idea que define la eficiencia de estos mercados, esto es, a una óptima asignación de las unidades y porciones del factor: al poder fácilmente desplazarse de unas empresas a otras les es posible ubicarse en aquellas donde su productividad y consecuentemente su remuneración sean superiores.
La condición de la movilidad se complementa y entiende mejor en combinación con un cuarto supuesto considerado por la teoría económica, cual es la "plena ocupación”. Que no haya desocupación de la fuerza de trabajo -y esto es válido para cualquiera de los factores- no sólo implica que no existan trabajadores involuntariamente desocupados por períodos más prolongados que los requeridos para la actuación de la movilidad postulada, sino también que en sus efectivas ocupaciones los trabajadores puedan desplegar y hacer productivas sus reales capacidades y aptitudes laborales, conforme a las calificaciones que hayan perfeccionado. Podría haber plena ocupación en una economía porque toda la fuerza de trabajo excedentaria resulte empleada en programas masivos de empleos indiferenciados que no requieran ni aprovechen las capacidades de esos trabajadores; pero no es esta la plena ocupación que supone un mercado de la fuerza de trabajo eficiente. Esto significa que este mercado debe estar suficientemente desarrollado y diferenciado como para permitir que las aptitudes y capacidades de los trabajadores puedan encontrar el modo de servir en la economía. Al mismo tiempo, un mercado de la fuerza de trabajo eficiente debe favorecer el perfeccionamiento, diversificación y calificación de la fuerza de trabajo. Así podemos entender -aplicada al mercado de factores- aquella condición del mercado democrático que en su oportunidad planteamos, según la cual supone y exige haber alcanzado un cierto nivel de desarrollo económico suficiente para satisfacerlas necesidades económicas fundamentales. No es necesario agregar más para relacionar este supuesto con nuestro criterio de eficiencia, pues la identidad entre ellos resulta evidente.
Finalmente, un eficiente mercado de factores debe ser "transparente", condición que expuesta en términos más concretos e históricos significa la existencia de sistemas y procedimientos de comunicación fluidos, abiertos y completos, que permitan a los aportadores de factores y a los empresarios acceder a las informaciones que les interesen y que necesiten para adoptar las mejores decisiones. Por cierto, esta transparencia y mejor comunicación contribuye directamente al cumplimiento de los tres aspectos integrados en el criterio de eficiencia del mercado de factores.
Las cinco condiciones de la eficiencia del mercado de factores que aquí hemos ilustrado a partir del mercado de la fuerza de trabajo, se aplican obviamente a cada uno de los seis mercados de factores. Aunque prescindimos aquí de análisis particulares que podrían parecer redundantes, sugerimos a los lectores el ejercicio de examinar el significado y los contenidos que implican dichas condiciones en los casos particulares de los mercados del trabajo, la tecnología, el financiamiento, los medios de trabajo, la administración y el "factor C". Se descubrirán interesantes y preciosas indicaciones capaces de orientar procesos de perfeccionamiento en cada uno de esos mercados.
Sabemos que este conjunto de condiciones no existen plenamente realizadas en la práctica en ninguno de los mercados de factores; pero sabemos también que todos los mercados presentan algún grado de actuación de estas condiciones, que puede ponerlos más cerca o más lejos de un funcionamiento eficiente. Aunque el cumplimiento pleno de estas condiciones puede ser una utopía, lo que importa históricamente y concretamente es la conformación de una estructura económica que nos aproxime a su realización. Que un mercado no pueda llegar a ser totalmente eficiente no significa que la noción de su eficiencia y el conocimiento de las condiciones que la materialicen carezca de utilidad; la tiene, concretamente, para evaluar el grado de eficiencia que haya alcanzado en un momento histórico cualquiera, y para definir las opciones y políticas que deban implementarse a fin de perfeccionar su eficiencia a partir de las situaciones existentes.
Pues bien, cuando expusimos en general estas condiciones del mercado democrático demostramos que ellas son facilitadas y favorecidas por la presencia en el mercado de la mayor pluralidad posible de categorías organizadoras y de tipos de relaciones económicas. Esta pluralidad podemos postularla ahora específicamente para el mercado de cada factor. Si, por ejemplo, en el mercado de la fuerza de trabajo participan empresas de capitales, empresas de renta, empresas públicas, empresas de tecnología, empresas comunitarias y empresas de trabajadores, y si los flujos de trabajo proceden ampliamente a través de intercambios, tributaciones, asignaciones jerárquicas, donaciones, comensalidad y cooperación, el mercado de la fuerza de trabajo resultará ser más perfecto y democrático: será mayor el empleo, y serán más amplias la movilidad, la atomización, la transparencia, la libertad de iniciativa, la participación, etc.
Pero no es suficiente haber demostrado y comprendido que un mercado es más eficiente cuando es más democrático, y que es más democrático y eficiente cuando en él se manifiesta el más amplio pluralismo de categorías organizadoras y de relaciones económicas. Más allá de esto, en efecto, queremos saber cuánto de cada categoría y de cada tipo de relaciones económicas es conveniente que se haya desarrollado y este presente en el mercado, para que funcione eficiente y democráticamente. Es la cuestión que dejamos introducida en el
Libro segundo, cuando nos preguntamos cuál sería la combinación óptima entre los tres sectores económicos -de intercambios, regulado y solidario-, en vistas de un funcionamiento democrático del mercado. Prometimos entonces retomar el tema, y es el momento de hacerlo.
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Habíamos llegado a las siguientes conclusiones:
a) Mientras mayor sea el pluralismo y la diversificación, tanto respecto de las categorías organizadoras como de las relaciones económicas, mayores son las probabilidades de que el mercado sea democrático.
b) El grado de democratización de un mercado depende de lo democrático que sean los tres sectores que lo constituyen; estos sectores serán más o menos democráticos en función del grado de desarrollo que en su interior hayan alcanzado las diversas categorías que operan en ellos.
c) El problema de la combinación de los sectores de intercambio, regulado y solidario no resulta bien planteado en los términos de alguna proporción definida como óptima que sea válida para cualquier sociedad particular: el mercado puede ser democrático en más de una proporción en que se combinen sus sectores, dado que cada sector económico puede configurarse democráticamente.
d) La mejor combinación de los tres sectores en cada sociedad determinada no es sólo cuestión de tamaños relativos. Hay que considerar, además, al menos los siguientes aspectos: l. Que ciertas funciones y actividades económicas son mejor realizadas por un sector, y otras por otro, de modo que la mejor combinación debe tener en cuenta la estructura productiva, comercial, etc. de la sociedad determinada. 2. Que la composición de las categorías y de las relaciones económicas se vincula también a los niveles de desarrollo material y espiritual alcanzados por cada sociedad. 3. Que las características culturales, las costumbres y los modos de comportamiento asentados en la población, hacen que en distintas sociedades la eficiencia y el desarrollo económico puedan ser más expeditamente alcanzados dándole en unos casos mayor relevancia al sector de intercambios, y en otros casos a los sectores regulado y solidario.
Teniendo en cuenta que las estructuras, la composición y los criterios de eficiencia son distintos en los mercados de factores y en los mercados de productos, estamos en condiciones de agregar ahora la hipótesis de que la mejor combinación de los sectores es distinta según nos refiramos a los primeros o a los segundos. El análisis del tema en relación a los mercados de factores -y más adelante a los de productos-, nos proporcionará, pues, nuevos elementos para ampliar la comprensión de las combinaciones de sectores en el mercado, en vistas de su mejor eficiencia y funcionamiento democrático.
Aunque hemos ya demostrado la existencia de un nexo íntimo entre el nivel de eficiencia y el grado de democratización de los mercados, es conveniente mantener una cierta especificidad y diferenciación de los análisis (que resultarán complementarios) de estas dos dimensiones. Ello no impide proceder unidamente en la exposición para evitar las repeticiones que, en caso contrario, serían inevitables dada la estrecha relación que existe entre los criterios de eficiencia y las condiciones del funcionamiento democrático en estos mercados.
Retomando lo expuesto anteriormente, en función de la efícíencia en los mercados de factores lo que importa es: l. Que la mayor cantidad posible de recursos se conviertan en factores; esto implica que no haya mecanismos que limiten el ingreso, o que generen procesos de exclusión, sino que al contrario, se favorezca el acceso al mercado de nuevos Sujetos aportadores de recursos. 2. Que los factores presentes en el mercado encuentren todos adecuada ocupación y empleo; esto implica no solamente disminuir o eliminar el desempleo, sino desarrollar activamente ocupaciones nuevas que favorezcan un mejor aprovechamiento de las capacidades de los factores presentes en el mercado. 3. Que la asignación de los factores entre las distintas empresas sea tal que se maximice la productividad global de los factores; lo que supone flexibilidad y búsqueda permanente de las mejores combinaciones técnicas y económicas en las empresas. 4. Que las unidades o porciones de los factores empleados en la economía obtengan adecuadas remuneraciones o recompensas por sus respectivos aportes.
En función de la democratización en los mercados de factores lo que importa es: 1. La libertad de iniciativa económica y el libre acceso al mercado. 2. El máximo empleo y el desarrollo de las capacidades o potencialidades económicas de los sujetos. 3. La más amplia movilidad, flexibilidad y transparencia del mercado, para que los factores puedan encontrar (e insertarse en) aquellas unidades económicas que permitan su máximo rendimiento. 4. La atomización, no concentración y participación de los sujetos aportadores de porciones y unidades de los factores.
A partir de esos criterios y de estas condiciones podemos evaluar la importancia de cada uno de los tres sectores, identificando tanto los aportes como las limitaciones que manifiesten en orden a su cumplimiento.
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49. Examinemos el sector de intercambios. Este sector, en lo que al mercado de factores se refiere, está constituido por: a) todos los sujetos aportadores de factores que ofrecen porciones o unidades de trabajo, financiamiento, tecnología, medios materiales, gestión y "factor C", a cambio de una remuneración fija, habitualmente establecida en dinero, pero que puede serio también en otros activos económicos; y la) todos los organizadores de unidades económicas (empresas), que demandan y obtienen los factores e insumos que necesitan, pagando por ellos determinados precios, fijados en dinero u otros tipos de activos. Así constituido, podemos observar que este sector presenta varias características que lo hacen, particularmente proclive al cumplimiento de los criterios de eficiencia mencionados, aunque no deja de tener problemas y presentar también limitaciones, que se manifiestan especialmente si se las observa con el enfoque de las condiciones del mercado democrático.
Las ventajas de este sector han sido destacadas en numerosos estudios, que suelen atribuirlas erróneamente a la “economía capitalista de mercado". Expresadas sintéticamente y en nuestros términos son los siguientes:
a) Como la aportación de factores por vía de intercambios permite obtener inmediatamente las correspondientes remuneraciones, este sector incentiva especialmente a los que poseen factores a llevarlos al mercado, y a quienes están en condiciones de generar factores nuevos con los recursos que disponen, a hacerlo también renovadamente, motivados por las expectativas de la remuneración correspondiente.
b) Como en este sector se establece un vínculo estrecho entre el monto de la remuneración y la productividad del factor, se estimula también el perfeccionamiento y desarrollo de las porciones de factores ya operantes económicamente, a fin de incrementar su productividad.
c) Como todo período de desempleo de un factor implica una pérdida de ingresos, quienes lo poseen se preocupan especialmente de encontrarles ocupación en el menor tiempo posible.
d) Como toda demora en la incorporación de un factor necesario implica automáticamente perdidas para la empresa, sea por el no aprovechamiento de oportunidades de ventas como por el subempleo concomitante de los otros factores con los que aquel ha de combinarse en proporciones definidas, también las empresas están interesadas en contratar esos factores necesarios sin pérdida de tiempo.
e) Como en este sector los flujos y trasferencias de factores involucran en cada caso solamente a dos sujetos, que en la relación económica no llegan a ligarse establemente con vínculos de compromiso social fuera de los establecidos en el contrato que convienen en el mismo acto, el sector de intercambios es, en tal sentido, particularmente favorable a la atomización de los sujetos que en el participan.
f) Por la misma razón de que los intercambios vinculan y "amarran" a los participantes sólo por tiempos definidos, quedando libres para efectuar otras operaciones con terceros, este sector es también favorable a la movilidad y flexibilidad de los factores, tanto en el sentido de que los sujetos que los aportan pueden fácilmente desplazarse de unas empresas a otras, como en cuanto las empresas que los ocupan pueden sustituir unos factores por otros con relativa facilidad.
g) A la movilidad y flexibilidad en el sector de intercambios es favorable también la concurrencia que se verifica entre las empresas, entre los distintos sujetos que aportan un mismo factor, y entre los aportadores de factores diferentes.
h) Como en los intercambios los sujetos participantes (personas y empresas) toman decisiones autónomamente buscando su propio beneficio, alcanzándose el acuerdo entre las partes sólo cuando ambas perciben que les conviene más establecer la relación que no hacerlo, este sector requiere la circulación de múltiples informaciones que provengan de distintas fuentes. En este sector los participantes están fuertemente estimulados a buscar las informaciones que necesitan y a producir otras cuya comunicación también les interesa. Como la información es un elemento decisivo en la determinación de las condiciones en que se realiza la contratación de factores, en este mercado tienden a operar empresas independientes que producen y difunden información, por las que cobran los correspondientes precios de mercado. (Veremos luego que, por otras razones, el sector de intercambios es también proclive al ocultamiento de informaciones, no pudiendo alcanzar la plena transparencia).
En síntesis, el sector de intercambios en los mercados de factores muestra disponer de un conjunto de estímulos a las conductas favorables a la eficiencia y una serie de castigos a los comportamientos ineficientes, que lo llevan espontáneamente a buscar la actuación de los criterios y condiciones de eficiencia y democratización. Sin embargo, este mismo sector manifiesta simultáneamente otras razones que lo llevan a distanciarse de su plena eficiencia, mostrado persistentes tendencias internas que consolida en el ciertos procesos no democráticos de concentración y centralización. Observemos, también resumidamente, las dificultades y problemas que presenta este sector.
a) Como en el sector de intercambios las aportaciones deben ser remuneradas a precios fijos, el ingreso de nuevas unidades o porciones de factores se encuentra limitado por la escasez de activos disponibles para remunerarlos. En efecto, no pueden ingresar nuevas unidades de los factores a menos que los organizadores de empresas dispongan de medios de pago acumulados. Requisito de la incorporación de factores a las empresas es la acumulación de un factor —el financiero- por parte de unos sujetos determinados, lo que es ya un fenómeno de concentración. Por otro lado, la acumulación se efectúa en el tiempo, lo que supone cierto grado de inmovilización de algunos activos. Además, como los medios de . pago de que disponen las empresas son limitados y como las empresas siempre necesitan acumular esos medios de pago, se manifiesta la tendencia a sub-remunerar la aportación de los factores, recompensándolos por debajo de su productividad. Esto contradice también otro de los criterios de eficiencia de los mercados de factores, a saber, la "valoración conveniente" de los mismos. La acumulación financiera, pues, por diversas razones y especialmente si supera ciertos límites, atenta contra varias de las condiciones del funcionamiento democrático del mercado.
b) Como el hecho mismo de efectuar la contratación de un factor implica incurrir en determinados costos, hay una tendencia a limitar la cantidad de operaciones de este tipo (pero no el volumen global de las transacciones), que se manifiesta en la preferencia que tienen muchas empresas por efectuar operaciones concentradas, privilegiando las relaciones con sujetos aportadores de porciones voluminosas de factores en vez de operar con sujetos que los poseen en pequeñas cantidades. Esto pone obstáculos para que accedan al mercado los sujetos que disponen de pocas unidades o de porciones pequeñas de ciertos factores, e implica una tendencia a la concentración por el lado de la oferta de factores.
c) Como el mercado de intercambios es especialmente competitivo y se muestra exigente con los factores en términos de productividad, aquellos factores de menor rendimiento o que no incrementan sus niveles de productividad al ritmo seguido por la media de las empresas, van siendo excluidos del mercado y considerados prematuramente obsoletos.
d) Como la información permite incrementar las ganancias a quien la posee, siendo ella misma –además- un activo económico, en el mercado de intercambios los sujetos en posesión de informaciones exclusivas que les permiten obtener especiales ganancias están activamente interesados en que tales informaciones no se difundan, siendo esta una causa de oscuridad y un obstáculo a la transparencia en este mercado.
La observación de estos elementos que llevan a ineficiencia y concentración en el mercado de intercambios, junto a aquellos elementos que favorecen su eficiencia y democratización, nos permite comprender que este sector puede ser, en los mercados de factores, más o menos eficiente y democrático, atendiendo a la mayor o menor incidencia que en su operación tengan esos elementos de orientaciones contrarias. El tema lo abordamos ya con cierto detenimiento en el
Libro segundo, cuando vimos cómo el circuito de los intercambios puede encontrarse estructurado más o menos democráticamente y cómo puede permitir mayores o menores contribuciones al crecimiento económico.
[4] Remitiendo a dichos análisis, nos limitamos a recordar aquí nuestra principal conclusión: que el mercado de intercambios se muestra particularmente concentrador y es menos eficiente
en la medida que en él predomine incontrastadamente una sola categoría, especialmente el capital. Si en muchos casos el mercado de intercambios se muestra particularmente concentrador, excluyente y obstaculizador del acceso de nuevos sujetos, ello no es atribuible a que sean las relaciones de intercambio el modo de asignación y distribución de los factores, sino al predominio que en este mercado puede haber alcanzado el capital, que pone obstáculos especiales al ingreso de factores y que exacerba las tendencias concentradoras presentes en el mercado de intercambios.
50. Examinemos ahora el sector regulado en los mercados de factores. En él participan, básicamente: a) todos los sujetos que efectúan tributaciones con determinadas unidades de los distintos factores; b) los sujetos institucionales que recolectan y centralizan las contribuciones de factores que se efectúan por vía de tributaciones; c) los sujetos que planifican el uso de factores y que los asignan jerárquicamente entre quienes los han de utilizar; y d) los sujetos a quienes se les asignan dichos factores y que son comisionados para utilizarlos conforme las especificaciones de la planificación.
Así conformado, este sector presenta ciertas ventajas y ciertas limitaciones y obstáculos a la actuación de los criterios y condiciones de eficiencia y democratización de los mercados de factores. Las ventajas son, en síntesis, las siguientes:
a) Como la tributación de factores no es decidida voluntariamente por los sujetos contribuyentes sino que se les impone como obligación, estando decidida en sus montos por el órgano recolector en base a la estimación de los requerimientos planificados, este sector permite e induce el ingreso a la economía de ciertas porciones y unidades de factores que, en su ausencia, no siempre los sujetos que los poseen estarían dispuestos a proporcionar voluntariamente.
b) Como el órgano que regula la economía -operando a la vez como ente recolector de tributaciones y planificador de las actividades globales- se levanta por encima de los sujetos particulares que aportan y utilizan los factores, este sector es especialmente capaz de proponerse objetivos de interés general o de bien común de la sociedad. Desde tal posición, se muestra a menudo capaz de movilizar esfuerzos de múltiples sujetos tras objetivos compartidos, activando recursos y factores en función de proyectos globales (nacionales e institucionales) y de largo plazo.
c) Como el sujeto planificador que asigna los factores legitima su permanencia en dicha función dirigente en base a los resultados alcanzados por la gestión y a la armónica integración de los intereses de los distintos sectores contribuyentes y beneficiarios (de manera que se reduzcan al mínimo los casos de conflicto entre los sujetos involucrados), este sector se encuentra estimulado a buscar el máximo de racionalidad en el uso de los factores. En particular, estando en condiciones de considerar globalmente la dotación de recursos disponibles socialmente, se encuentra en mejores condiciones para encontrar aquellas combinaciones técnicas de producción que minimicen la desocupación de factores. Una de las preocupaciones que habitualmente determina importantes decisiones en este sector es, en efecto, la búsqueda de empleo para los factores que el mercado de intercambios deja desocupados.
d) Como el sujeto regulador está en condiciones de diferenciar el monto de las tributaciones que deben hacer los sujetos, y a la vez de asignar en distintas proporciones los factores a las diferentes actividades, este sector puede y suele cumplir una función redistributiva que reduce las diferencias entre los distintos sectores y sujetos sociales, impidiendo o reduciendo procesos de concentración y de exclusión económica que tiendan a producirse como resultado del operar de las demás fuerzas del mercado.
En síntesis, este sector de la economía manifiesta especial eficiencia en términos de corregir algunas distorsiones o problemas que el sector de intercambios provoca en el mercado de factores; pero a su vez es fuente de otras tendencias que alejan el mercado de su funcionamiento eficiente y democrático. Las difícultades y problemas que presenta son, en síntesis, las siguientes:
a) Como los flujos de tributaciones implican la transferencia de unidades y porciones de factores desde muchos sujetos particulares hacia un mismo sujeto o ente recolector, este sector manifiesta una poderosa tendencia a la concentración, de modo que la presencia de un extenso mercado regulado contradice directamente la conveniente atomización del mercado de factores.
b) Como el monto y las características de las tributaciones son decididas por un poder central, y obligan a los sujetos particulares a efectuar las contribuciones que les corresponden aún contra la voluntad y el interés de ellos, el sector regulado dificulta y reduce la libertad de iniciativa económica, que es condición del funcionamiento democrático del mercado.
c) Como el circuito de asignaciones jerárquicas implica que gran parte de las decisiones relativas a los factores disponibles sean efectuadas por un solo sujeto planificador cuyas decisiones comprometen administrativamente a las instancias subordinadas, el sector regulado manifiesta una fuerte tendencia a la concentración del poder, contradiciendo también por este aspecto tanto la atomización del mercado como la libertad de iniciativa de las empresas y de los sujetos que efectúan las actividades económicas.
d) Como la planificación abarca habitualmente períodos de tiempo prolongados (de dos, cinco o más años), comprometiendo el empleo de los factores por toda la duración de los planes, el sector regulado de la economía suele ser bastante rígido y se manifiesta poco favorable a la movilidad de los factores. Esto se agrava por el hecho que los planes exigen una articulación coherente entre múltiples empresas relacionadas, lo cual significa que cualquier cambio en la destinación de algunos factores involucra transferencias concomitantes de múltiples otros, afectando así numerosas actividades; en tales condiciones, se hace preferible mantener el conjunto de las decisiones acordadas en el plan aún cuando circunstancias coyunturales muestren que sería conveniente alterar algunas de ellas.
e) Como las aportaciones de factores por vía de tributación no obtienen recompensa inmediata ni proporcional, los sujetos que las efectúan no sólo no se encuentran estimulados a incrementar la cantidad y mejorar la calidad de sus aportaciones sino que, al contrario, a menudo tienden a evadir sus obligaciones de contribuir o a efectuar sus aportes en los niveles mínimos posibles. Más aún, como los flujos de tributación proceden independientemente de los flujos de retorno vía asignaciones jerárquicas, los sujetos encargados de la ejecución de las actividades no encuentran especiales estímulos económicos para operar en niveles de elevada productividad. Característica relevante del sector regulado es, en efecto, incentivar las aportaciones y la productividad más por temor que por interés; lo cual, asociado al hecho que las recompensas que obtienen los sujetos no dependen de sus aportaciones como tampoco éstas de las recompensas esperadas, genera situaciones complejas que a menudo se traducen en ausentismo, corrupción, oportunismo y otros comportamientos negativos cuyos costos económicos pueden llegar a ser relevantes.
La consideración conjunta de las ventajas y desventajas que manifiesta el sector regulado desde el punto de vista de la eficiencia y democratización del mercado, permite comprender que su aporte puede resultar significativo en la medida que opere subsidiariamente, es decir, que intervenga en la economía para corregir situaciones creadas por desajustes en los otros sectores, para movilizar aquellos factores que los demás sectores no están en condiciones de activar, y para realizar aquellas actividades de beneficio común que no estimulan suficientemente las inversiones privadas, o que requieren volúmenes de recursos tan elevados que sólo pueden ser acopiados mediante tributaciones y administrados en base a programas o planes de carácter global. Siendo así, cuando este sector se convierte en predominante a nivel macroeconómico, o adquiere dimensiones tan extensas que limita las posibilidades de expansión de los otros sectores, el resultado probablemente será un funcionamiento poco eficiente y no democrático de los mercados de factores.
Cabe advertir, sin embargo, que el sector regulado puede encontrarse internamente constituido en distintos niveles de eficiencia y democratización, pudiendo mostrarse altamente concentrado y centralizado como también descentralizado y desconcentrado. En base a los criterios examinados, indudablemente el mercado de factores llegará a ser más eficiente y democrático en la medida que el sector regulado (y la planificación) sea más participativo y descentralizado. Pues bien, así como es necesario distinguir entre mercado de intercambios y economía capitalista, es preciso distinguir entre mercado regulado y economía estatal. El Estado no es la única categoría económica en condiciones de operar en base a relaciones de tributación y de asignación jerárquica, y la planificación puede ser un mecanismo de asignación de recursos que adopten también otras categorías económicas. Por eso, al examinar las limitaciones del sector regulado es preciso no atribuirle aquellas imperfecciones cuyas causas derivan más bien del hecho que en este sector la categoría dominante ha sido el Estado; en efecto, son posibles situaciones en que un mayor pluralismo en cuanto a las categorías económicas operantes en este sector conduzcan a configurarlo más democráticamente.
5l. Observemos, finalmente, las ventajas y desventajas que ofrece en los mercados de factores el sector solidario de la economía. Aquí participan, básicamente, los siguientes tipos de sujetos: a) Las unidades económicas, instituciones e individuos, que ofrecen y efectúan donaciones de factores; b) Las unidades económicas que demandan y reciben donaciones de factores; c) Los sujetos que aporta factores a organizaciones y asociaciones de carácter cooperativo, en las cuales esos mismos sujetos participan como socios o miembros titulares. d) Las unidades económicas que reciben y remuneran los factores a través de flujos y relaciones de comensalidad, cooperación y reciprocidad.
Así constituido, este sector presenta los siguientes aspectos que significan ventajas desde el punto de vista de su funcionamiento eficiente y democrático.
a) Como la oferta de donaciones de factores proviene en muchos casos de sujetos económicos que los poseen en proporciones excedentarias respecto a sus propias necesidades, este sector permite movilizar ciertas porciones de factores disponibles que no encuentra adecuada ocupación en los sectores de intercambio y regulado.
b) Favorece también el empleo de los factores el hecho que en el sector se pueden constituir unidades económicas nuevas sobre la base de la cooperación directa entre sujetos aportadores de porciones complementarias de los distintos factores. Se activan en tal forma numerosos recursos y factores que no son valorizados en el mercado de intercambios, y que no quedan tampoco integrados a través de los circuitos de tributación y asignaciones jerárquicas.
c) Como las empresas obtienen factores por vía de donaciones y de cooperación y no están obligadas a remunerar a precio fijo a los sujetos que los aportan, a menudo pueden operar competitivamente en el mercado aún cuando utilicen factores de menor productividad, debido a los menores costos globales en que incurren. Están así en condiciones de activar y hacer eficiente uso de recursos y factores considerados atrasados y de bajo rendimiento.
d) Como las unidades económicas del sector solidario tienden a ser de dimensiones pequeñas, estado constituidas en gran medida por sujetos de bajos ingresos y poseedores de factores en pequeña escala, este sector se muestra particularmente favorable a la atomización del mercado.
e) Como los flujos de factores a través de donaciones y de las otras relaciones solidarias suelen ir acompañados de información y comunicación relativas a los mejores modos posibles de utilizarlos y a otros aspectos importantes de ser conocidos por quienes gestionarán dichos factores, este sector favorece la mejor comunicación y transparencia.
f) Favorece también la transparencia de los mercados de factores el hecho que los sujetos y las empresas que operan en el sector solidario tienden a establecer entre si nexos de ayuda mutua y Solidaridad, a efectuar intercambios de experiencias, a establecer redes intercomunicadas, etc. En el mismo sentido, las relaciones de donación, cooperación, comensalidad y reciprocidad son generadoras de una confianza recíproca que favorece la mejor comunicación y las transferencias de información entre los sujetos que aportan factores y entre las unidades económicas del sector.
g) Como los sujetos que aportan factores mediante relaciones solidarias suelen estar directamente interesados en el logro de los objetivos de las unidades en que colocan sus aportes, sea porque los beneficios que reciban dependen directamente de los resultados de la operación y son proporcionales a los aportes efectuados (como en el caso de las cooperativas), o porque los sujetos adhieren por razones de afinidad cultural, compromiso social, identidad de proyecto, etc., en este sector tiende a ser alto el compromiso de los miembros de la unidad económica con su gestión y operación; así resultan incentivados tanto la realización de nuevas aportaciones de factores como el esfuerzo por perfeccionar el trabajo, la creatividad, la gestión, etc. por parte del conjunto de los sujetos participantes.
Este conjunto de ventajas, junto a otras que hemos destacado a lo largo de esta investigación, hacen que la expansión y desarrollo del sector solidario ponga en marcha importantes tendencias democratizadoras de los mercados de factores, que perfeccionan su eficiencia. Este sector cumplirá más ampliamente tales funciones mientras más extensa sea su presencia en el mercado; sin embargo, existen y persisten en el sector solidario algunos significativos rasgos y situaciones que implican que los criterios de eficiencia y las condiciones del funcionamiento democrático del mercado no siempre se cumplen plenamente en este sector, y que en ocasiones significan particulares desventajas y dificultades, que es preciso tener en cuenta. Se trata, básicamente, de las siguientes:
a) Como en el circuito de las donaciones la mantención de factores inactivos no siempre implica que sus poseedores incurran en costos adicionales o en la pérdida de oportunidades de ganancias, el tiempo que transcurre entre la decisión de un sujeto de donar determinados factores y su efectiva colocación en las unidades económicas receptoras puede ser elevado. Más en general, la velocidad de circulación de los factores en el sector solidario no siempre es rápida, y a menudo sucede que determinadas porciones de algunos factores permanecen inmovilizadas por períodos de tiempo prolongados. Esto contradice, naturalmente, el criterio de eficiencia dado por la flexibilidad y movilidad de los factores.
b) Cierta inflexibilidad o menor movilidad de los factores puede ser causada en este sector por el hecho que no siempre los receptores de donaciones están facultados para transferir a terceros los factores que reciben en donación, o a darles un uso distinto al comprometido en el convenio de donación.
c) Como no siempre las porciones de factores que las unidades económicas obtienen a través de donaciones corresponden exactamente, en cantidad y calidad, a las que necesitan, a menudo se verifican en ellas combinaciones técnicas inadecuadas, que significan un uso inapropiado y bajos rendimientos de los factores utilizados, afectándose la productividad de la empresa y del sector í solidario en su conjunto.
d) Como en las donaciones quienes aportan los factores son sujetos distintos de los que los utilizan y se benefician con su rendimiento, suele suceder que los primeros no tengan adecuados indicadores u otros mecanismos de retroalimentación de sus decisiones, que les permitan mejorar la eficiencia de sus colocaciones. Así, los mecanismos de corrección de las decisiones equivocadas son débiles (especialmente cuando su implementación implica mayores costos para los aportadores de factores) y por ello a veces resulta difícil que los factores disponibles sean colocados allí donde serán mejor aprovechados o utilizados con mayor productividad.
e) En el sector solidario no existen adecuados mecanismos de información que, cumpliendo la función que en el mercado de intercambios tiene el sistema de precios, permitan que la oferta y la demanda de factores lleguen a corresponderse. Así, a menudo sucede en este sector que hay ofertas excedentarias de determinados factores y demandas de otros que resultan ampliamente insatisfechas; y en ausencia de esos rápidos sistemas de información y retroalimentación de las decisiones, los ajustes tienden a producirse muy lentamente y no siempre con seguridad.
f) La puesta en contacto de la oferta y la demanda de donaciones requiere a menudo la acción de instancias de intermediación. Esto, que en sí no ofrece mayor problema a la eficiencia, siendo un hecho que se verifica en todos los sectores y circuitos del mercado, llega a ser fuente de ineficiencias en el sector solidario porque estas instancias de intermediación tienden a ser muy grandes comparativamente a los volúmenes de transferencias que facilitan, suelen ser administrativamente onerosas, y tienden a concentrar poderes decisionales en relación a los sujetos beneficiarios de las donaciones. La experiencia muestra que las instituciones intermediarias a menudo distribuyen los factores no tanto en función de las necesidades reales de los demandantes sino en base a propios criterios ideológicos, culturales o económicos. Naturalmente, esto se traduce en dificultades relativas a los distintos criterios de eficiencia y democratización económica.
g) Cuando se producen procesos de concentración de la oferta y de la intermediación de factores se generan obstáculos especiales a la transparencia del mercado, a su atomización, flexibilidad y productividad agregada. Visto desde el lado de los demandantes y receptores de las donaciones, el fenómeno consiste en la generación y reproducción de situaciones de dependencia, que implican por definición cierta perdida de la libertad de iniciativa económica.
El conjunto de las ventajas y dificultades que manifiesta el sector solidario en los mercados de factores permite comprender que se trata de un sector que cumple roles muy importantes para incrementar la eficiencia y para democratizar estos mercados, especialmente cuando ellos se encuentran operando lejos de sus niveles óptimos. En otras palabras, mientras más concentrado y menos democrático sea el mercado de factores global, especialmente en sus componentes de intercambios y regulado, más importancia y mejores efectos sobre su eficiencia tendrá la presencia de un sector solidario extenso; mientras que, en la medida que los otros sectores operen en niveles de mayor eficiencia y con un más alto grado de democratización, el sector solidario cumplirá funciones de menor relevancia.
Con todo, cabe señalar que el propio sector solidario podrá estar constituido internamente de manera más o menos eficiente y democrática, siendo decisivo de ello cuan pluralistamente este conformado desde el punto de vista de las categorías organizadoras y de las relaciones económicas que lo constituyan. En particular puede señalarse que, en lo que a los mercados de factores se refiere, este sector presentará más ventajas en la medida que este constituido más ampliamente por las categorías Trabajo y Comunidad, resultando particularmente ineficiente (y concentrado) cuando en él operen predominantemente el Estado y el Capital. Por otra parte, es preciso no reducir el sector solidario al circuito de donaciones. Gran parte de las deficiencias del sector son, en efecto, atribuibles al modo en que se efectúan las donaciones, de modo que mientras mayor sea la parte y función que éstas cumplan en el conjunto del sector, más probable será observar en este los elementos de ineficiencia. En relación con esto adquieren especial importancia los análisis que hicimos en el
Libro primero respecto al modo en que puede perfeccionarse y hacerse más eficiente el circuito de las donaciones.
[5]
52. La consideración conjunta de las ventajas y desventajas que manifiestan los tres sectores permite confirmar que los mercados de factores son más eficientes cuanto más pluralistamente estén configurados, tanto respecto de las categorías organizadoras como de los tipos de relaciones económicas. En efecto, las ineficiencias que resultan de un sector son compensadas o corregidas por las ventajas de los otros, manifestándose una notable complementación. Tal completación incluso hace referencia al tamaño relativo de los sectores y a sus respectivos grados de democratización interna. Así, por ejemplo, cuando el sector de intercambios se encuentra estructurado de manera ineficiente y se muestra muy concentrado, la eficiencia del mercado de factores exige una fuerte presencia de los sectores regulado y solidario, cuyas ventajas respectivas podrán compensar y corregir los problemas generados por el sector de intercambios. Dicho más en general, mientras más democrático y eficiente sea el sector de intercambios, menos necesaria será la presencia de los sectores regulado y solidario. Y aun más ampliamente, mientras más democrático sea un sector cualquiera, más grande puede ser su presencia en el mercado de factores sin que se atente a la eficiencia de éste, pues sus ventajas específicas se manifestarán más ampliamente al tiempo que sus peculiares deficiencias se encontrarán minimizadas, exigiendo consecuentemente una menor presencia relativa de los otros sectores.
Extrapolando y llevando al límite estas situaciones puede sostenerse -como lo señalamos en su oportunidad
[6] - que desde el punto de vista de un estructuración democrática del mercado determinado resultan equivalentes un mercado de intercambios "de competencia perfecta" y un mercado regulado con planificación plenamente democrática y descentralizada. Similar equivalencia puede tener un mercado solidario que haya perfeccionado su eficiencia y funcionamiento democrático. Pero sabemos que cada uno de los sectores económicos tiene sus propias imperfecciones, que en la práctica no pueden ser completamente eliminadas por más eficiente y democráticamente que funcione. De ahí la necesidad del pluralismo del mercado determinado como condición de su máxima y superior eficiencia y desconcentración.
Teniendo en cuenta todo esto, podrían hipotetizarse mercados de factores eficientes y democráticos en que los tres sectores participen en distintas proporciones, Según sus respectivos grados de democratización interna. Combinaciones -por ejemplo- de un 70% de sector intercambios, 20% de sector regulado y 10% de sector solidario; o de un 30% de intercambios, 40% regulado y 30% Solidario; o de 45% de intercambios, 15% regulado y 40% solidario; y así múltiples otras combinaciones posibles. Hay otras razones que confirman esta exigencia de pluralismo; el análisis de ellas nos permite precisar aún más la cuestión de las proporciones óptimas en que se han de hacer presente y combinar los tres sectores. En base a tales razones quizá podamos pasar de una demasiado abstracta afirmación de que los sectores pueden combinarse en distintas proporciones dependiendo de sus respectivos grados de democratización, a una comprensión de combinaciones eficientes posibles en contextos determinados (atendiendo a los datos y situaciones particulares de las estructuras productivas de que se trate).
La primera de estas razones encuentra sus premisas en varias observaciones que anotamos en capítulos anteriores, donde destacamos que las distintas categorías económicas ponen exigencias diferentes a los factores que contratan y favorecen el desarrollo de distintas características en ellos, y también donde mostramos que los factores que fluyen a través de los diversos tipos de relaciones económicas no siempre son los mismos, pudiendo observarse, por ejemplo, que la fuerza de trabajo es distinta cuando es ofertada en el mercado de intercambios, ofrecida como donación, obtenida en tributación y asignada jerárquicamente. Si ello es así es obvio que la presencia de todas las categorías y relaciones económicas permitirá que el mercado de factores sea más amplio y diversificado, que todas las ofertas y demandas puedan encontrar más rápida y adecuada satisfacción, que cada porción de factor llegue a ser colocada ahí donde sean mejor aprovechadas sus cualidades, y que la valoración agregada del factor sea más conveniente.
Ahora bien, si las distintas relaciones económicas hacen fluir mejor unos factores que otros y si las categorías organizadoras requieren y perfeccionan diferentes características en los factores que utilizan, cabe preguntarse qué factores resulten mejor y más fluidamente asignados a través de cada sector económico. Aunque es claro que los seis tipos de factores pueden fluir por los distintos tipos de relaciones económicas, y. ser utilizados por todas las empresas cualquiera sea la categoría que las organice, ciertos rasgos y características propias de cada factor permiten comprender que su mercado pueda ser más eficiente y democrático en la medida en que en él esté más presente alguno de los sectores en particular.
Muy esquemáticamente y en forma más bien intuitiva podemos hipotetizar que:
a) El sector de intercambios es especialmente apto para la asignación del factor financiero, de una parte importante de la fuerza de trabajo, y de ciertos tipos de medios materiales (herramientas, maquinaria, etc.), siendo menos eficiente en la asignación del factor tecnológico, y claramente inepto para asignar el "factor C".
b) El sector regulado puede considerarse especialmente capaz de asignar eficientemente una parte importante del factor administrativo, algunos medios materiales (como por ejemplo los recursos naturales no renovables que deben ser utilizados por múltiples empresas, tales como los espacios urbanos, las aguas de riego, las fuentes energéticas, las riquezas marítimas, los parques naturales, las carreteras y caminos, ciertas obras arquitectónicas y otras riquezas de valor cultural y turístico transmitidas históricamente por generaciones y consideradas como patrimonio social y nacional, etc.), y ciertas especies del factor tecnológico (conocimientos e informaciones de carácter básico que se necesitan en todas las actividades económicas, estadísticas económicas y sociales, conocimientos científicos y tecnológicos que se transmiten a través del sistema educacional, etc.). Este sector se manifiesta bastante inepto en la asignación del factor laboral y escasamente eficiente en la asignación del factor financiero.
c) El sector solidario, a su vez, se muestra especialmente capacitado para procesar y asignar el "factor C", ciertos tipos de fuerza de trabajo, y algunos elementos de los factores administrativo y tecnológico; es en cambio especialmente ineficiente en la asignación del factor financiero y de ciertos tipos de factor administrativo
Otro aspecto del proceso de circulación que aporta nuevas luces para dilucidar la cuestión de la combinación de sectores es la intermediación. En efecto, para comprender la eficiencia en los mercados de factores una de las funciones importantes que debe examinarse es la intermediación entre las ofertas y demandas de cada factor. De la cantidad, estructura y modo de operar de las unidades económicas intermediarias dependen en gran medida la cantidad de sujetos aportadores de factores que se hagan presente en el mercado, la correspondencia y la velocidad de articulación entre las ofertas y demandas, el elevamiento de la productividad agregada de cada factor, y su valoración unitaria y global.
Surgen dos interrogantes: ¿cuáles son las categorías organizadoras de las unidades de intermediación, para cada uno de los factores, que mejor favorecen la eficiencia de sus mercados? Y ¿a través de qué tipos de relaciones económicas se desarrolla más la eficiencia en la intermediación de factores? Vale también al respecto la tesis de la conveniente pluralidad de categorías y relaciones económicas; pero quizá la presencia de alguna categoría y de algún tipo de relaciones en las unidades de intermediación sea indispensable y más importante que la de otras en función de la eficiencia del mercado de cada factor. Intentaremos responder brevemente a las interrogantes enunciadas -también aquí a nivel de hipótesis- teniendo en cuenta distintos aspectos analizados a lo largo de esta obra.
Las ideas con que connotamos la eficiencia en los mercados de factores nos proporcionan dos precisas indicaciones respecto a la intermediación. La primera es que en el mercado de cada uno de los factores es necesario que estén significativamente presente las unidades de intermediación que operan en base a flujos y relaciones de intercambio. Esto significa que, en función de una eficiente intermediación de factores, un lugar siempre destacado ha de corresponder al sector de intercambios, desde el cual pueden canalizarse factores provenientes de, y que han de ser utilizados por, los tres sectores económicos. Es precisamente este uno de los aspectos que concretizan la función reguladora de los mercados de factores que cumple el sector de intercambios; función reguladora que consiste precisamente en permitir la mejor articulación e integración entre los distintos sectores y circuitos que conforman el mercado determinado. Pero ello no significa que al interior de cada uno de los sectores deje de ser importante la intermediación de factores efectuada por unidades que operen en base a los tipos de relaciones económicas propias del sector de que se trate.
La segunda indicación es la conveniencia de que en la intermediación de cada factor se haga presente, cumpliendo un papel decisivo, la categoría organizadora correspondiente al factor de que se trate. En efecto, todas las demás categorías representan los intereses de los demandantes, mientras que sólo ella hace presente de manera directa, en el mercado de ese factor, los intereses y objetivos de los ofertantes; intereses éstos que, como vimos, son fundamentales para llevar dicho mercado al cumplimiento de los distintos criterios de eficiencia. Cuando no existen unidades de intermediación organizadas por la categoría correspondiente al factor de que se trate, la dinámica de ese mercado manifestará ciertas tendencias persistentes a la desocupación y subvaloración del factor, porque prevalecerán siempre los intereses de los demandantes (las empresas) y los sujetos aportadores del factor no tendrán la fuerza suficiente para que las otras categorías atiendan a sus exigencias y aspiraciones.
En concreto, esto significa que en la intermediación del factor financiero conviene una presencia significativa de empresas de capital, o sea, bancos e instituciones financieras organizadas por el capital; que en la intermediación de los medios materiales de trabajo deben cumplir un papel importante las empresas de renta; que en el mercado del factor tecnológico deben operar significativamente empresas de intermediación organizadas por los mismos aportadores de la tecnología; que en el mercado de la fuerza de trabajo es conveniente que operen ampliamente unidades de intermediación organizadas por los trabajadores; que en la intermediación del factor administrativo han de cumplir un papel importante el Estado y los poderes públicos; y que en la intermediación del "factor C" un rol decisivo debe cumplirlo la misma comunidad.
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53.- Examinemos ahora los mercados de productos, preguntándonos como debieran estructurarse para que los criterios de su eficiencia puedan cumplirse cabalmente. En términos generales la respuesta es similar a la que expusimos respecto a los mercados de factores. En efecto, también para el mercado de productos vale la tesis de que será más eficiente en la medida que más completa y cabalmente se cumplan en él los supuestos de la competencia perfecta, en los términos en que los reformulamos como condiciones del funcionamiento democrático del mercado. Pero se presentan aspectos nuevos y diferentes, porque —como vimos- distintos son su composición y sus criterios de eficiencia. Específicamente, los mismos supuestos y condiciones de la competencia perfecta y del funcionamiento democrático adquieren significados parcialmente nuevos al considerarlos esta vez en relación al mercado de productos.
La condición del "libre acceso" y de la libertad de iniciativa económica significa, en este caso, que los consumidores no tengan restricciones para demandar y escoger aquellos bienes y servicios que estimen convenientes; en otras palabras, que las personas puedan hacer presente en el mercado sus demandas, a través de los distintos tipos de relaciones económicas y dirigidas hacia las distintas categorías organizadoras de empresas. En función de satisfacer dichas demandas, naturalmente, la libertad de iniciativa implica también que cualquier sujeto pueda constituir unidades económicas orientadas a producir los bienes y servicios que satisfagan las demandas que haya detectado, y que los productores tengan la máxima libertad para decidir que productos han de elaborar, en las cantidades y calidades que estimen conveniente. Esta primera condición favorece directamente que se cumpla el primer aspecto o idea del criterio de eficiencia del mercado de productos, a saber, que la mayor cantidad y variedad de necesidades, aspiraciones y deseos de la gente se conviertan en demanda efectiva en el mercado.
La condición de la "atomización" y desconcentración del mercado viene a complementar la anterior. Significa que los demandantes —en último término, las personas naturales- operen como sujetos de decisiones autónomas, y que no existan poderes concentrados que determinen qué necesidades deban ser satisfechas prioritariamente y qué bienes y servicios deban demandarse. Esta condición significa al mismo tiempo que no existan monopolios que tengan la exclusividad para producir determinados bienes y servicios, y que la intermediación y la demanda de los mismos no se encuentre concentrada en pocas y grandes unidades económicas. En general, pues, es conveniente que tanto la oferta como la demanda de productos sean efectuadas por numerosos sujetos independientes, que adoptan decisiones separadamente en función de sus propios objetivos e intereses. Esta segunda condición favorece claramente el cumplimiento del criterio de eficiencia del mercado de productos, especialmente respecto a la segunda idea con que lo connotamos, según la cual el mercado de productos debe incentivar y suscitar la producción de más abundantes, mejores y nuevos bienes y servicios útiles de modo que no queden demandantes sin satisfacer ni productores sin colocar su producción.
La condición de la "movilidad" significa que los bienes y servicios ofertados y demandados puedan ser transferidos ampliamente y sin trabas de un lugar a otro, de modo que lleguen rápida y efectivamente a quienes los necesitan. Esto supone que los elementos de poder y de conflicto económico (entre empresas, entre localidades, o entre naciones) no predominen sobre los de integración impidiendo el libre comercio y el libre flujo de productos a través de las distintas relaciones económicas: libre cambio, libre cooperación, libre donación, etc. No cabe duda que la existencia de esta condición apunta directamente a permitir que la tercera idea con que connotamos la eficiencia en el mercado de productos se cumpla también. En efecto, a mayor movilidad en este mercado de productos es más posible que los bienes y ` servicios producidos lleguen finalmente a los consumidores que más intensamente los necesiten y deseen.
La condición de la "plena ocupación", que entendida en términos sustantivos supone haber alcanzado un nivel de desarrollo económico suficiente para satisfacerlas principales necesidades económicas, significa aquí que en el mercado se hagan presente abundantes y variados tipos de bienes y servicios para satisfacerlas más diversas necesidades, aspiraciones y deseos de los consumidores. Tanto el desabastecimiento de productos como la acumulación de excesivos stocks no colocados son fenómenos que manifiestan un funcionamiento ineficiente del mercado de productos. Esta condición del mercado favorece claramente la realización del criterio de eficiencia del mercado de productos, y prácticamente coincide con la segunda idea con que lo connotamos.
Finalmente, la condición de la "transparencia" y de la comunicación fluida y completa significa, en el mercado de productos, que los demandantes tengan acceso a la más amplia información sobre los bienes y servicios disponibles y sobre los precios y demás exigencias para obtenerlos, y que los productores tengan posibilidades reales de informarse oportunamente sobre las necesidades, aspiraciones y deseos de la gente, a fin de guiar sus decisiones relativas a la producción teniendo en cuenta las variaciones y fluctuaciones que se generan constantemente entre los consumidores. Esta condición supone la operación eficiente de sistemas de información bidireccionales, lo que incluye pero no se reduce a la publicidad y promoción de los productos por parte de las empresas productivas y comerciales. Esta última condición del funciona. miento democrático del mercado de productos se asocia a las anteriores y converge en llevar a cumplimiento el criterio de eficiencia según el cual los bienes y servicios disponibles deben llegar a aquellos consumidores que más los necesiten y deseen, de modo que se optimice el bienestar general.
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Identificada en estos términos generales (y definida como democrática) la estructura del mercado de productos que se muestra más eficiente en orden a la satisfacción de las necesidades, aspiraciones y deseos de la gente, nos preguntamos ahora cual sea, desde el punto de vista de las categorías organizadoras y de las relaciones económicas, la composición de dicho mercado que corresponda mejor a tal estructura democrática. Frente a esta pregunta, nuevamente se nos hacen presente ciertas características que lo distinguen de los mercados de factores.
Como la pregunta por la más eficiente y democrática estructuración de los mercados apunta a identificar una determinada correlación de fuerzas sociales y un determinado modo de interacción entre dichas fuerzas sociales, la primera y fundamental diferencia que es preciso tener en cuenta reside en que aquí no nos encontramos -como en el caso de los factores- ante seis ámbitos distintos en torno a los cuales se manifiestan anudamientos de fuerzas que proceden con objetivos, motivaciones e intereses fácilmente discernibles e identificables, sino ante una inmensa cantidad de mercados, uno por cada tipo de productos, los que sin embargo se entrecruzan unos con otros sin que en muchos casos sean discernibles las fuerzas que los componen y los objetivos y motivaciones de los sujetos participantes; Así, en términos analíticos podemos referirnos al mercado de productos en general, si bien es posible y legítimo preguntarse también cual sea la mejor estructuración del mercado de un tipo de productos en particular, por ejemplo, del mercado de bicicletas. En este sentido, si respecto al mercado particular de un producto podemos pensar que su eficiencia requiera un amplio predominio e incluso la exclusividad de, por ejemplo, las relaciones de intercambio, mientras el de otro producto requiera quizá el predominio de las asignaciones jerárquicas, o de relaciones de comensalidad, la pregunta por la eficiencia del mercado de productos en general nos pone ante otro nivel de análisis en el que podemos apreciar la presencia simultánea y combinada de todos los tipos de relaciones económicas.
[9]
El mercado de productos es mucho más amplio, diversificado y complejo que el mercado de factores, porque las fuerzas que participan en él son más numerosas y diferenciadas que en éstos. Cada demandante de productos demanda numerosos bienes y servicios para satisfacer distintas necesidades y deseos; muchos ofertantes ofrecen productos diferentes, que a menudo pueden clasificarse dentro de un rubro definido, pero no necesariamente es así. Por otra parte, aunque en teoría los productores ofertan sus bienes y servicios a todos los demandantes potenciales, en la práctica operan en un circuito de relaciones restringido, que les delimita su clientela potencial; del mismo modo, aunque los demandantes pueden adquirir productos de todos los ofertantes, de hecho lo hacen dentro de un radio limitado. Así, el mercado de productos presenta numerosas segmentaciones. La conformación pluralista del mercado de productos tiene, pues, aún más razones que las expuestas respecto a los mercados de factores.
Pero hay un hecho adicional que tener en cuenta. En el mercado de productos se da la situación especial de que numerosos demandantes no tienen posibilidad de acceder por la vía de los intercambios a los bienes y servicios que necesitan para subsistir, por la sencilla razón que no tienen activos económicos que ofrecer en contrapartida. Este hecho debe asumirse en todo su peso. Cuando en el mercado de factores una empresa (demandante) no tiene medios de pago y deja de estar en condiciones de acceder a los factores que-necesita mediante intercambios, el problema. se resuelve por la vía de la quiebra de la empresa; pero en el mercado de productos la no satisfacción de la demanda por bienes y servicios indispensables implica la muerte física de la persona. En tal situación se encuentran numerosas personas naturales: los niños, los ancianos, los enfermos y en general las personas económicamente improductivas que carecen de activos económicos acumulados.
Al menos teóricamente, el mercado de factores podría funcionar -aunque de modo ineficiente- mediante solas relaciones de intercambio. El mercado de productos no puede hacerlo. Al contrario, es imprescindible en él la presencia de numerosos flujos de bienes y servicios que se distribuyen a través de relaciones de donación, comensalidad y cooperación, por un lado, y de asignaciones jerárquicas por el otro. Si así no fuera, no sólo la economía sino incluso la sociedad y la vida humana se tornarían inviables.
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De esto puede concluirse que en el mercado de productos el sector solidario es necesariamente mucho más extenso que en el mercado de factores. Como también suele ser más extenso el sector regulado.
Esta es una conclusión teórica importante pero demasiado general. Es posible identificar tipos de necesidades y deseos que pueden convertirse en demandas -y encontrar las ofertas que las satisfagan- mejor a través de un sector que de otro. En otras palabras, hay ciertas necesidades y ciertos deseos de las personas cuya satisfacción puede ser más completa si los bienes o servicios correspondientes son distribuidos a través de relaciones solidarias, y otros que pueden ser mejor satisfechos a través de relaciones de intercambio, o de asignaciones jerárquicas. El análisis particular de las distintas necesidades y productos, en orden a identificar los tipos de relaciones que aseguran su mejor satisfacción y distribución, trasciende las posibilidades de un estudio teórico como éste.
Pero algunas indicaciones a nivel agregado pueden hacerse. Específicamente, podemos evaluar la importancia relativa de cada uno de los sectores económicos, examinando cuáles son los aportes y las limitaciones que manifiestan en función de cumplir las condiciones y criterios antedichos.
54.- El
sector de intercambios, que en el mercado de productos está constituido por todas las unidades económicas que ofrecen bienes y servicios a precios definidos y por todas las personas que los adquieren pagando por ellos un valor monetario, presenta varias
ventajas.
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a) Como las demandas que se hacen presente en este sector constituyen verdaderas órdenes de producción al estar acompañadas del respectivo poder de pago, este sector es particularmente apto para incentivar la producción de nuevos y mejores bienes y servicios, adaptándose ágilmente a las siempre renovadas y cambiantes necesidades, aspiraciones y deseos de la gente. Incluso este sector, cuyas empresas están siempre alerta para aprovechar las oportunidades que se crean con el surgimiento de nuevas demandas, es capaz de adelantarse a esos nuevos deseos y de tener a disposición de los consumidores los bienes y servicios necesarios en el momento en que las nuevas demandas se presenten.
b) Como la disposición de medios de compra constituye un poder sobre bienes y servicios indeterminados —es un poder general o "abstracto", determinable a voluntad por quien lo posee en el sentido de que puede libremente escoger cómo usarlo-, en este sector está siempre abierta la expectativa de que nuevas necesidades y deseos puedan entrar al mercado. Así el sector de intercambios permite que quienes disponen de medios de pago excedentarios (de libre disposición, una vez que las demandas habituales han sido cubiertas) puedan convertir en demanda efectiva cada vez más amplias necesidades, aspiraciones y deseos, acelerando así un proceso de creciente satisfacción de esas personas.
c) Como en las relaciones de intercambio los flujos de productos involucran en cada caso solamente a dos sujetos que toman decisiones independientemente, este sector se manifiesta favorable a la atomización del mercado, especialmente por el lado de la demanda. Si bien por las razones que expusimos al examinar el mercado de factores en el sector intercambios pueden verificarse procesos de concentración de la oferta de productos, la diversificación y atomización de la demanda de bienes y servicios es una de las características relevantes del sector y uno de sus más fuertes motivos de eficiencia.
d) Como en el sector de intercambios cada sujeto tiene una capacidad limitada de medios de pago con la cual debe maximizar la satisfacción de sus necesidades y deseos, se incentiva en los consumidores un comportamiento racional, en el sentido de buscar el mejor uso de sus medios de pago. Y como tal tiende a ser el comportamiento espontáneo de todos los demandantes, influyendo esto directamente sobre las decisiones de los productores, en el sector se manifiesta una tendencia natural a que los bienes y servicios lleguen a aquellos demandantes que más intensamente los deseen, favoreciéndose de este modo el bienestar general. Es evidente, pero conviene explicitarlo, que esta óptima distribución tendencial de los productos se verifica entre los demandantes efectivos en el sector, es decir, entre los sujetos que tienen los medios de pago para hacerse presentes en el mercado de intercambios. Esto puede expresarse de otra manera: los medios de pago existentes en el mercado tienden a utilizarse en el sector de intercambios de modo eficiente, en cuanto quienes los poseen buscan optimizar sus decisiones desde el punto de vista de la satisfacción de sus necesidades y deseos. Se incluye en esto la distribución del consumo en el tiempo, en cuanto las personas interesadas en adquirir bienes o servicios que requieren cierta acumulación de dinero pueden optar por sacrificar consumo presente para acceder después a ese consumo especial, o a la inversa, sacrificar consumo futuro mediante el acceso a un crédito que les permita adelantar el consumo de ese producto intensamente deseado.
e) Como las relaciones de intercambio implica decisiones autónomas de los participantes, que las adoptan en función de sus propios intereses y sin generar compromisos duraderos entre ellos, este sector se muestra particularmente flexible: los bienes y servicios fluyen rápida y oportunamente, en una movilidad que favorece la mejor correspondencia entre las ofertas y demandas. Por similares razones, los participantes en este mercado son todos activos buscadores de las informaciones que requieren para optimizar sus decisiones, favoreciéndose así la transparencia y las comunicaciones en el mercado de productos.
Si tales son las ventajas que muestra el sector de intercambios, son también destacables algunas especiales dificultades u obstáculos que presenta para el funcionamiento eficiente del mercado de productos.
a) Como toda operación de intercambio requiere que el demandante disponga de una cantidad de dinero con la cual pagar el precio exigido por el ofertante, el ingreso de nuevas necesidades, aspiraciones y deseos al mercado de productos se encuentra limitado por la escasez de dinero. Así, numerosas personas no llegan a convertir varias de sus necesidades, aspiraciones y deseos en demanda efectiva y no pueden ingresar por esta vía al mercado de productos.
b) Como en el mercado de intercambios el dinero adquiere un valor propio derivado precisamente de su escasez, quienes lo poseen están interesados en que no se generen nuevos medios de pago, y quienes monopolizan el derecho a emitir dinero están en condiciones de provocar procesos inflacionarios o deflacionarios, todo lo cual implica interferencias que distorsionan el funcionamiento espontáneo (la adopción de decisiones racionales por los sujetos participantes) del mercado de productos. La fuerza y la importancia que pueden llegar a tener estos poderes en el mercado incentivan la formación y reproducción de tales poderes, induciendo a muchos a destinar enormes energías tras la acumulación de dinero. La existencia de estos poderes de mercado lleva a menudo a procesos de concentración de la riqueza, que alejan el mercado de productos de su funcionamiento democrático y eficiente.
c) Como en el sector de intercambios los productores (ofertantes) buscan maximizar sus ingresos monetarios, tienden a orientar su producción hacia aquellos bienes y servicios deseados especialmente por los demandantes que poseen mayor poder de compra. En tal orientación influye el hecho que cada operación comercial tiene un costo particular, de manera que es del interés del productor efectuar operaciones de venta por grandes cantidades, o que involucren cantidades elevadas de dinero. Las necesidades y deseos de las personas de menores ingresos encuentran mayores dificultades e incluso no llegan a hacerse presente en el mercado por esta vía de los intercambios.
La consideración conjunta de estas ventajas y obstáculos permite comprender que este sector es limitado, abarcando solo una parte de los flujos de bienes y servicios. En él participan básicamente los sujetos que llegan a tener medios de pago, sea porque obtienen alguna remuneración por los factores que ofrecen y contratan en las empresas o porque reciben dinero a través de flujos de asignaciones jerárquicas, donaciones u otros tipos de relaciones económicas. Pues bien, al interior de este restringido mercado de productos, el sector de intercambios se manifiesta eficiente porque dinamiza la diversificación y mejoramiento de la calidad de los bienes y servicios, y porque asegura su distribución de manera que lleguen rápida y eficazmente a los demandantes. En otras palabras, el sector de intercambios es eficiente para distribuir bienes y servicios al interior de una dada estructuración de los medios de pago, tal como resulta de la operación del mercado de factores.
Pero este sector en su operación en el mercado de productos no parece tener mecanismos espontáneos que lleven a corregir la distribución funcional del ingreso (la distribución de los medios de pago tal como han resultado del funcionamiento de los mercados de factores). Entonces, mientras más eficiente y democrático sea el mercado de factores en su conjunto, más amplia será y podrá ser la presencia del sector de intercambios en el mercado de productos; pero si el mercado de factores se encuentra concentrado y presenta numerosos obstáculos a su funcionamiento eficiente, más necesario será que en el mercado de productos el sector de intercambios se encuentre compensado por la presencia de amplios sectores regulado y solidario.
55.- Examinemos ahora las ventajas y obstáculos que presenta el sector regulado en orden a la eficiencia y democratización del mercado de productos. En este sector participan, por el lado de la oferta los sujetos institucionales (especialmente el Estado y sus organismos) y las empresas que canalizan y distribuyen bienes y servicios a través de subvenciones y asignaciones presupuestarias, y por el lado de la demanda los sujetos y personas que reciben y consumen dichos-bienes y servicios. Las principales ventajas de este sector en cuanto a la eficiencia del mercado de productos son las siguientes:
a) Como las unidades económicas de este sector no persiguen la realización de intereses privados de particulares sino que se subordinan a los objetivos generales de instituciones encargadas de velar por el bien de la sociedad en su conjunto, este sector puede ser capaz de abordar adecuadamente un conjunto de necesidades y aspiraciones cuya satisfacción se verifica socialmente. Hay, en efecto, ciertos tipos de necesidades y de aspiraciones que no pueden ser satisfechas por un sujeto particular sino en la medida que se satisfagan simultáneamente para los demás. Tales tipos de necesidades -como las relacionadas con el medio ambiente, la higiene ambiental, la salubridad pública, la urbanización, la educación básica, etc.-, no pueden ser adecuadamente satisfechas en el sector de intercambios, pues la decisión de hacerlo por parte de un sujeto particular resulta excesivamente onerosa y muy poco ventajosa para el sujeto que decida utilizar sus ingresos privados al efecto. Estas necesidades y aspiraciones comunes, que no se convierten en demanda efectiva de productos y servicios en el sector de intercambios, se hacen presente en la economía a través del sector regulado, que en tal modo efectúa una importante contribución al bienestar general.
b) Como en el sector regulado la demanda por bienes y servicios no requiere estar avalada por medios de pago en poder de los demandantes (demandantes de subsidios, asignaciones, beneficios sociales, etc.), en este sector se hacen presente numerosas necesidades, aspiraciones y deseos que no pueden entrar a través de relaciones de intercambio. Tales son las demandas de beneficios sociales -en salud, vivienda, alimentación, etc.- que emergen de los sectores más pobres. Y como la oferta de productos mediante asignaciones jerárquicas no depende exclusivamente de flujos monetarios de retorno que dejen excedentes operacionales (existiendo otras fuentes de recursos, como las tributaciones), este sector está en condiciones de acoger dichas demandas y de buscar satisfacerlas mediante las correspondientes ofertas de bienes y servicios.
c) Como los flujos de productos vía asignaciones jerárquicas son unidireccionales, estando las empresas en gran parte financiadas y provistas de factores a través de tributaciones y otros flujos independientes de sus propias ofertas, el sector regulado esta en condiciones de efectuar permanentemente una redistribución de los ingresos y de los productos, pudiendo esto significar (aunque no necesariamente) la introducción de correcciones democratizadoras en los 'mercados de productos.
La consideración de estas ventajas permite comprender que en el mercado de productos una función propia e ineludible debe ser cumplida por el sector regulado, a la vez que este sector puede cumplir una relevante función subsidiaria para llenar vacíos y corregir distorsiones dejadas por el sector de intercambios. Sin embargo, es preciso entender que el sector presenta también importantes limitaciones e insuficiencias que obstaculizan la eficiencia del mercado de productos son, en síntesis, las siguientes:
a) Como la oferta de productos en este sector no depende directamente de la demanda, porque esta no incide mayormente en las decisiones de los productores al no estar acompañada del poder monetario que le permita efectuar "órdenes de producción", es difícil que en este sector se produzcan bienes y servicios en la cantidad y calidad efectivamente necesitada y deseada por los demandantes. Por cierto, ello constituye una especial ineficiencia de este sector, que opera en gran medida fuera del control de los consumidores, con lo cual la producción y distribución de los productos no optimiza la satisfacción de las necesidades y deseos de la gente.
b) Como la distribución de los productos por vía regulada implica que un órgano planificador central se encarga de determinar que necesidades son satisfechas y en que orden han de ir satisfaciéndolas los sujetos, estableciendo las prioridades correspondientes, el ingreso de demandas nuevas al mercado de productos se ve fuertemente dificultado. Con respecto, pues, al criterio del "libre acceso" -que en el mercado de productos significa que los consumidores no tengan restricciones para demandar los bienes y servicios que estimen conveniente-, el sector regulado presenta una marcada ambivalencia: mientras facilita el ingreso al mercado de las demandas esenciales de los sectores de escasos recursos, obstaculiza la emergencia de demandas más refinadas o complejas generadas por necesidades, aspiraciones y deseos nuevos.
c) Como en el sector regulado los distintos productores (empresas) se encuentran articulados en planes generales de producción, y dependen de un órgano decisional central que les asigna las cuotas de factores que cada uno puede utilizar', se verifica una fuerte concentración de los poderes de oferta en el mercado de productos. Esto contradice directamente el criterio de eficiencia y democratización que exige la atomización y desconcentración de las decisiones. Una presencia de este sector más allá de lo estrictamente indispensable provoca en el mercado de productos una acentuada tendencia a la concentración y centralización; tendencia que será más fuerte y problemática mientras más amplia sea la participación de este sector en la distribución de los productos.
d) Como en el sector regulado la oferta de productos no se encuentra determinada por la demanda directa y por las preferencias de los consumidores sino por decisiones estratégicas del órgano planificador, estando más bien el consumo determinado ampliamente por los factores de oferta, este sector no induce la gestación de adecuados procesos de información sobre las preferencias y demandas de los consumidores, ni encuentra adecuados incentivos para flexibilizar y adecuar rápidamente las ofertas a las cambiantes aspiraciones y deseos de la gente. La insuficiente comunicación que tiende a darse entre los productores y los consumidores, y especialmente desde estos hacia los primeros, tiende a reforzar la inercia característica de este sector, que termina siendo lento en la proyección y diseño de nuevos y mejores productos. '
Si miramos globalmente aquellas ventajas y estas dificultades del sector regulado podemos concluir que, exceptuando algunos tipos de bienes y servicios de alto costo y de consumo social respecto de los cuales muestra ser particularmente eficiente, en general se trata de un sector que presenta numerosas causales de ineficiencia en la distribución de los productos.
Ahora bien, si comparamos y observamos conjuntamente las ventajas y desventajas que en el mercado de productos presentan los sectores de intercambio y regulado, se nos evidencia cómo la presencia del sector regulado en el mercado de productos es necesaria para compensar las ineficiencias del sector de intercambios. Así, mientras más ineficiente y concentrado muestre ser el sector de intercambios, más fuerte tenderá a ser la participación del sector regulado; al revés, mientras más democráticamente funcione el sector de intercambios más se podrá prescindir del sector regulado.
Si es así, la situación más conveniente sería aquella en que una estructuración democrática del mercado de intercambios permita que el sector regulado limite su presencia a la distribución de ciertos especiales tipos de bienes y servicios para cuya distribución manifiesta ventajas comparativas. Un tal sector regulado restringido favorecería, además, su propia configuración democrática y su funcionamiento eficiente. Pero como la peor situación es la de un mercado de intercambios ineficiente y concentrado no suficientemente corregido por el sector regulado, en condiciones de mal . funcionamiento del mercado de intercambios es preferible que el sector regulado sea bastante extenso. El análisis de las particulares ventajas y obstáculos del sector solidario, sin embargo, nos permitirá apreciar otras alternativas y combinaciones posibles.
56.- En el mercado de productos el sector solidario está constituido por todos los sujetos que ofrecen bienes y servicios en base a relaciones integradoras de donación, reciprocidad, comensalidad y cooperación, y por los sujetos que reciben dichos bienes y servicios y los consumen privilegiando también formas solidarias e integradoras. En dicho mercado este sector presenta las siguientes ventajas:
a) Como en este sector los consumidores y los productores suelen encontrarse directamente relacionados, sin que medien entre ellos complejos mecanismos de intermediación sino que a menudo quienes producen y ofrecen los bienes y servicios son los mismos sujetos que los reciben y consumen, se verifica una particular correspondencia entre los tipos de bienes demandados y los producidos, de tal modo que se optimiza la satisfacción de las necesidades en proporción a la provisión de bienes y servicios producidos. En otras palabras, en este sector se tiende a producir aquellos bienes y servicios efectivamente deseados y que cumplan las características preferida por los consumidores, y la asignación de los productos entre los consumidores potenciales tiende a ser la óptima.
b) Por la misma razón de la proximidad entre los productores y consumidores, este sector se manifiesta especialmente apto para hacer entrar a la economía ciertos tipos de demanda relacionada con necesidades y deseos de protección, convivencia, identidad, participación, desarrollo personal y grupal, etc., cuya satisfacción no siempre puede ser adecuadamente lograda mediante el consumo de mercancías que se transan en el mercado sino a través de actividades en que los sujetos comprometen más directamente su subjetividad. Más en general, puede considerarse el sector solidario como especialmente apto para la distribución de los bienes y servicios orientados a la satisfacción de las necesidades relacionales (o conviviales) y espirituales, así como de algunos niveles de las necesidades de protección.
c) Como en el sector solidario las personas integrantes de las organizaciones económicas mantienen su individualidad haciendo valer en ella sus propias motivaciones e intereses a través de los organismos colegiados y de participación de que forman parte, se manifiesta en este sector la libertad de iniciativa económica necesaria para asegurar la más amplia atomización del mercado. Del mismo modo, 'como en este sector la integración de las distintas unidades económicas en organismos superiores de coordinación tendientes al aprovechamiento de economías de escala y de asociación no implica la pérdida de capacidades autónomas de gestión propias de cada unidad económica, es posible que este sector se mantenga suficientemente atomizado no obstante el aprovechamiento de las ventajas que proporciona el mayor tamaño de las operaciones. En el mercado de productos esto significa que los demandantes mantienen plena libertad para demandar aquellos bienes y servicios que desean, y que los ofertantes estén atentos a atender dichas demandas sin imponer sus propias opciones de producción y oferta.
d) Como en el sector solidario las relaciones entre los sujetos que participan en el mercado tienden a no ser competitivas ni conflictivas sino integradoras, desaparecen aquí varias trabas a la movilidad de los productos. Al contrario, la movilidad de éstos se acentúa, especialmente en la dirección de hacerlos fluir hacia aquellos demandantes que han quedado fuera de la distribución de bienes en los otros sectores, sea porque carecen de medios de pago o porque no tienen el poder, la influencia o la capacidad de presión necesarios para llegar a suscitar las asignaciones jerárquicas correspondientes. En este sentido, a través del sector solidario los productos pueden llegar a quienes más los necesitan, que son los que menos medios tienen para satisfacer sus necesidades.
e) Como en este sector predominan las relaciones socialmente integradoras y se favorece el consumo comunitario por sobre el individual, y como los beneficios que obtienen tanto los ofertantes como los demandantes se incrementan en la medida que el conocimiento y la confianza recíproca aumentan, la comunicación entre los distintos sujetos que participan en el sector tiende a ser amplia y a fluir sin obstáculos, favoreciéndose así la conveniente transparencia del mercado de productos.
Este conjunto de ventajas que presenta el sector solidario en el mercado de productos señala que a el le corresponden funciones decisivas, especialmente en orden a perfeccionar el mercado, tanto por la corrección de deficiencias resultantes del operar de los otros sectores como por el mejoramiento de la calidad de la satisfacción de necesidades y deseos que este sector proporciona. Pero debemos considerar también sus limitaciones e insuficiencias.
a) Como la participación como ofertantes en este sector supone una libre decisión de los sujetos, que se hace efectiva y eficiente en la medida que éstos procedan con una particular motivación solidaria, este sector presenta limitaciones significativas en orden a proveer realmente el mercado con los bienes y servicios en las cantidades y tipos socialmente necesarios. El acceso a este mercado es fácil y no presenta mayores obstáculos formales, pero se concretiza solamente en proporción al desarrollo de especiales elementos culturales y éticos. Así, no puede esperarse que el solo operar de este sector resuelva los principales problemas económicos de una sociedad, a menos que la cultura y la estructura social predominantes en ella manifiesten elementos de integración superior que, en el estado actual de la civilización humana, no parecen haberse expandido lo suficiente.
b) Como las operaciones de donación que se verifican a través de instancias de intermediación institucional ponen distancias entre los ofertantes y los demandantes que pueden ser insalvables, de tal modo que los donantes a menudo no tienen posibilidad de verificar el beneficio real que obtienen los beneficiarios, aquella parte del mercado de productos que se desenvuelve en términos de economía de donaciones institucionales puede presentar oscuridades y dificultades especiales de información y comunicación. En el sector solidario se llega a veces incluso al extremo de mantener la producción y distribución de bienes y servicios que han dejado de ser necesarios y efectivamente demandados por los consumidores. A este problema nos referimos extensamente al analizar el mercado de las donaciones.
c) Otro problema que puede presentarse en el circuito de las donaciones -parte integrante del sector solidario- deriva de peculiares procesos de concentración que pueden verificarse, tanto por el lado de la demanda (cuando se organizan los demandantes de manera de condicionar el acceso a donaciones de parte de otros demandantes potenciales), como por el lado de la oferta (cuando se verifican procesos de concentración a nivel de las instancias de intermediación). También a este problema nos referimos en su oportunidad,
[12] en que examinamos las condiciones que es necesario generar a fin de que el mercado de donaciones funcione democrática y eficientemente.
Del examen de estas ventajas y dificultades podemos concluir que el sector solidario manifiesta ventajas comparativas sobre los otros sectores respecto a determinados tipos de bienes y servicios, a la vez que es particularmente apto para corregir imperfecciones del mercado generadas en los otros sectores; sin embargo, es preciso considerar una serie de limitaciones propias que nos llevan a comprender la necesidad y conveniencia de que opere en combinación con los sectores de intercambio y regulado, siendo la presencia de cada uno de ellos en. proporciones significativas lo que permite el funcionamiento mas eficiente del mercado global de productos.
Naturalmente, el funcionamiento plenamente democrático de este mercado supone que sus tres sectores lo sean. Como ello es improbable, dadas las tendencias a la concentración manifestadas en los sectores de intercambio y regulado, el sector solidario encuentra ocasiones de demostrar su particular capacidad de corregir y perfeccionar el mercado global. Las imperfecciones propias del sector intercambios pueden ser corregidas parcialmente por el sector regulado, como vimos; pero esas mismas imperfecciones pueden en muchos casos ser corregidas aún con mayor amplitud y mejores resultados por el sector solidario. Por eso, el desarrollo de este último permite que el sector regulado se mantenga dentro de sus limites propios, pudiéndose evitar un crecimiento excesivo que inevitablemente le significaría mayores riesgos de concentración y de nuevas imperfecciones.
57.- La consideración conjunta de las ventajas y desventajas de los distintos sectores en el mercado de productos permite confirmar nuestra tesis de que mientras más pluralista sea este mercado tanto respecto a las relaciones económicas como a las categorías organizadoras, más eficiente podrá ser su funcionamiento y más democrática su estructura. Como ya lo observamos
respecto al mercado de factores, también en el de productos vemos que existe una complementación entre los sectores, y comprobamos que las ineficiencias que pueda presentar uno de ellos son compensadas por los otros. En consecuencia, también aquí encontramos que mientras más democrático sea un sector menos necesaria resulta la presencia de los otros.
Nuestra insistencia en esta idea apunta a aportar un decisivo elemento de juicio en relación con el tema tan discutido a nivel teórico, ideológico y político, de cuán extensa deba ser la intervención del Estado -y del mercado de intercambios, o de las donaciones- en la asignación de los factores y en la distribución del producto. A la luz de nuestro análisis gran parte de las argumentaciones que suelen ofrecerse se muestran abstractas y carentes de realismo, y las políticas que se aplican se manifiestan inadecuadas.
Quien desee una menor intervención del Estado en la distribución deberá preocuparse ante todo por la democratización de los sectores de intercambio y solidario. Análogamente, quien propugne una mayor participación del sector regulado hará bien en trabajar por la democratización de los aparatos y mecanismos estatales de acción económica. En vez de luchar "contra" otro sector, las energías de ambos se orientarán a perfeccionar el propio sector en cuyo desarrollo están interesados, y así aportarán cada uno en su ámbito al funcionamiento más eficiente y a la democratización del mercado. Pero ésta es sólo una anticipación de un análisis más complejo sobre la acción transformadora que desenvolveremos más adelante.
Si cada uno de los sectores puede estructurarse más o menos democráticamente, concluimos que también el mercado de productos puede ser democrático y eficiente en más de una combinación posible entre los tres sectores. Debemos tener presente, en todo caso, cuanto hemos sostenido respecto a la mayor o menor aptitud que cada sector tiene para satisfacer uno u otro tipo de necesidades, y para distribuir unos u otros tipos de bienes y servicios. Así, la composición del mercado y el tamaño relativo de cada sector dependerán también de la estructura de las necesidades, aspiraciones y deseos que se manifieste en la sociedad determinada, y de otros elementos culturales y sociales. El análisis del proceso de consumo en la próxima sección ha de proporcionarnos nuevos antecedentes y elementos al respecto.
Finalmente, en cuanto a la intermediación, que en el mercado de productos está constituida por todas las unidades y actividades económicas que ponen en contacto la oferta con la demanda de productos, se presentan dos interrogantes principales: ¿qué sujetos conviene que se constituyan como organizadores de las unidades de intermediación en función de la mayor eficiencia del mercado de productos? Y ¿a través de qué tipo de relaciones económicas la intermediación facilita que dicho mercado funcione mejor?
En términos generales cabe afirmar como conveniente, también en este caso, el pluralismo y diversificación de organizadores y relaciones. En cada sector económico debiera desarrollarse la intermediación que sea indispensable, a través de los tipos de relaciones económicas correspondientes y organizada por las categorías económicas que correspondan al sector.
Ahora bien, así como en el mercado de un factor es importante que intermedie ampliamente la categoría que se constituye a partir del factor de que se trate, pues sólo ella puede representar mejor los intereses de los aportadores del factor, así en el mercado de productos la mejor intermediación será la que puedan realizar los propios consumidores organizados con ese fin. En efecto, los objetivos de los consumidores -calidad y genuinidad de los productos, precios convenientes, adaptación a las necesidades y deseos propios, etc.- serán mejor resguardados por ellos mismos que por los productores. La participación de los consumidores en la intermediación de productos da lugar a cooperativas de consumo y a otras formas de organización económica de los consumidores, en las que éstos se constituyen -en cierto modo- como categorías organizadoras de la específica actividad de intermediación en el mercado de productos.
58.- Nos falta solamente extraer algunas conclusiones sobre la eficiencia del mercado determinado considerado en su globalidad, es decir, en cuanto constituido por los mercados de factores y de productos y por los circuitos correspondientes a los sectores de intercambios, regulado y solidario.
Hemos vistos que el mercado de factores y el mercado de productos presentan exigencias contrapuestas en función de sus respectivas eficiencias. El criterio de eficiencia en el mercado de factores queda definido en función de los objetivos de los aportadores de factores, o sea de las ofertas, mientras que en el mercado de productos lo es en función de los objetivos de los consumidores, o sea de las demandas. El equilibrio general -del mercado determinado como un todo- se alcanza allí donde se equilibran las fuerzas predominantes en ambos mercados: las ofertas de factores y las demandas de productos, que podemos considerar como los elementos inicial y terminal de todo el proceso de circulación. Como señalamos, tales fuerzas están constituidas por las personas naturales que participan en el mercado como sujetos independientes. La eficiencia y el equilibrio general del mercado queda definido, pues, en función de los objetivos de las personas humanas como tales, en su doble calidad de seres que tienen necesidades y deseos que satisfacer, y que al mismo tiempo disponen de fuerzas y capacidades productivas que aportar.
En el medio, entre ambas fuerzas, operan las empresas, que no son el fin último de la economía ni ponen los objetivos generales del mercado, sino que son los medios e instrumentos en los cuales las personas colocan y ponen en acción sus capacidades productivas, y cuya producción servirá para satisfacer las necesidades, aspiraciones y deseos de los hombres. El equilibrio macroeconómico y la mayor eficiencia del mercado global coinciden, así, con lo que podemos considerar como el recto orden moral de la economía, que supedita la organización a los sujetos, las empresas a los hombres.
Naturalmente, las empresas y los empresarios tienen intereses legítimos y objetivos propios que perseguir. La propia eficiencia del mercado exige que los empresarios actúen racionalmente buscando los beneficios máximos, esto es, que persigan los más altos y mejores resultados económicos con el menor gasto de factores. En función de tal objetivo desplegarán naturalmente sus fuerzas y tomarán las decisiones adecuadas. Sólo que, si el mercado es eficiente y democrático, no podrán obtener beneficios extraordinarios: remunerarán a los factores que contratan conforme a su respectiva productividad, y entregarán sus productos en los valores y precios justos o de equilibrio. Se cumplirían, pues, las tres grandes cualidades que la teoría económica tradicional atribuye al mercado de competencia perfecta: que los intercambios se verifiquen entre mercancías de valor equivalente, sin que intervengan poderes de mercado; que los factores sean remunerados conforme a su productividad; y que no existan beneficios extraordinarios.
Ahora bien, el equilibrio del mercado determinado no tiene por que ser estático. Su dinamismo queda asegurado tanto por el lado del mercado de factores como del mercado de productos, que son eficientes en la medida que muestren ser expansivos. Pero no solamente por ello, sino que en el mercado global, el equilibrio entre la oferta (de factores) y la demanda (de productos) está también tensionado por el dinamismo. No se trata, en efecto, de variables que se mueven simultáneamente sino de fuerzas relativamente independientes que se expanden conforme a propias dinámicas, exigiendo una la expansión de la otra para que el equilibrio no se rompa. Pues bien, en esta tensión entre ofertas y demandas a nivel de la economía global, la mayor eficiencia y el equilibrio dinámico se obtienen cuando predominan en último término los objetivos de la demanda de productos.
Es la expansión de las necesidades, aspiraciones y deseos de la gente que mueve en último termino a toda la economía, suscitando. la iniciativa creadora de los hombres en orden a potenciar la dotación general de recursos y de factores económicos disponibles para ser organizados en las empresas. Si predominaran, en cambio, los objetivos de los ofertantes de factores sobre los objetivos de los demandantes de productos, el equilibrio no sería tendencialmente expansivo sino reductivo. El mercado no sería perfectamente eficiente. La máxima eficiencia del mercado se obtiene cuando se cumplen más perfectamente los objetivos generales de la economía -la satisfacción de las necesidades y deseos de la gente- lo que se verifica concretamente cuando predominan en el mercado determinado los objetivos propios de las personas en cuanto consumidores.
El hecho que la eficiencia macroeconómica implique que predominen en el mercado las fuerzas de la demanda de productos significa, por otro lado, dar una precisa respuesta a la interrogante que tanto ha interesado siempre a los economistas, planificadores y responsables de las políticas económicas, a saber, quién debe decidir cuáles necesidades, aspiraciones y deseos deben ser satisfechos, o bien, dicho de otro modo, quién ha de decidir en último término que producir. La respuesta que resulta de nuestro análisis es que la producción debe estar supeditada a la demanda. Naturalmente, se trata de la demanda correspondiente a los distintos circuitos económicos, y no solamente la "demanda solvente" del mercado de intercambios. En un mercado democrático, la gente, que libremente decide qué necesidades y deseos quiere satisfacer mediante el consumo, orienta la producción. Y lo hace no sólo en el mercado de intercambios, donde tiene el poder que le otorgan sus medios de pago, sino también en el marco de la planificación económica descentralizada, participativa y democrática, y en el propio sector solidario estructurado también democráticamente. En tales situaciones del mercado democrático, cada uno mantiene el control sobre las propias condiciones de vida, y es realmente libre para elegir, porque no hay poderes concentrados que se le impongan en ninguno de los circuitos por donde circulan los bienes económicos.
Es interesante anotar, finalmente, que un mercado que funcione democráticamente en los términos que hemos indicado en este capítulo, constituye un sistema de distribución cuyo funcionamiento ofrece la mejor aproximación a la conocida fórmula que expresa una suerte de ideal económico: "de cada cual según su trabajo, a cada cual según sus necesidades". Naturalmente, se postula en dicha fórmula una situación contradictoria, pues en ambas frases se identifican criterios de distribución diferentes, que no pueden armonizarse lógicamente. Sin embargo la fórmula tiene sentido, pues en la primera parte se expresa el ideal de justicia (justicia llamada conmutativa) según el cual cada uno debe recibir conforme a lo que aporta, mientras en la segunda parte se expresa otro ideal de justicia (denominada justicia distributiva) conforme al cual todos tienen derecho a satisfacer sus necesidades, de modo que cada uno debe recibir en proporción a ellas.
La formulación resulta contradictoria si se la aplica simultáneamente a un mismo proceso de distribución, a un mismo mercado. Sin embargo puede adquirir un sentido coherente en el marco de nuestro análisis, en la medida que hemos distinguido un mercado de factores y un mercado de productos que alcanzan su eficiencia en función de distintos objetivos. En efecto, vimos que en el mercado de factores la eficiencia se obtiene allí donde predominan los objetivos de los aportadores de factores, cuyo interés reside precisamente en ser remunerados conforme a la productividad de sus aportaciones. No otra cosa significa "de cada cual según su trabajo". En el mercado de productos, en cambio, la eficiencia se alcanza cuando predominan los intereses de los demandantes, que participan en el mercado con el objetivo de maximizar la satisfacción de sus necesidades. La frase "a cada uno según sus necesidades", expresa en tal sentido una distribución donde el criterio de eficiencia de este mercado se cumple a cabalidad. La fórmula completa puede de este modo sostenerse sin que sus dos partes caigan en contradicción, y adquiere un significado orientador preciso. Naturalmente, ello implica una diferente conformación de ambos mercados en cuanto a la combinación de relaciones económicas y de sectores, pero exige en todos ellos una sustancial democratización.
[1] Cfr. Crítica de la Economía..., parág. 24.
[2] Cfr. Libro Segundo, parág. 110.
[3] En los análisis que siguen consideramos los sectores en el más estricto sentido, en cuanto configurados por las relaciones económicas correspondientes. Esto significa que al examinar las ventajas y desventajas de cada sector aludimos sustancialmente a las que derivan de la conformación de sus flujos y circuitosen el proceso de circulación, haciendo abstracción —o considerando sólo incidentalmente- aquellas ventajas y dificultades que derivan de los tipos de categorías organizadoras y de las formas de propiedad que tienden a predominar en esos sectores. Esto deberá ser recordado permanentemente especialmente porque nuestros análisis en este aspecto pueden chocar con convicciones asentadas en la conciencia del lector, las que sin embargo no son contradictorias con nuestras afirmaciones toda vez que se fundan y se refieren a un aspecto diferente, y específicamente a ventajas y desventajas que no derivan de los tipos de relaciones económicas sino de las categorías (especialmente el capital y el Estado) y de las formas de propiedad con las que suelen -pero no necesariarnente- estar asociadas. Debemos igualmente advertir que cada una de las ventajas o desventajas que señalamos no deberá ser considerada como la afirmación de un dato absoluto sino como el relevamiento de una relación tendencial efectivamente operante, pero que de hecho se encuentra a menudo contradicha e incluso a veces anufada por tendencias contrarias también operantes en el respectivo sector. En consecuencia, deberá considerarse el conjunto de las ventajas y desventajas que presenta un sector para tener una cabal comprensión del significado de cada una de ras ventajas y desventajas que en ese sentido tendencial le reconocernos.
[4] Cfr.
Crítica de la Economía ..., parág. 21.
[5] Cfr.
Las Donaciones..., parág. 40 al 46.
[6] Cfr.
Crítica de la Economía..., parág. 22.
[7] Interesados en comprender cuál combinación de sectores requiere la eficiencia en la mercados de factores hemos observado cómo y porqué el pluralismo de las categorías organizadoras favorece su democratización. Digna de consideración es también la relación inversa; en a efecto, a mayor democratización del mercado mayores facilidades para la emergencia y desarrollo de nuevas categorías económicas. Cuando el mercado se encuentra muy concentrado se verifica una tendencia a la homogenización bajo el predominio de la categoría predominante, que ha desarrollado suficiente poder para mantener subordinados a los demás factores y obstaculizar e impedir su autonomización. Mientras que al ser más democrático y estar menos concentrado el mercado, mayores son las posibilidades de pluralismo, pues los sujetos que personifican los distintos factores encuentran más y mejores oportunidades económicas. El proceso del mercado Se configura, pues, como una lucha permanente entre tendencias de concentración y de democratización, tal que las fuerzas concentradoras Se refuerzan unas con otras del mismo modo que las fuerzas democratizadoras se potencian mutuamente.
[8] La transparencia y plena información implica proporcionar a los consumidores una información fidedigna sobre la calidad de los bienes y sobre las consecuencias y efectos positivos o negativos que tenga su consumo, tanto para las personas que los utilicen como para la sociedad y el medio ambiente. Del mismo modo, los productores debieran estar informados sobre las consecuencias que tenga la satisfacción de las necesidades, deseos y aspiraciones de la gente, que no siempre son positivas para las personas mismas o para la sociedad y el medio ambiente. Estas informaciones son indispensables para que los consumidores y los productores sean verdaderamente libres al demandar y al producir productos, y constituyen igualmente un requisito para que tenga concreción cuanto afirmamos en la nota (70) en el sentido de que las decisiones autónomas y libres de los Consumidores y productores conducirán al bienestar general (histórica y culturalmente posible) en un mercado que ns discrimina entre necesidades y deseos positivos o negativos, ni entre productos buenos y malos. Como dijéramos, tales opciones son cruciales, pero corresponde que sean adoptadas por los consumidores y los productores, debidamente informados y formados.
[9] Debe advertirse, sin embargo, que un análisis de los distintos mercados de productos, distinguidos (por el lado de la demanda) con el criterio de los tipos de necesidades que satisfacen, llevará sin duda alguna a comprender que sus respectivas eficiencias suponen muy diferentes composiciones en cuanto a las relaciones económicas y a las categorías organizadoras. Si partimos de la clasificación de los mercados de productos que dejamos anotada en el parág. 37, será fácil concluir que los mercados de bienes y servicios materiales, proteccionales, relacionales y culturales se encontrarán mejor producidos por unas categorías que por otras, y circulan más fluida y ampliamente a través de unas y otras relaciones económicas. Por ejemplo, el sector de intercambios puede tener más facilidades para producir y distribuir bicicletas que enseñanza, el sector regulado mostrar mejores aptitudes para producir y distribuir servicios policiales que recreación, y el sector solidario ser más eficiente en la producción y distribución de obras de arte que de armamentos. Nos referiremos puntualmente a estas "ventajas y desventajas comparativas" de los tres sectores, pero un análisis exhaustivo queda pendiente, limitándonos a sugerir a los lectores que vuelvan a reflexionar la cuestión con los nuevos antecedentes que proporcionaremos en la sección dedicada al tema del consumo y sus distintas racionalidades.
[10] Cfr.
Crítica de la Economía ..., parág. 21.
[11] Valen para los análisis que siguen las mismas advertencias que hicimos en la nota (73) respecto a las ventajas y desventajas que presentan los sectores en el mercado de factores.
[12] Cfr. Las Donaciones..., cap. VIII y IX.