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37.- La forma macroeconómica del proceso de circulación es el mercado determinado. El término "determinado" apunta a precisar que no nos referimos a algún modelo abstracto de mercado sino al conjunto real de los flujos y relaciones que conforman el complejo movimiento de asignación de recursos y distribución de bienes y servicios en una formación económico-social determinada. Un mercado determinado se encuentra constituido por todos los flujos y relaciones económicas que mantienen algún tipo de nexos entre sí, esto es, que están conectados y que en consecuencia forman parte de un mismo proceso económico. Lo componen, entonces, todos los sujetos que realizan actividades económicas, con todas sus relaciones y entrecruzamientos (organizaciones, circuitos, sectores, etc.), y todos los recursos, factores y categorías, así como los productos (bienes y servicios) que fluyen entre unos sujetos y otros, desde que entran al proceso económico en la producción hasta que salen del mismo en el proceso de consumo.
Lo anterior significa que el mercado determinado se extiende por toda la economía, y podemos decir que coincide "materialmente" con ésta; pero no se identifica formalmente con ella sino sólo con su proceso de circulación, o sea, con el movimiento permanente y el encadenamiento de sus partes. Si en el mercado consideramos a todos los sujetos que aportan factores, las empresas que los organizan y a los sujetos que consumen los bienes y servicios producidos, lo hacemos en la medida que participan constitutivarnente en las relaciones y flujos económicos, o sea, en cuanto son parte del proceso de circulación. Esta precisión es importante para comprender el cabal sentido del concepto de "mercado determinado" con el que hemos trabajado a lo largo de esta investigación, y que es preciso recordar aquí:
Mercado determinado es todo el complejo sistema de interrelaciones y relaciones de fuerza entre todos los sujetos que participan con diversos fines e intereses en un determinado circuito económico relativamente integrado. Es un sistema de relaciones de fuerza porque los sujetos despliegan sus propias fuerzas y poderes, definen estrategias, hacen alianzas, buscan protecciones y luchan entre sí, con el objeto de participar de los bienes, factores y productos disponibles en la forma más amplia posible. Pero es también un sistema de interrelación e integración porque en el proceso de circulación los sujetos no sólo se enfrentan unos con otros sino que también se asocian y organizan para compartir tareas y beneficios, se coordinan y apoyan recíprocamente, se preocupan de los más postergados, y aportan a la satisfacción de necesidades generales y al bien común.
Si la “relación económica" es la forma simple y elemental de la circulación, el mercado es su forma global y completa, conformada por todas las relaciones económicas interactuantes.
Observamos, pues, que en la realidad económica se da un complejísimo fluir, acumularse y circular de bienes, servicios, productos. factores, etc.; que en tal movimiento los sujetos son múltiples. de diferentes tamaños y características; que en sus actividades y relaciones muestran distintas pautas de comportamiento y proceden con diferentes criterios. La observación más detallada de esos flujos y operaciones económicas nos pone de manifiesto que esos bienes y sujetos asumen diversas formas y figuras, que determinan tipos de transferencias y flujos variadísimos. Como ya sabemos, en el mercado no encontramos solamente mercancías, sino también regalos y donaciones, tributos, impuestos y contribuciones, asignaciones e items presupuestarios, cuotas y acciones, favores y compromisos, incidencias y flujos invisibles. Bajo todas y cada una de estas formas los recursos, bienes y servicios son ofrecidos y solicitados, ofertados y demandados, de manera que si persistimos en reducir todos los movimientos económicos al juego de las variables de oferta y demanda -lo que es útil a los efectos de simplificar los análisis- tendremos que considerar diferenciadamente las ofertas y demandas correspondientes a los distintos tipos de relaciones económicas. Por lo mismo, en el mercado los sujetos no participan solamente como vendedores y compradores, sino también como donantes y beneficiarios, comensales y socios, cooperantes y asociados, contribuyentes y recaudadores, planificadores y dependientes, etc. Estos distintos sujetos económicos al operar en la economía persiguiendo sus propios objetivos, lo hacen conforme a lógicas operacionales y racionalidades que son también heterogéneas.
Ahora bien, observando el movimiento del mercado nos percatarnos de que todos esos sujetos por diferentes que sean sus formas y sus modos de operar- se encuentran entrelazados, de manera que las transferencias de factores y productos determinan una complejísima red de interrelaciones, que dan lugar tanto a conflictos, luchas y competencias entre quienes participan con esas diferentes formas económicas, como a articulaciones y nexos que definen espacios de integración social. Se nos hace presente, de este modo, un todo complejo de elementos interrelacionados, que funciona en forma tal que cada movimiento, cada operación y cada sujeto influye en alguna medida, aunque sea infinitesimal, sobre los flujos, operaciones y sujetos adyacentes o vinculados más directamente, y progresivamente sobre los más distantes, impactando en algún grado el complejo de la economía global. Todo ello forma parte de los procesos de asignación de factores y distribución de los bienes y valores económicos a nivel global, conformando el mercado determinado.
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Todos los elementos, actividades, relaciones, sujetos y racionalidades se entrelazan en este mercado único de extrema complejidad. Pero lo que así expresado pareciera ser un caos, manifiesta sin embargo alguna coherencia y ordenamiento. El mercado funciona como un todo, coordinando efectivamente las decisiones -prácticamente infinitas- de los agentes económicos, aunque no lo haga perfectamente. Tarea de la ciencia económica es comprender este funcionamiento del mercado determinado, y para ello debe construir conceptos y modelos teóricos que nos muestren sus diferentes elementos, aspectos y partes, con sus relaciones e interacciones dinámicas.
Persiguiendo el conocimiento del mercado determinado la ciencia económica ha propuesto una primera gran distinción entre mercado de factores y mercado de productos. Como sus nombres lo indican, el primero está constituido por el conjunto de flujos y transferencias de factores, quedando configurado por todas las relaciones económicas que se establecen en función de la producción, y el segundo está formado por el conjunto de flujos y transferencias de los productos, estando configurado por las relaciones económicas que se establecen en función del consumo.
Como utilizaremos ampliamente esta distinción, y a partir de ella extraeremos relevantes conclusiones teóricas, debemos detenernos en su fundamentación, que no encontramos suficientemente desarrollada en la ciencia económica y que no carece de complejidad.
Cuando examinamos las relaciones económicas las vimos estructurarse en cuatro momentos claves del proceso económico, a saber: a) en los movimientos de convocación e incorporación de los factores a las empresas, y en todo el proceso de asignación de los recursos y factores; b) en los flujos que se dan al interior de las unidades económicas entre los sujetos que participan en su operación, y en todo el proceso de aportación y remuneración de los factores; c) en los flujos de recursos y factores que se dan entre las empresas, y en todo el proceso de intermediación de factores; y d) en los flujos que conducen los productos y bienes terminados hasta quienes los consumen, y en todo el proceso de distribución del producto.
Sobre esta base podríamos decir que los flujos correspondientes a los tres primeros momentos constituyen el mercado de factores, mientras que los del cuarto corresponden al mercado de productos. Y esta puede ser una formulación aceptable para un cierto nivel de análisis. Pero la distinción entre factores y productos, supuesta por la distinción entre mercado de factores y mercado de productos, no es tan sencilla de hacer.
La teoría tiene necesidad de distinguir claramente las realidades a que aplica términos y conceptos diferentes, pues i no lo hace no es buena teoría; Lo logra formulando conceptos lo más precisos posibles y definiéndolos en términos que permitan distinguir los elementos, hechos o fenómenos que corresponden a cada uno de ellos. Bien sabemos que a menudo los problemas implicados en la formulación y definición de conceptos son complejos.
La distinción entre mercado de factores y mercado de productos es uno de estos casos complejos. En efecto, ambos mercados serían fáciles de distinguir si en ellos circularan bienes económicos diferentes. Esto pareciera ser así porque las definiciones de factor y de producto son claramente distintas. Sin embargo no siempre es fácil decidir cuando a un determinado bien económico debemos considerarlo bajo una u otra de estas nociones.
Hay bienes económicos que son productos elaborados por ciertas empresas y que para otras constituyen factores de producción. Es el caso de un instrumento producido por una empresa y que otra utiliza como factor productivo, o el de un mismo producto que puede estar destinado en parte para el consumo terminal y en parte para servir como insumo de nuevos procesos productivos; consideremos como ejemplo la sal, que además de ser consumida por las familias es utilizada como insumo por las empresas que producen alimentos. Pero no se trata solamente de estos casos especiales, sino que, más en general, los factores productivos -al menos en parte- deben a su vez ser producidos, y el consumo de los productos es parte -en muchos casos- del proceso de producción de los factores y de los productos mismos. La noción de "insumos" productivos sirve para dilucidar una gran cantidad de casos, pero no resuelve el problema, porque no es el resultado de una reflexión sobre la cuestión teórica implicada.
La dificultad reside en que los factores y los productos se constituyen como tales no por ser realidades objetivas siempre distintas, sino en y por un conjunto de relaciones en el que asumen esas formas y contenidos de "factor" o de "producto".
Con la afirmación de que en el mercado de factores fluyen los factores y en el de productos los productos, los economistas creen tener clara la situación porque los factores que reconocen son solamente la tierra, el capital y el trabajo, cuya individuación no les presenta problemas.
Cuando nosotros ampliamos la concepción de los factores y distinguimos sus seis tipos principales, se nos presenta inmediatamente un problema en cuanto a la distinción que deba hacerse entre factores y productos. En primer lugar, porque la diferenciación de los seis factores nos obliga a mirarlos más concretamente, en su efectiva constitución como realidades objetivo―subjetivas y relacionales; en segundo lugar, porque esa misma diferenciación y mayor concreción nos permite asimilar mejor el hecho que los factores son -al menos en parte- producidos y reproducidos mediante actividades económicas deliberadas, en unidades económicas particulares.
No es que el problema exista solamente después de nuestra reconceptualización de los factores ni debido a ella, sino que ahora se nos hace manifiesto un problema que existía pero que la teoría económica no había considerado importante prestarle atención. En efecto, la tierra -y esto es valido para todos los medios materiales de producción- no es un recurso existente en cantidad fija y no producible, sino que en términos económicos (en que lo que interesa es su productividad, su rentabilidad y su coste) es ampliada mediante especiales procesos productivos, cuales la fertilización, el drenaje, etc. La fuerza de trabajo es también reproducible y ampliable, y no sólo a través de actividades de consumo (alimentación, lectura, etc.) sino mediante la actividad de empresas cuyo trabajo consiste precisamente en producir fuerza de trabajo calificada, de ciertas características. etc. Lo mismo vale para el financiamiento, la tecnología, la administración y el. "factor C".
El hecho que esto enfatiza es el encadenamiento en que se encuentran las actividades y unidades económicas: en el proceso que va desde que los factores económicos entran a las empresas hasta que los productos salen de la economía mediante el consumo, intervienen a menudo numerosas empresas que realizan actividades encadenadas. Primero intervienen las unidades de intermediación de factores, luego las empresas productivas, en seguida las unidades de comercialización y finalmente las unidades de consumo. Además, en cada una de estas etapas pueden participar varias unidades encadenadas. Todas estas son a la vez consumidoras y productoras de bienes económicos. Pero hay más aun, porque el encadenamiento de las actividades económicas no es puramente lineal sino circular: son los procesos de producción, circulación y consumo los que se encadenan, y no en una secuencia simple sino en una compleja simultaneidad.
La observación de esta circularidad del proceso económico ha llevado a distinguir teóricamente entre producción de
productos terminales y
producción de insumos para la producción, por un lado, y entre
consumo productivo y
consumo terminal por el otro. Naturalmente, ambos pares de conceptos están relacionados. No tenemos dificultad en asumir esta distinción y los conceptos a que da lugar. En los términos en que la distinción se formula, tanto los productos terminales como los insumos debemos considerarlos en el mercado de productos, en cuanto son vistos como productos y distinguidos según el modo en que son consumidos. Sin embargo, al menos algunos de esos mismos bienes que desde ese punto de vista aparecen como productos. pueden presentarse como factores si se los considera como elementos necesarios para el funcionamiento de la empresa y se los aprecia desde el punto de vista del proceso de producción. Pensemos, por ejemplo, en un diseño técnico, en un conjunto de informaciones, en una máquina, o en un nuevo programa de gestión. Desde este punto de vista, esos bienes económicos asumen la forma de alguno de los seis factores, y como tales debemos reconocerlos.
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Otro aspecto del problema reside en que los productos experimentan transformaciones y procesos de elaboración durante el proceso mismo en que son consumidos. Cuando una dueña de casa compra en el mercado un kilo de lentejas, está comprando un producto que no tiene posibilidades de ser consumido terminalmente aún, debiendo ser ulteriormente transformado mediante un proceso de trabajo que se realiza al interior de su hogar, que en tal sentido y por varios motivos puede ser considerado también una unidad económica en la que se cumplen actividades de producción, circulación y consumo. Pero incluso el plato de lentejas preparado y listo para el consumo puede ser entendido como insumo de la producción de fuerza de trabajo. Se completa, así, el círculo. Comprendemos así que no sólo la producción sino también el consumo es un proceso complejo en el que los sujetos que lo realizan se encuentran "encadenados" secuencialmente.
De los distintos aspectos del problema extraemos algunas conclusiones generales que nos permiten entender el sentido en que es posible y útil distinguir entre los mercados de factores y de productos. La primera es que, si bien es cierto que numerosos activos que circulan en la economía son a la vez factor y producto, en cada flujo y relación económica se hacen presentes como factor y como producto para diferentes sujetos. Se presentan como productos para los que lo han elaborado y ofrecen en alguno de los circuitos del mercado, y como factores para quienes los utilicen productivamente. Si miramos la situación no desde el activo sino desde cada uno de los sujetos que intervienen en la circulación, veremos que cada empresa tiene un mercado de factores y un mercado de productos, que están bien diferenciados para ella, no teniendo dificultad para distinguir cuáles activos sean factores y cuales productos.
La segunda conclusión es que, si bien el proceso de circulación es circular y en él se encadenan la producción y el consumo, en la secuencia de transformaciones que experimentan los bienes es posible establecer un momento inicial y otro terminal. Entre el huevo y la gallina hay un fenómeno circular, pero. no tenemos dificultad en saber cuando estamos ante la gallina y cuándo ante el huevo. En la circulación económica es más difícil, porque no hay solamente dos momentos sino una sucesión compleja de momentos en que el bien es ambas cosas, factor y producto; pero hay flujos en que se encuentra más cerca del momento inicial y otros en que se va aproximando al momento terminal. La cuestión es, entonces, individuar analíticamente dentro del movimiento circular, cuándo se inicia y cuándo termina un circuito. El momento en que un plato de lentejas se encuentra listo para el consumo, y en que un trabajador se alimenta con él renovando así sus energías de trabajo, es el momento inicial de un movimiento que se desenvolverá hacia adelante hasta que el circuito termine con el consumo de otros productos, y es al mismo tiempo el momento terminal de otro circuito, o sea el término de una larga serie de flujos que se remontan hacia atrás hasta algún otro momento de consumo. En el momento inicial tenemos un acto de consumo realizado por un sujeto individual (una persona natural), aportador de alguno de los factores económicos; en el momento terminal tenemos un acto de consumo que satisface las necesidades de un sujeto también individual (otra persona natural), sea o no aportador de nuevos factores económicos. Entre ambos momentos, a lo largo de todo el proceso circular, encontramos unidades económicas organizadas que gestionan factores y elaboran productos, y otras que consumen productos y reproducen factores.
Dicho en otras palabras, los activos entran como factores a la circulación económica, a través de personas naturales, y salen del circuito de la circulación como productos, también a través de personas naturales. Entre unas y otras encontramos la sucesión de empresas que realizan actividades encadenadas y por las cuales van pasando flujos de bienes que se presentan como factores para unas y como productos para otras. En esta sucesión de empresas, no será difícil comprender que unas están más próximas al momento inicial y otras al terminal. Así, la circulación económica no da lugar a un circuito cerrado en que el punto de inicio coincide con el de término, sino a un movimiento que avanza y se despliega en el tiempo, como en espiral, sustituyendo en cada vuelta los factores utilizados y los productos consumidos por otros nuevos.
Uniendo ambas conclusiones volvemos al criterio de distinción operacional que formulamos al comienzo, sólo que ahora sin la ingenuidad de creer que la distinción entre factores y productos es la distinción entre bienes económicos “materialmente” diferentes. Aunque a veces pueda tratarse "materialmente" de los mismos bienes, los factores y los productos se distinguen según la forma que asumen en el marco de las relaciones en que se insertan, al ser considerados por distintos sujetos y en distintos momentos económicos.
La forma posible de los factores será siempre alguna de las seis que encontrarnos al analizar el proceso de producción, mientras que las formas de los productos podrán ser prácticamente infinitas, pues quedan definidas en función de las necesidades individuales y sociales -prácticamente infinitas- que pueden ser satisfechas mediante el consumo económico.
Esta larga disquisicion sobre los conceptos de "factor" y "producto" nos permite comprender que la distinción entre los mercados de factores y de productos no se basa exclusivamente en que los bienes que circulan en ambos son "distintos" en el sentido relativo que expusimos, sino también en consideración de los sujetos que en ellos participan. En ambos participan los individuos y las empresas; pero lo hacen en diferentes situaciones. Las empresas, que en el mercado de factores participan como demandantes, lo hacen como ofertantes en el mercado de productos, mientras que las personas naturales participan como ofertantes en el mercado de factores y como demandantes en el mercado de productos.
En un modelo simplificado de los mercados podemos considerar que "al inicio" todos los factores se encuentran en manos de personas naturales, que los ofertan a las empresas, y que "al final" todos los productos llegan a manos de personas naturales, que los reciben de las empresas. Las empresas serían el nexo entre el mercado de factores y el mercado de productos, poniéndose en el primero como demandantes y en el segundo como ofertantes. Sólo que el nexo no sería un eslabón simple, sino una larga cadena constituida por diferentes empresas que van efectuando sucesivas transformaciones en los factores y en los productos, y que en estas operaciones y transferencias operan en ambos mercados, según se relacionen "hacia arriba" (en la dirección en que se encuentran los ofertantes de factores) o "hacia abajo" (en dirección a los demandantes de productos).
38.- Identificados así los respectivos espacios teóricos de los mercados de productos y de factores, se abre un conjunto de cuestiones nuevas en la búsqueda de comprensión de sus características y modos de funcionamiento.
Una primera cuestión se refiere a la cantidad de mercados que es posible distinguir en ambos casos. En efecto, lo que englobamos bajo las denominaciones de "mercado de factores" y "mercado de productos" son en realidad muchos mercados particulares, tantos como factores o como productos circulen en la economía. En otras palabras, "mercado de factores" es un concepto genérico que engloba una serie de mercados particulares, uno para cada factor, así como "mercado de productos" no es más que una noción general en la que incluimos numerosos mercados particulares, uno para cada producto. La cuestión merece un análisis, empezando por el mercado de factores.
Habiendo agrupado conceptualmente los factores en seis grandes clases podemos distinguir y examinar separadamente seis principales mercados de factores, cada uno con sus problemas y características bien definidos y peculiares.
Por cierto, pueden hacerse nuevas subdivisiones al interior de cada uno de estos mercados y examinar separadamente, por ejemplo, el mercado de los técnicos electricistas, el de los trabajadores no calificados, etc. La que por un momento se nos presentaba como una cuestión simple comienza, así, a mostrar algunas complejidades. Pero es preciso entender correctamente el sentido de la pregunta por la "cantidad" de mercados existente. En efecto, cualquier diferenciación de mercados (especiales y particulares) es legítima, porque diferenciar un mercado de otro es realizar una operación analítica que identifica (agrupando y separando) conjuntos determinados de elementos con algún criterio que responde . a los objetivos del investigador. Así, es posible distinguir empíricamente cualquier cantidad de mercados; pero lo que aquí nos interesa es efectuar distinciones teóricamente fundadas, tal que se individualicen "espacios" económicos relevantes, es decir, conjuntos de flujos y relaciones que tengan suficiente importancia y que merezcan destacarse por su utilidad para comprender el funcionamiento del mercado determinado.
Así entendido, el tema es especialmente delicado en relación con los mercados de factores, porque a este nivel de análisis podrían surgir algunas dudas sobre la diferenciación de los seis factores, que tan importante lugar ocupa en nuestra construcción teórica. Para plantear el problema, nada más oportuno que leer a Milton Friedman en su Teoría de los Precios, donde formula con claridad y rigor el punto de vista más claramente opuesto al que hemos sustentado. Así escribe:
"Nuestro análisis de la demanda de factores de producción se ha desarrollado en términos muy abstractos; no hemos considerado las características especificas de los factores de producción ni les hemos dado nombres. La razón es que, en el lado de la demanda, no parece posible una clasificación empírica de los factores que tenga suficiente importancia para destacarse (...). Del lado de la demanda, la consideración fundamental para clasificar los factores es su sustituibilidad en la producción. Un factor simple se compone de unidades que pueden considerarse como sustitutivos perfectos en la producción; factores diferentes son aquellos cuyas unidades no son sustitutivos perfectos. (...) Se ha supuesto tradicionalmente que las condiciones de oferta dan una base más significativa, sustancial y empíricamente, para distinguir diversos factores de producción en términos concretos. Los economistas clásicos distinguían tres factores de producción principales: tierra, capital y trabajo.(...) Esta especial división tripartita fue, sin duda, una consecuencia de los problemas sociales de mayor importancia en la época en que se desarrolló la teoría clásica y de la estructura social en que tuvo lugar la revolución industrial en Inglaterra. Puede haber todavía problemas para los cuales es importante distinguir la tierra de los demás recursos, mas para la mayor parte de los problemas difícilmente puede interesar esta distinción. En la mayor parte de las situaciones que ahora tienen g importancia, la tierra, en cualquier sentido económico significativo, es indistinguible de las demás formas del capital.(...) Desde un punto de vista más general hay mucho que decir en favor de considerar como capital todas las fuentes de capacidad productiva. (...) La capacidad productiva humana puede sustituirse por capacidad productiva no humana, y aquella puede ser producida, mediante un coste, en lugar de esta última. De hecho, una de las características más notables del desarrollo capitalista es la tendencia a que una fracción cada vez mayor de la inversión total tome la forma de capital humano.(...) Aunque reconozcamos que todas las fuentes de servicios productivos pueden ser consideradas como capital, nuestras instituciones políticas y sociales llevan a admitir que es importante la distinción, para muchos problemas, entre dos amplias categorías de capital: el humano y el no humano".
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Para evitar una citación excesivamente larga hemos destacado lo esencial del argumento Friedmaniano. Y para rebatirlo, no nos detendremos en la cuestión de los tres, dos o un factor, ni en los condicionantes históricos de su conceptualización, que ya discutimos y aclaramos suficientemente. Vayamos directamente al argumento esencial: la cuestión de la sustituibilidad de los factores. Aceptamos la premisa: para distinguir significativamente en la economía (por el lado de la demanda) un factor de otro, es preciso que ellos no puedan considerarse sustitutivos perfectos en la producción. En efecto, si fueran perfectamente sustitutivos, no habría razones para diferenciarlos teóricamente, pues no estaríamos ante elementos cualitativamente diferentes sino sólo ante realidades de un mismo orden, que se pueden sumar, restar y combinar en términos de una misma y homogénea escala de medición. En tal caso, a la teoría económica interesarían solamente las cantidades y no las cualidades supuestamente diferentes. En nuestra conceptualización de los seis factores hemos partido del supuesto de que no son completamente sustituibles, y es por eso que hemos sostenido que factores económicos son aquellos elementos que hacen una contribución especial a la producción, que tienen una específica productividad, y cuya presencia es indispensable para que la producción se verifique. Si alguno de los factores pudiera ser completamente sustituído por otro su presencia no sería indispensable. Pero ¿no son acaso sustituibles los factores entre sí? ¿No pueden ser evaluados y medidos con una misma unidad y escala de medición?
Cuando M. Friedman responde afirmativamente a ambas preguntas está olvidando hacer dos distinciones decisivas. En primer lugar, la sustituibilidad de los factores puede entenderse en dos sentidos distintos. Uno hace referencia a las diferentes proporciones en que pueden combinarse los factores en una empresa; en efecto, atendiendo a este hecho, puede afirmarse que ciertas unidades de un factor pueden ser sustituidas por unidades de otro factor. Por ejemplo, reemplazar el trabajo de diez cargadores por una pala mecánica, o sustituir ciertos elementos del control administrativo por algún desarrollo del factor comunitario. Pero no puede reemplazarse completamente el trabajo o la administración: es necesario que éstos, como cada uno de los demás factores, esté presente y efectúe su específico aporte a la actividad económica para que la empresa pueda funcionar. Pues bien, sólo si un factor pudiera ser sustituido completamente, haciéndose innecesario lo específico de su aporte a la actividad de la empresa, podríamos sostener que él es perfectamente sustituible
y que desde el punto de vista de la demanda podría no diferenciarse del otro. Mientras así no suceda, habrá siempre un mercado de ese factor, pues los demandantes deberán solicitarlo y convocarlo especialmente, como también deberán disponer de los medios de remuneración correspondientes. En el pasado hubo economías con menos factores -y menos mercados de factores- y quizás se diferencien en el futuro otros factores y otros mercados. En la actualidad podemos hablar de cinco o de seis mercados de factores.
En segundo lugar, los distintos factores pueden ser tratados con una misma unidad de medida sólo en el sentido que de ellos es posible establecer un equivalente en términos de la unidad de medida propia de la categoría organizadora; por ejemplo, unidades monetarias, unidades de tiempo de trabajo, unidades de información, etc. Pero esto en ningún caso significa que los factores sean de hecho— homogéneos y que formen parte de un mismo mercado. El hecho que tanto los automóviles como el pan y los servicios domiciliarios tengan precio monetario no autoriza a pensar que no pueda distinguirse el mercado del pan del mercado de los automóviles.
Es claro, pues, que la diferenciación de los seis mercados de factores tiene relevancia desde el punto de vista de la demanda. Que también la tiene desde el punto de vista de la oferta es aún más fácil de reconocer, pues los ofertantes de cada uno de estos factores son sujetos que asumen una cierta identidad social precisamente por el hecho de ser aportadores de ellos. Cuando M. Friedman asegura que la división "tripartita" de los factores fue una consecuencia de los problemas sociales de mayor importancia en la época en que se desarrolló la teoría clásica no está proporcionando un argumento contrario a dicha subdivisión; al contrario, está poniendo en relieve -sin comprenderlo adecuadamente- que esa división tripartita correspondía a una distinción real de factores por el lado de la oferta. Nosotros podemos sostener hoy que efectivamente son distinguibles en la economía y en el mercado seis realidades sociales diferentes, que participan en la economía con intereses, aspiraciones y objetivos distintos vinculados a los aportes, funciones y modos de remuneración especiales que representan. En cuanto realidades sociales relativamente homogéneas internamente y diferenciables unas de otras, los seis conjuntos de factores constituyen las principales fuerzas que participan en esa correlación general de fuerzas que es el mercado, y lo hacen desde posiciones y en espacios económicos claramente discernibles.
Ahora bien, no es suficiente discernir los factores para distinguir específicos mercados para cada factor. En efecto, la individuación del mercado de un factor y su distinción respecto de otro consiste en distinguir un mercado y no un factor. Con esto queremos decir que distinguimos específicos mercados sólo allí donde vemos anudarse, en torno a un cierto centro, una multiplicidad de relaciones e interacciones que dan lugar a una peculiar correlación de fuerzas. En este caso, el centro de referencia para esas múltiples fuerzas y relaciones es precisamente un determinado factor; en torno a él, muchos sujetos despliegan sus fuerzas, dando lugar a fenómenos de conflicto y de integración. Por cierto, esas correlaciones de fuerzas, esos conflictos e integraciones, no están aislados de otros similares anudamientos de fuerzas; pero cada uno de ellos es distinguible por la densificación de las relaciones y por el hecho que se hacen presentes en dicho mercado fuerzas especiales (que no siempre participan, o que no lo hacen con la misma extensión e intensidad, en los otros mercados). Obviamente, en el mercado del trabajo participan los trabajadores, y en el mercado del factor financiero participan los ahorrantes y financistas, con grados de presencia claramente diversos y discernibles.
Cada uno de estos anudamientos de fuerzas que interactúan con especial intensidad, cada uno de estos mercados "factoriales”, es distinto de los otros. Algunos serán más conflictivos y otros más integrados; la composición, la estructura y organización interna, el modo de funcionamiento y el dinamismo de cada uno de ellos, depende de un conjunto de condiciones y elementos propios y distintivos. Así, podemos distinguir los seis mercados de factores también por estas diferencias cualitativas que los economistas convencionales, por haber reducido el mercado a solas relaciones de intercambio y a abstractas variables homogéneas de oferta y demanda, no pueden ver. Nosotros las observaremos seguidamente.
También tiene relevancia teórica la pregunta por la cantidad de mercados de productos. Desde la economía convencional la respuesta se ve simple: los productos aparecen como una inmensa variedad de mercancías (bienes y servicios) que sirven para satisfacer la vasta gama de necesidades y deseos humanos. Por ello existen innumerables mercados de productos que pueden agruparse en distintos rubros, diferenciándose empíricamente, por ejemplo, el mercado de los alimentos, del vestuario, de los medios de transporte, etc. La distinción no involucraría criterios teóricos complejos más allá de la eventual consideración de la sustituibilidad de los productos.
Desde el punto de vista de la teoría económica comprensiva la cuestión adquiere otra densidad teórica, toda vez que la apreciación de los distintos tipos de relaciones económicas amplía enormemente los productos que se considera circulando en el mercado, y debido a la importancia teórica que —como consecuencia de esa ampliación- asume la clasificación de los distintos tipos de necesidades humanas. En efecto, la consideración de tipos cualitativamente distintos de necesidades humanas fundamenta una diferenciación de varios mercados de productos efectuada desde el lado de la demanda. Y considerando que la satisfacción de esas distintas necesidades requiere de bienes y servicios cualitativamente distintos, producidos y ofertados por diferentes sujetos y unidades económicas, la diferenciación tiene sentido también por el lado de la oferta.
Al examinar en la tercera sección el proceso de consumo proporcionaremos más completos elementos para distinguir estos distintos mercados de productos, en función de una clasificación teóricamente fundada de las necesidades y de los productos. Con aquellos antecedentes el lector podrá volver sobre la cuestión que aquí nos ocupa, y completar su análisis y comprensión. Por el momento bástenos señalar que podemos distinguir al menos cuatro significativos mercados de productos, en los que circulan bienes y servicios de tipos muy diferentes, y cuyas relaciones internas, anudamientos de fuerzas, sujetos participantes, grados de integración y conflictualidad, composición, estructura y dinamismos, son indudablemente distintos. Muy esquemáticamente: el mercado de bienes materiales orientados a la satisfacción de las necesidades fisiológicas, el mercado de bienes proteccionales orientados a la satisfacción de las necesidades de autoconservación y protección, el mercado de bienes relacionales y conviviales orientado a la satisfacción de las necesidades de convivencia y relación con los demás, y el mercado de bienes culturales orientado a la satisfacción de las necesidades espirituales.
39.- Las diferencias entre los mercados de factores y de productos no son sólo cuantitativas. Hay entre ellos diferencias cualitativas y estructurales que es indispensable conocer, y a partir de las cuales extraeremos muy importantes conclusiones.
Observemos una de estas diferencias a partir del mercado de un producto económico cualquiera, por ejemplo la leche. El mercado de este producto está constituido por personas naturales y por empresas; básicamente por todos los consumidores de leche, por un lado, y por todos las empresas que la producen y ofrecen en el mercado, por otro. Ahora bien, nosotros sabemos que las empresas están organizadas por diferentes categorías, y que son sus organizadores los que participan en el mercado representando a las empresas; así, y con mayor precisión, podemos decir que por el lado de la oferta participan las distintas categorías económicas organizadoras. Por cierto, forman parte de este mercado también los sujetos y unidades económicas que cumplen una función de intermediación -como los comerciantes, pero no sólo ellos- facilitando la comunicación y el contacto entre esos consumidores y productores.
En el mercado de factores también participan personas naturales y empresas. En cada uno de esos mercados se hacen presente por el lado de la demanda todos los sujetos que organizan empresas, esto es, las seis categorías económicas, y por el lado de la oferta, todos los sujetos que poseen y ofrecen el factor correspondiente. Tomemos como caso ilustrativo el mercado de la fuerza ‘ de trabajo. Este se encuentra conformando por todos los trabajadores —sujetos que poseen y ofertan sus fuerzas de trabajo, se encuentren o no actualmente ocupados- y por los sujetos que personifican las categorías Trabajo, Capital, Medios materiales, Tecnología, Administración y Comunidad. Son parte de este mercado también los sujetos y unidades que cumplen una función de intermediación entre esos distintos sujetos y empresas, facilitando la comunicación y articulación entre sus respectivas ofertas y demandas de trabajo.
Así, la diferencia entre el mercado de la leche (producto) y el mercado de la fuerza de trabajo (factor) es no sólo de composición, sino también de estructura. En el primero participan todos los consumidores del producto por el lado de la demanda, y las categorías económicas por el lado
de la oferta; en el segundo participan todos los aportadores de este factor por el lado de la oferta, y las categorías económicas por el lado de la demanda.
Esta diferente composición de los mercados de factores y de productos, tiene consecuencias teóricas y prácticas relevantes. Porque las fuerzas de la oferta y las fuerzas de la demanda Son, en ambos mercados, diferentes en cuanto al número de sujetos que las constituyen y al poder de mercado que pueda concentrar cada uno de ellos. Un mercado en que los ofertantes son pocos y más poderosos no puede operar igual que un mercado en que los ofertantes son muchos e individualmente poco poderosos; como no puede esperarse que operen del mismo modo un mercado en que los demandantes son pocos y más concentrados y otro en que los demandantes son muchos y disgregados.
No se trata solamente de cantidad de sujetos participantes, sino también del nivel de concentración, de la fuerza relativa y del grado de desarrollo de los mismos. En efecto, las categorías organizadoras son -—como sabemos- sujetos que a partir de un determinado factor que poseen han experimentado procesos de autonomización y universalización. Ellos han desarrollado especiales capacidades de dirección, organización y mando, y han tomado conciencia de sus propios intereses, llegando a ponerlos como objetivo de organizaciones complejas en función de los cuales han logrado subsumir y subordinar a los sujetos aportadores de los demás factores. Como consecuencia de ello, podemos decir que en el mercado de factores se hacen presente en condiciones especiales de fuerza y señorío. No sucede en igual medida en el mercado de productos, donde esos mismos organizadores enfrentan como contraparte a otros sujetos organizadores de empresas y a los consumidores, que permanecen como sujetos independientes no subordinados ni subordinables.
De este modo, la fuerza o debilidad que tienen y despliegan las personas naturales y las empresas son diferentes en los mercados de factores y de productos. A partir de estas diferencias en la fuerza relativa de los sujetos participantes podemos hipotetizar que también serán diferentes las motivaciones que los mismos sujetos tengan para relacionarse conforme a distintos tipos de relaciones económicas (y para adoptar las correspondientes figuras económicas), en unos y otros mercados .
Detengámonos un momento en esta última idea por la importancia teórica que presenta. El hecho que ciertas empresas prefieran proveerse de los factores que necesitan en base a relaciones de asignación jerárquica, o de cooperación, y al mismo tiempo que opten por ofrecer sus productos en base a estrictas relaciones de intercambio, incide no sólo en la lógica operacional de esas empresas sino también en la dinámica de los mercados de factores y de productos, y en sus respectivas eficiencias.
Tanto en el mercado de factores como en el mercado de productos las empresas y las personas pueden escoger ofrecer y demandar los activos a través de los varios tipos de relaciones económicas; pero las consecuencias que se sigan de esas opciones no tienen el mismo alcance para ofertantes y demandantes, en ambos mercados. Lo mismo puede decirse en lo que concierne a las categorías económicas como contraparte de las operaciones; en efecto, no es lo mismo relacionamos con ellas cuando operan como demandantes de los factores que poseemos, que hacerlo siendo nosotros demandantes de productos que ellas ofrecen. El impacto de estas opciones en el mercado de productos tendrá un sentido y un significado diferentes a los que tienen en el mercado de factores.
Cambia, finalmente, el sentido de la intermediación. No es igual la intermediación de factores que la de productos. Es distinto intermediar entre personas ofertantes y empresas demandantes, que entre empresas ofertantes y personas demandantes. Tampoco da lo mismo si las unidades de intermediación son organizadas por las fuerzas de oferta o por las de demanda, en unos y otros mercados.
No hemos completado aún el examen de las diferencias que presentan los mercados de factores y de productos en su composición, estructura y modo de funcionamiento. Volveremos sobre ello cuando abordemos la cuestión de la eficiencia, que no se manifiesta de igual modo en ambos tipos de mercado. Pero antes debemos considerar algunos aspectos especialmente significativos de los mercados de factores y observar algunas características propias de cada uno de ellos, que implican que entre los mismos mercados de factores existen también diferencias que merecen ser destacadas.
40.- Partamos enfocando como caso ilustrativo el mercado de la fuerza de trabajo. Los trabajadores enfrentan aquí diversas alternativas para colocar sus capacidades laborales, en la medida que estén presente en el mercado varias categorías demandando fuerza de trabajo. En teoría al menos, pueden colocar su fuerza de trabajo en empresas autogestionadas de trabajadores, en empresas de capitales, en empresas de renta, en empresas de administración pública, en empresas de tecnología o en empresas comunitarias. En la práctica tendrán que optar entre las demandas concretas que se les presenten.
Por otra parte, cada categoría organizadora de empresas puede convocar y demandar de diferentes maneras el factor trabajo que necesita, a saber, a través de los varios tipos de relaciones económicas: intercambios, donaciones, comensalidad, cooperación, tributaciones. asignaciones jerárquicas, etc. Puede ofrecer como recompensa diferentes tipos y cantidades de valores económicos. Así mismo, cada trabajador puede ofrecer su fuerza de trabajo a través de esas mismas variadas relaciones económicas, y exigir por su aporte diferentes tipos y cantidades de remuneraciones o recompensas.
Las operaciones económicas se realizarán concretamente cuando coincidan las opciones de los ofertantes y demandantes en cuanto al tipo de contraparte con el que están dispuestos a establecer relaciones, en cuanto al tipo de relaciones económicas que desean establecer, y en cuanto a las cantidades y características de las aportaciones y retribuciones que pretendan conceder. Las opciones que en esos sentidos se verifiquen tienen grandes consecuencias sobre el destino y desarrollo futuro, tanto del sujeto aportador del factor en cuestión como de la empresa que lo incorpora. Es muy distinto para un trabajador quedar en una empresa capitalista, en una empresa del Estado o en una empresa autogestionada de trabajadores, como es muy distinto para una empresa de cualquiera de esos tipos incorporar trabajadores a través de relaciones de intercambio, de cooperación o de asignación jerárquica. Y será muy distinto el lugar —central o periférico, autónomo o subordinado- que ocupen el trabajo y los trabajadores en la economía global, según la mayor o menor presencia de esos distintos sujetos y de esos distintos tipos de relaciones en el mercado de la fuerza de trabajo. Es, pues, de gran relevancia comprender este mercado en toda ésta su complejidad, como también conocer las causas y motivaciones que influyen en las alternativas que construyan y en las opciones que hagan los sujetos interesados.
En el mismo sentido deberá prestarse especial atención a la presencia y desarrollo que tengan (o que no tengan) las instancias de intermediación que operen en el mercado de la fuerza de trabajo, y que han de ser muy distintas según el tipo de relaciones económicas con que operen, y según intermedien las demandas de trabajo originadas en las empresas de capitales, de trabajadores, de renta, de administración pública, de tecnología o de comunidades. En efecto, aunque cumplan la misma función de poner en contacto oferentes y demandantes de trabajo, son y actúan muy diferentemente las agencias de empleo que operan en el mercado de intercambios, los organismos encargados de recibir y seleccionar las demandas y ofertas de empleo en el sector público, una bolsa cooperativa de trabajo como la que propusimos para intermediar fuerza laboral en el sector cooperativo, u otros instrumentos que cumplan similares funciones en los distintos sectores y circuitos económicos.
Análogas situaciones se dan en los otros mercados de factores. El mercado del factor financiero esta constituido por todos los sujetos que tengan ahorros o que estén en condiciones de generar y ofrecer recursos financieros, y por todos los sujetos que personifican las distintas categorías que organizan unidades económicas y que necesitan y demandan financiamiento para sus inversiones y operaciones. Forman parte de este mercado también los instrumentos de intermediación financiera, sea que estén insertos en el mercado de intercambios -como los bancos privados-, en el sector público -los bancos centrales y nacionales-, en el sector solidario -las cooperativas de ahorro y crédito, los fondos rotativos solidarios, las agencias que intermedian entre fundaciones donantes y organizaciones recipiendarias, etc.
Las personas que tengan ahorros y que dese en invertirlos tienen, pues, diferentes opciones: pueden colocar sus recursos financieros en cualquiera de los sectores económicos, estableciendo relaciones con las distintas categorías que demandan financiamiento para sus empresas. A la inversa, cada unidad económica puede pretender financiarse mediante flujos de dinero provenientes a través de las varias relaciones económicas, es decir, demandando créditos, subvenciones, donaciones, colocando acciones, bonos de cooperación, etc. Las motivaciones que tengan esos distintos sujetos para operar de uno u otro modo, o para privilegiar uno u otro tipo de contra parte, son diferentes, pero cada una de las operaciones que se realicen, cualquiera sea su modalidad, tiene efectos sobre las demás operaciones e impacta al conjunto del mercado financiero. En este se entrelazan, pues, las diferentes racionalidades y sectores económicos.
Las mismas consideraciones valen para los otros mercados de factores: de medios materiales, de tecnologías, de administración y del "factor C". Los tres últimos ameritan, Sin embargo, algunas observaciones adicionales.
El elemento constitutivo esencial del factor tecnológico es la información, el del factor administrativo es el poder, y el del factor comunitario la ayuda mutua y la solidaridad; por eso, los principales flujos que en los respectivos mercados se verifican son flujos de información, de poder y de solidaridad. Se trata en estos casos, evidentemente, de flujos menos visibles que los que se procesan en los otros mercados de factores, como son las actividades laborales, el dinero y los medios materiales. Esta menor visibilidad de los factores informático, directivo y comunitario pone ciertos obstáculos a la asimilación de sus movimientos y transferencias bajo la común denominación de "mercado", más aún cuando a este termino suelen asociarse ciertas connotaciones éticas y axiológicas no siempre positivas. Sin embargo, desde un punto de vista teórico no hay dificultad en hablar de un mercado de las informaciones, o de un mercado del poder, o de la ayuda mutua, toda vez que los entendemos en cuanto factores económicos que tienen una productividad y un valor económico definidos, y que efectivamente circulan entre los distintos sujetos económicos que los ofrecen y solicitan, ofertan y demandan, conforme a diferentes tipos de flujos y relaciones económicas.
Ahora bien, las características peculiares de estos factores menos materiales y más sociales y subjetivos, determinan modos de ser y de funcionar de sus respectivos mercados que son también especiales. El mercado del factor tecnológico está fuertemente condicionado por el hecho que transferir información no significa que el sujeto que la oferta y entrega pierda esa información en el mismo acto, sino que conserva la posesión de la misma. En otras palabra transferir información -y más en general, transferir tecnología- consiste en compartir su uso, esto es, en permitir que también otro sujeto pueda utilizarla. Lo que el ofertante de tecnología deja probablemente de tener al transferirla es sólo la exclusividad de su uso, sea en general o en ciertos espacios económicos particulares. Esto a menudo implica un costo, una pérdida para el que transfiere la información, pues su posesión exclusiva le proporciona un poder de negociación que disminuye cuando esa misma información es compartida por otros sujetos.
En el mercado del factor admínistratívo se da otra situación especial, derivada del hecho que en el se transfiere básicamente poder y capacidad de tomar decisiones. El poder y la capacidad decisional no son algo que se entregue como una cosa o como una información que queda luego a disposición del que la recibe. Así como en el mercado del trabajo se transfiere el ejercicio del trabajo y no las capacidades del trabajador, beneficiándose el que lo recibe de sus efectos y no de sus fuentes, así en el mercado de la administración se transfiere el ejercicio del poder pero no el poder mismo, que permanece en quien lo posee. Ahora bien, el que demanda y utiliza poder de otra persona pierde por ese mismo hecho algo de poder y capacidad decisional propios, al mismo tiempo que el que ejerce poder y toma decisiones en unidades económicas ajenas, aunque lo haga por cuenta del que lo contrata, ve acrecentarse su propio poder porque adquiere en esas unidades económicas algo más de poder para si, que eventualmente podrá hacer pesar en futuras negociaciones u operaciones. Esto significa que en el mercado del factor administrativo se tienden a establecer relaciones de dominación y subordinación entre las partes participantes, que normalmente se manifiestan en tensiones en torno a las autonomías y dependencias recíprocas de los distintos sujetos que intervienen. Consecuencia de ello es que en este mercado los que operan como demandantes suelen ser extremadamente cuidadosos en la selección de las contrapartes, y habitualmente operan en un ambiente reducido, es decir, con pocos sujetos que les merecen confianza porque los conocen personalmente o porque reconocen en ellos ciertas afinidades Culturales, ideológicas, políticas, o simplemente de amistad.
En el "mercado del factor C" suceden cosas aún más especiales. Igual que en el caso del factor tecnológico, el transferir "porciones" del factor comunitario no significa que el sujeto que las ofrece y entrega las pierda. Por más colaboración y ayuda mutua que uno entregue no disminuye la que puede aún ser entregada; pero no es sólo esto, pues en el caso de este factor el ofrecerlo y entregarlo a otro lo acrecienta también para sí, y no se produce una pérdida de valor económico por el hecho de compartirlo -como en el caso de la información- porque la posesión en exclusiva no implica ningún valor económico adicional. Lo que sucede es más bien lo contrario, pues el que coloca colaboración en una cierta actividad obtiene al mismo tiempo un incremento de la misma, análogamente a lo que observamos respecto a las transferencias del factor administrativo, en que el demandante de poder se ve obligado a compartir el propio con el que se lo ofrece. Sólo que en el caso del "factor C" no se establecen relaciones de dominio, subordinación y dependencia. Ciertamente, el mercado de este factor es muy especial, aunque comparte con todos los demás mercados de factores el que lo constituyan, por el lado de la oferta, todos los sujetos que hayan desarrollado y estén intencionados a ofrecer a otros su valor, y por el lado de la demanda, los sujetos organizadores de los distintos tipos de unidades económicas que se interesen por ocuparlo; como también el hecho de proceder en base a los mismos distintos tipos de relaciones económicas que observamos en cualquiera de los mercados, si bien en muy diferentes proporciones.
Cada uno de estos seis mercados de factores, además de sus posibles diferentes estructuras desde el punto de vista de las categorías y de las relaciones económicas que predominen en ellos, puede presentar diferentes grados de expansión y operar con mayores o menores niveles de eficiencia. Una misma economía puede tener un mercado de la fuerza de trabajo restringido y poco flexible y un mercado financiero amplio y muy ágil; o puede presentar un gran desarrollo del mercado de tecnologías junto a restringidos mercados del factor comunitario. O bien puede suceder que la composición interna de los distintos mercados -en cuanto a las categorías y relaciones económicas que lo configuren sea heterogénea, de modo que, por ejemplo, en el mercado financiero predominen el Estado y las relaciones de tributación y asignación jerárquica, mientras que en el mercado de la fuerza de trabajo estén más presentes el capital y las relaciones de intercambio. Diferentes alternativas son posibles en varios sentidos, por lo que surge la interrogante sobre cuáles Sean las combinaciones óptimas en orden al funcionamiento eficiente del mercado de i factores y de cada uno de sus mercados particulares. La cuestión presenta interesantes aspectos. Como es conveniente examinarla conjuntamente con el problema de la eficiencia en los mercados de productos, debemos todavía hacer presente algunos aspectos relevantes para la comprensión de estos últimos.
41.- Así como el mercado de factores define su composición, estructura y funcionamiento en relación al- proceso de producción, el mercado de productos lo hace en referencia al proceso de consumo. Del examen del consumo que haremos en la tercera sección surgirán importantes elementos que deberán ser tenidos en cuenta para comprender el mercado de productos. Para los efectos de nuestro problema actual, debemos adelantar algunos aspectos que tendremos ocasión de retornar y profundizar en ese momento.
Tenemos claro los bienes que fluyen, los sujetos que participan, y las relaciones económicas que integran el mercado de productos. Para comprenderlo en su funcionamiento debemos todavía prestar atención a ciertas peculiares características del comportamiento de los sujetos que participan en los mercados de productos, y a algunas significativas diferencias que se observan en los distintos mercados de productos.
Una primera observación deriva del hecho que los sujetos del consumo tienen ante sí una gama notablemente amplia de modos de satisfacer sus también múltiples requerimientos. Por un lado, las demandas en este mercado brotan de una multiplicidad prácticamente infinita -y cambiante- de necesidades, aspiraciones y deseos que tienen las personas naturales. Por otro lado, cada una de estas necesidades, aspiraciones y deseos puede ser satisfecha o cumplida no sólo por uno específico, sino por muchos productos, es decir, por bienes y servicios alternativos entre los que pueden escoger en cada ocasión los sujetos. Por un tercer lado, frente a tales necesidades y deseos los sujetos pueden en algunos casos incluso optar por no satisfacerlas, o por hacerlo en diferente momento, o postergar indefinidamente la satisfacción de algunas en vistas de satisfacer otras por las que tienen mayor interés. La sustituibilidad de algunos productos puede ser muy grande, mientras que en otros casos -menos numerosos— la necesidad es tan intensa y tan específicamente orientada hacia un tipo particular de productos que no hay sustituibilidad posible. En el contexto de la teoría de los precios la ciencia económica ha estudiado ampliamente este fenómeno bajo la noción de "elasticidad"; pero esta es sólo un aspecto del fenómeno.
En el mercado de factores veíamos una situación distinta. Las empresas necesitan y demandan factores determinados, en cantidades relativamente definidas, y conforme a combinaciones tales que los distintos factores son demandados en proporciones que varían lentamente en el tiempo. Ante la exigencia de aumentar la producción en cierta cantidad de unidades, las empresas deben incrementar conjuntamente la demanda de los distintos factores, conforme a la especifica combinación técnica con que operen. Los empresarios tienen márgenes de sustitución, y en el mercado de factores también se presentan "elasticidades"; pero normalmente, en cuanto a los principales factores se refiere, ello es posible dentro de marcos estrechamente delimitados, al menos en el corto plazo.
Todo esto implica que la demanda en los mercados de productos puede ser mucho más flexible, diversificada y cambiante que i en el mercado de factores. Las empresas elaboradoras y proveedoras de productos deben adaptarse a estas particulares condiciones de la demanda, en función de lo cual realizan, por ejemplo, un permanente esfuerzo por llevar al mercado nuevos y distintos productos.
Esto no significa, sin embargo, que la demanda sea completamente indeterminada. Por el contrario, ella se encuentra determinada, pero no en conformidad a un entrabamiento técnico que fije proporciones definidas en el uso de los productos, sino conforme a pautas culturales y de costumbres que, si bien a veces pueden ser aún más rígidas e inflexibles que el mismo entrabamiento técnico de los factores, habitualmente dejan márgenes bastante altos a las decisiones subjetivas y coyunturales de los consumidores. Puede haber y hay demanda conjunta de algunos productos -por ejemplo, de pelotas y zapatos de futbol, o de tomates, fideos y carne-, pero aunque se demandan conjuntamente muchos tipos de productos, rara vez sucede que los consumidores no tengan alternativas de productos y de combinaciones de ellos.
La cuestión de la "demanda conjunta", de la sustituibilidad y de la elasticidad en el mercado de productos presenta otras dimensiones que es importante destacar. Las personas, que son el sujeto último de la demanda de productos, tienen una versatilidad y capacidad de adaptación inmensamente mayor que las empresas, porque no es lo mismo la organización y la vida de un ser humano que la organización y el funcionamiento de una entidad económico-técnica. Sin embargo, así como las empresas no funcionan sin satisfacer sus seis requerimientos de factores, las personas no viven sin satisfacer sus cuatro principales tipos de necesidades: fisiológicas, de protección, relacionales y espirituales. Pero las combinaciones entre ellas que hacen las personas manifiestan un rango de variabilidad extraordinario, debiendo considerarse además que cada uno de esos "tipos" de necesidades incluye una variedad inmensa de éstas. Podemos expresar esto diciendo que si bien todos generamos esos cuatro tipos de demandas, su composición es tan heterogénea como heterogéneas son las necesidades, aspiraciones, deseos, gustos y capacidades de las personas.
Por otro lado, como hemos observado en varios lugares de este estudio, especialmente al examinar las racionalidades especiales de los sectores de intercambio, regulado y solidario, las personas y los grupos humanos pueden satisfacer estas necesidades Sea separándolas y subdividiéndolas de manera que dan lugar a una multitud de demandas específicas de bienes particulares, sea juntándolas y combinando para su satisfacción simultánea, dando lugar a diferentes formas de demanda conjunta. Volveremos sobre esto en la sección dedicada al estudio del consumo.
Otro aspecto importante de considerar para comprender el mercado de productos y sus diferencias con el mercado de factores dice relación con los sujetos que participan en él. En el mercado de productos, en efecto, no solamente circula una mayor cantidad y variedad de bienes que en el mercado de factores, sino que también participan muchas más personas naturales que en éste. En efecto, todas las personas -e incluso más ampliamente, todos los sujetos, individuales o colectivos que sean- necesitan consumir productos y son, por tanto, demandantes de bienes y de servicios producidos económicamente. Los niños, los ancianos, las personas inactivas económicamente por diversos motivos, aunque no hagan ningún aporte a la economía, participan en el mercado de productos; todos estos sujetos que no son poseedores y aportadores de factores no forman parte, en cambio, del mercado de factores. Introduzcamos una palabra que no es inmediatamente necesaria para nuestro razonamiento, pero que nos sugiere y prepara para un tema que examinaremos luego: en el mercado de productos tienen derecho a participar -y efectivamente lo hacen en alguna medida, pues si no fuera así dejarían rápidamente de contarse entre los sujetos porque morirían- todas las personas por el hecho mismo de serlo, mientras que en el mercado de factores tienen derecho a participar -aunque no siempre participen de hecho- quienes están en condiciones de ofrecer bienes o servicios utilizables en la economía.
Esta situación ha sido escasamente advertida por los economistas, que por lo mismo han tendido a confundir la teoría de la remuneración de los factores con la teoría de la distribución. Tal confusión es consecuencia (y a la vez causa que la refuerza) de la estrechez del concepto de mercado que utiliza normalmente la ciencia económica. Ahora bien, para poder unificar la teoría de la remuneración de los factores con la teoría de la distribución económica se han visto obligados a considerar como consumidores a las familias y no a las personas naturales. Al proceder así, no se hace tan patente que los demandantes en el mercado de productos son más que los ofertantes en el mercado de factores.
Pero ¿por que el hecho de que haya más demandantes en el mercado de productos que ofertantes en el mercado de factores representa un problema para la teoría económica convencional? En primer lugar, porque sólo reconoce en la teoría de la distribución las relaciones de intercambio, en base a la cual se supone que participan en el mercado sólo quienes hacen aportes o tienen activos económicos que intercambiar por otros; problema que se agrava aun para aquellas teorías que parten del supuesto que los intercambios se efectúan siempre entre activos de valor equivalente. En efecto, si todo el proceso de circulación. se basara en relaciones de intercambio, sólo participarían del producto quienes hayan obtenido medios de pago como remuneración por su aportación de factores. En segundo lugar, porque la teoría económica ha estado orientada por el supuesto de que la circularidad económica implica situaciones y condiciones de equilibrio general, que dejan de ser explicables si se introduce la noción de que en el mercado de productos participan sujetos que no han obtenido remuneraciones ni ingresos en el mercado de factores.
Nuestros análisis y reflexiones nos han llevado a enfatizar y sacar a luz las profundas diferencias existentes entre los mercados de factores y de productos. Diferencias de composición, de estructura, de funcionamiento. En sus comienzos la ciencia económica enfatizó también esta distinción dividiendo la economía en dos partes: la teoría del valor y la teoría de la distribución. La evolución posterior de la disciplina ha pretendido unificarlas, integrando en base a pocos conceptos que se presentan comunes en ambas partes una "teoría del equilibrio general" que básicamente consiste en explicar unidamente los precios de los factores y de los productos (el sistema de precios), y manteniendo la distinción entre mercado de factores y mercado de productos como útil exclusivamente para enfocar algunos problemas particulares del mercado del trabajo y del mercado de capitales.
Entre dos extremos, por un lado el de separar la teoría del valor (como fenómeno a explicarse en el proceso de producción) y la teoría de la distribución (como fenómeno específico del proceso de circulación), y por otro lado el de formular una sola teoría que explique la formación de los precios (a la que se ha querido reducir el proceso de circulación) independientemente de si se trata de los precios de los factores o de los productos, nosotros sostenemos un punto de vista que integra las exigencias que están a la base de ambas tendencias. Comprendemos y relevamos las profundas diferencias de composición, estructura y funcionamiento de los mercados de factores y de productos, que nos llevan no a separar pero sí a diferenciar aspectos que efectivamente exigen análisis especiales. Pero no por eso dejamos de comprender el mercado determinado como un sistema de fuerzas integrado, en el que todos sus elementos se encuentran conectados e interactuando.
42.- Al terminar este capítulo puede ser útil comparar el esquema básico de la circulación tal como lo presenta la economía convencional, con uno que exprese su estructura esencial tal como resulta de nuestro análisis. En el esquema convencional podemos ver dos grupos de sujetos -empresas y familia-, conectadas por dos mercados -de productos por un lado y de factores por el otro-, en cada uno de los cuales se distingue un flujo real y un flujo monetario de retorno. Así:
Figura l5
En los términos de nuestro análisis distinguimos tres tipos de sujetos —los aportadores de factores, las empresas y los consumidores- conectados también por flujos de factores y productos, que, procediendo por varios tipos de relaciones económicas, configuran los mercados de factores y productos. La conexión entre ambos mercados no es en principio una Conexión circular, sino lineal; y no se cierra directamente al nivel de los mercados, sino mediante los procesos de producción y de consumo. Gráficamente:
Figura 16
En éstos gráficos se pueden observar las siguientes diferencias entre ambos modelos teóricos:
a) Mientras en el primer esquema el sujeto "familias" engloba tanto a los aportadores de factores como a los consumidores (en otras versiones del gráfico se identifica éste sujeto como "público", término que por su indeterminación también sirve para ocultar la diferencia que hay entre los aportadores y los consumidores), en el segundo se los distingue netamente, y no sólo porque hay consumidores que no son aportadores de factores sino, más conceptualmente, porque lo que define ambos tipos de sujetos es la distinta función que cumplen en la economía y su diferente ubicación en la estructura relacional del mercado.
b) Mientras en el primer esquema los mercados de factores y de productos se distinguen por los bienes que circulan en ellos (factores o productos) que son entendidos como materialmente distintos, y no por los sujetos que participan en el mercado, que serían en ambos mercados las familias y empresas, en el segundo esquema ambos mercados se distinguen ante todo por los sujetos (en ambos están las empresas, pero en uno están los aportadores de factores y en otro los consumidores), y también por los bienes económicos que fluyen. De acuerdo con este modelo, los sujetos y los bienes que participan en los dos mercados, aunque sean -lo son en parte- los mismos materialmente, son distintos formalmente, en cuanto quedan definidos por el lugar que ocupan y por las relaciones que establecen en el mercado.
a) Mientras en el primer esquema el elemento explicativo esencial de la circularidad está dado por la existencia de dos flujos simultáneos —uno real y otro monetario-, en el segundo esquema la distinción entre flujos reales y monetarios no tiene igual relevancia. En éste los flujos monetarios son considerados en ambos mercados, en la medida que se utilice el dinero como medio de pago; reconociéndose existencia a esta circularidad, la consideración de los otros tipos de relaciones económicas pone de manifiesto que la circularidad restringida del circuito de intercambios constituye sólo una parte de la circularidad global que se verifica en la economía, la cual no está dada por la correspondencia de los flujos real y monetario. Dicho de otro modo, mientras en el primer gráfico la circularidad se completa directamente al nivel de los flujos de circulación, en el segundo se deja insinuado (porque no es fácil representar visualmente esta idea) que la circularidad se completa mediante las transformaciones que experimentan los bienes económicos, tanto en el proceso de producción como en el de consumo, que determinan que la utilización de los productos da lugar a la reproducción de factores, mientras la utilización de los factores da lugar a los productos. Pero si bien con los factores se producen productos y con los productos se reproducen factores, la circularidad no está, "cerrada" sino abierta, porque entran a la economía recursos que Se convierten en factores nuevos, y porque entran al mercado necesidades que se convierten en demandas, sin que inicialmente tales factores estén valorizados monetariamente ni que éstas demandas estén sostenidas por poder de pago.
Podría creerse que estas diferencias entre ambos esquemas son debidas exclusivamente al hecho que para la economía convencional tomamos el esquema simple de la circulación, que no incluye el sector público. Aunque tener en cuenta el esquema ampliado no cambia lo esencial de las diferencias anotadas. es conveniente compararlo con otro equivalente que resulta de nuestro análisis, y en que se consideran los flujos que se verifican entre los tres sectores: de intercambios, regulado y solidario. En ninguno de los casos considerarnos el sector externo, pues su inclusión no altera la comparación entre los dos paradigmas ni. introduce elementos esenciales dignos de destacarse.
Figura l7
Figura 18

[1] Este concepto de mercado incluye y comprende unidamente los procesos que la economía convencional ha separado con los términos "distribución" y "redistribución" ( y también "asignación" y "reasignación"). Esa distinción deriva de considerar como asignación y distribución los flujos y transferencias de factores, productos e ingresos tal como resultan del funcionamiento del mercado de intercambios, mientras que la re-distribución y re-asignación es entendida como las modificaciones que se verifican en esos resultados como consecuencia del operar de políticas públicas y de otras relaciones económicas. Desde el momento que nosotros hemos integrado en el concepto del mercado y de la circulación todos los flujos y transferencias, considerando los distintos tipos de relaciones económicas por las que proceden y sus permanentes influencias recíprocas, la distinción convencional se nos hace innecesaria. Todo el proceso a través del cual se distribuye la riqueza producida socialmente, cualquiera sean los caminos y los sujetos que intervengan en esa distribución, es parte del proceso general de circulación económica y de distribución. En la realidad no existe primero una distribución mediante intercambios y luego una redistribución mediante las otras relaciones, sino que todos los flujos y transferencias se dan entremezclados, estando unos circuitos afectados por los otros permanentemente. Dicho de otro modo, nuestro concepto de distribución incluye tanto la distribución como la redistribución según la economía convencional
[2] La distinción "material" entre productos y factores no es posible porque la produción es el resultado de la combinación de factores, de modo que los productos son siempre, en alguna medida, factores combinados; a su vez, los factores no Se presentan como "puros" en la medida que sean a su vez producidos, esto es, cuando son el producto de alguna precedente combinación de factores. Esta observación merece ser ulteriormente reflexionada, pues nos introduce en toda la complejidad del encadenamiento y la circularidad de la economía, que puede comprenderse cabalmente sólo Si definitivamente se asume una perspectiva metodológica no mecanicista que ponga énfasis en el carácter objetivo―subjetivo y relacional de las realidades económicas.
[3] M. Friedman,
Teoría de los Precios, Alianza Editorial, Madrid 1972, págs. 245-247.