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RENOVACIÓN Y DESARROLLO DEL COOPERATIVISMO.

 

Una “Tribuna” no es el lugar apropiado para hacer un análisis exhaustivo del tema. Tratándose de una revista cuyos lectores adhieren a las ideas cooperativas y participan de algún modo en la práctica del Cooperativismo, parece innecesario ocupar el espacio en argumentar que el Cooperativismo puede hacer una contribución importante al desarrollo; cuestión sobre la cual se ha abundado, por lo de más, en los números anteriores de Chile Cooperativo. Podría ser útil enfocar el tema desde el punto de vista de lo que podamos entender por un “desarrollo alternativo”, perspectiva en la cual ha de repensarse –en mi opinión- el problema del aporte potencial del Cooperativismo al desarrollo nacional. En términos de desarrollo alternativo, la interrogante sobre el aporte del Cooperativismo engloba en uno solo dos de los temas más debatidos: el específico de la contribución que pueda hacer al desarrollo, y el de sus potencialidades de inserción en un proceso de cambio y transformación en la perspectiva de una sociedad distinta. Así planteado, el tema es demasiado amplio, pues no puede ser tratado sin introducir conceptos teóricos nuevos, al nivel de la ciencia económica, de la concepción del desarrollo, del proyecto democrático.

Pero una tribuna puede ser un buen lugar para abrir polémica (y así, de paso, recuperar un poco el sentido de este método de búsqueda intersubjetiva, que lamentablemente se ha venido olvidando y perdiendo en nuestro dividido país). Entonces, voy a proponer algunas afirmaciones duras y conflictivas; pero debo antes precisar el punto de vista desde el que las hago, pues el Cooperativismo ha sido tan golpeado y criticado en estos años por sus adversarios, que los cooperativistas han debido justamente cerrar filas en su defensa y en su reafirmación.

Debo precisar entonces que me cuento entre los que aman el Cooperativismo, la autogestión y otras formas de economía solidaria; soy de los que tienen fe en sus realizaciones, en sus valores y en sus potencialidades; y mantengo viva la esperanza en su desarrollo y en el despliegue de todas sus virtualidades latentes, en beneficio del hombre y de la comunidad.

Planteo, pues, algunas constataciones e interrogantes, que son las mismas con las que comencé mis estudios y elaboraciones sobre estos temas, hace ya varios años.

A nivel del fenómeno cooperativo en general, la constatación crítica es que, no obstante el desarrollo efectivamente alcanzado en todo el mundo, el Cooperativismo ha manifestado límites y crisis en su crecimiento, y no ha llegado a imponerse como sujeto histórico dotado de efectiva capacidad de dirección de los cambios económicos y políticos. Y no obstante sus altos valores morales y el elevado consenso social que ha logrado como sujeto real de acción económica, social y cultural, el Cooperativismo se ha mantenido en un plano subordinado respecto a las grandes tendencias tanto del mercado como de la cultura y la acción social transformadora.

Al nivel de las unidades o empresas cooperativas, también se manifiestan algunas debilidades y flaquezas que les dificultan su crecimiento en un contexto de competencia con las empresas de tipo capitalista. Hay ciertos problemas recurrentes: una insuficiencia crónica de capitales propios, junto a dificultades para conseguir financiamientos crediticios; un escaso dinamismo comercial; insuficiente movilidad de algunos factores productivos, y en particular del factor trabajo; retardo en la asimilación de innovaciones tecnológicas; problemas de gestión, en términos de asegurar la real participación de sus integrantes, y de alcanzar al mismo tiempo la adopción de decisiones eficientes y oportunas (en tiempo útil) equilibrando las exigencias de seguridad y conservación con las necesidades de riesgo e innovación.

Dificultades aparecen también en las organizaciones de segundo y tercer grado, esto es, en el proceso de integración entre Cooperativas al nivel de la formación de un movimiento y de un sector económico-social cooperativo. Aquí las dificultades se refieren principalmente a la fijación de políticas generales que sean al mismo tiempo concretas; o sea, que incidan en el desarrollo de la cooperación en su conjunto, beneficiando también a cada una de las unidades organizadas. En tal sentido, tienden a generarse confusiones entre las funciones de representación y aquéllas de coordinación operacional para actividades económicas conjuntas.

Todos estos son problemas serios, que debemos reconocer como reales y actuales. Estoy convencido, además, de que los cooperativistas los conocen muy bien por experiencia directa, y que a menudo los reconocen en sus instancias propias de reflexión y evaluación. Pero tales conocimiento y reconocimiento suelen hacerse en “tono menor”, atribuyéndose las causas a obstáculos externos o a deficiencias organizativas de tipo práctico, muchas veces puestas en relación con limitaciones humanas o con un escaso desarrollo de la conciencia y de la ética cooperativista. Pero no se pone suficientemente el análisis en problemas de naturaleza más estructural, al nivel de la lógica operacional interna de las organizaciones cooperativas como tales en la forma en que históricamente se ha sedimentado y consolidado su práctica.

Lo anterior, puede expresarse de otro modo, diciendo que es tan fuerte y profunda la valoración que se hace del Cooperativismo como alternativa económica válida y superior, que la observación y el análisis de las insuficiencias que manifiesta empíricamente no llega al nivel de suscitar un cuestionamiento más de fondo a su teoría y a su práctica.

Pues bien, si pensamos el tema del desarrollo desde una perspectiva alternativa, que lo concibe centrado en el hombre y en la comunidad, como potenciamiento de las capacidades individuales y comunitarias para el mejoramiento de la calidad de vida y para la satisfacción de las necesidades humanas en su integridad, no cabe duda que el Cooperativismo es una forma económica más eficiente que otras. En efecto, las formas capitalista y estatista podrán ser capaces de producir mayor cantidad de bienes materiales, pero generan agudos problemas de exclusión y subordinación, y son altamente deficitarias en términos de justicia o de libertad, lo que en definitiva significa un escaso desarrollo si lo entendemos del modo integral indicado.

Pero esto no justifica las insuficiencias y limitaciones propias del Cooperativismo. Mi hipótesis –que he venido desenvolviendo a lo largo de sucesivas investigaciones y estudios- es que el Cooperativismo puede desplegar una renovada eficiencia económica y nuevas fuerzas propias de respuesta a la crisis económico-social contemporánea, y hacer un aporte sustancial a un proceso de transformación histórica de la sociedad; pero ello supone enfrentar –en la teoría y en la práctica- sus insuficiencias y limitaciones en los tres niveles que señalamos.

Todo indica que el Cooperativismo tiene energías internas capaces de llevarlo a superar sus problemas y limitaciones por la vía de una renovación tanto organizativa como intelectual; renovación que no implica abandonar ninguno de sus contenidos y formas esenciales constitutivos, sino por el contrario alcanzar un más coherente despliegue de su propia racionalidad económica, al nivel de empresa, de sector y de proyecto de transformación.

Más coherentemente, los desafíos principales de la hora son:

* Repensar la empresa cooperativa, en vistas de alcanzar un modo de operación más eficiente, no sólo manteniendo, sino incrementando aún la coherencia con los fundamentos esenciales de la cooperación, a saber, el carácter dirigente y central del trabajo, la gestión participativa y autogestionaria, las relaciones internas de solidaridad y comunidad.

* Repensar las articulaciones entre todas las unidades que componen el sector cooperativo, de modo de alcanzar formas superiores de coordinación e integración, profundizando también aquí la coherencia con el modo de ser, de relacionarse y de actuar inherente a las empresas cooperativas, respecto de los cuales toda instancia de coordinación y representación debe entenderse como una prolongación o ampliación.

* Repensar el proyecto cooperativo global y las perspectivas transformadoras del movimiento, habida cuenta de las nuevas condiciones de crisis existentes en la sociedad así como los deferentes desarrollos alternativos emergentes en los niveles tecnológico, organizativo, social y cultural.

 

                                                                                                                                                                                      Luis Razeto M.

 (Artículo publicado en la Revista CHILE COOPERATIVO, Sección 'TRIBUNA', Julio-Agosto, 1986).

 Para profundizar el tema de este artículo recomendamos el libro EMPRESAS COOPERATIVAS Y ECONOMÍA DE MERCADO, de Luis Razeto, al que puede accederse desde este enlace:

https://www.amazon.com/EMPRESAS-COOPERATIVAS-ECONOM%C3%8DA-MERCADO-Spani...