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PROLOGO A LA SEGUNDA EDICIÓN

1. Reeditar después de varios años un estudio sobre experiencias concretas de organización popular comporta un gran riesgo, porque la vida sigue su marcha y las organizaciones cambian, generando nuevas iniciativas y procesos. El riesgo es todavía mayor cuando a lo dicho se agregan dos circunstancias que conciernen especialmente a esta investigación. La primera es que el fenómeno que analizamos presenta acentuadas características de heterogeneidad e inestabilidad a nivel de sus manifestaciones particulares, de manera que el correr del tiempo no puede dejar de pesar en su evolución, modificándolo. La segunda, es que esta investigación fue la primera que se hizo sobre este fenómeno social considerándolo como un todo provisto de significado de conjunto y de sentido unitario; entonces pudimos contar solamente con relatos previos de carácter descriptivo limitados a experiencias muy locales y a un solo tipo de organizaciones. Ahora existen, en cambio, abundantes materiales bibliográficos.

En aquellas circunstancias nos atrevimos a proponer una interpretación de conjunto relativa a la experiencia que intentamos sistematizar, según la cual estábamos en presencia de un tipo “nuevo” de organización popular, dotado de un sentido unitario y coherente, capaz de alcanzar una cierta identidad social. Así lo enunciamos ya en la primera página de la introducción. Allí está el reconocimiento de que “se trata de una realidad experimental, heterogénea, oscilante y precaria en sus manifestaciones, constituida a través de múltiples y dispares iniciativas y actividades”; y la afirmación de que “sin embargo configuran, en su conjunto, un proceso organizativo provisto de un sentido relativamente unitario y coherente, que se mantiene a lo largo de las sucesivas fases y momentos que ha tenido”. Está también la propuesta del nombre “nuevas organizaciones económicas populares”, y el propósito de “identificarlo con el máximo de precisión posible, definiéndolo por su naturaleza, objetivos y características propias, y diferenciándolo de otros procesos organizativos con los cuales mantiene puntos de contacto o comparte algunos rasgos”.

Pero lo importante a que quiero llegar es lo que afirmábamos inmediatamente después, que nos remitía hacia el futuro –a una fecha como la actual-: “Tal esfuerzo de identificación del fenómeno no consiste en una simple operación de definición teórica, sino que, más ampliamente, se proyecta en un proceso de toma de conciencia de la propia identidad por parte de las organizaciones y personas que lo constituyen. Este proceso –decíamos- es aún incipiente, de modo que nuestra formulación conceptual constituye una anticipación teórica de una realidad no perfectamente perfilada”. Sintetizábamos el contenido más fuerte de tal anticipación en la nota de pie de página. “Lo que nos parece incipiente y no perfectamente perfilado, se refiere específicamente a lo que este proceso organizativo puede significar como germen de una nueva estructura de la acción popular transformadora, como proceso organizativo alternativo capaz de proyectarse con autonomía, lo cual permanece aún como una hipótesis que ha empezado a asomar en algunos sectores y que –como expondremos más adelante- en cierto modo compartimos”.

Aunque la primera edición de este libro se agotó pronto, no podíamos reproponer su lectura sin haber hecho las cuentas respecto a aquella arriesgada y desde entonces muy discutida “anticipación teórica”. Parece ser ahora la oportunidad de hacerlo, también porque queremos sugerir –con este propósito- algunas nuevas hipótesis para el futuro.


2. Teniendo en cuenta el desarrollo posterior de las organizaciones y las nuevas iniciativas y experiencias que han diversificado aún más el fenómeno ¿se sostiene aún hoy nuestra tesis sobre la unidad de todas ellas, en el sentido de que forman parte de un mismo proceso organizativo de características peculiares y propias? Desde que lo planteamos, el problema se ha debatido bastante, pero a menudo se lo ha entendido mal, como si se tratase de “optar” por la heterogeneidad y diversidad o por la unidad e integración.

Heterogeneidad y unidad no son conceptos de un mismo nivel. La realidad es siempre heterogénea, de esto no cabe ninguna duda. No hay dos experiencias iguales. Las situaciones sociales de sus integrantes, los problemas específicos de cada organización, las etapas vividas, el modo de su formación, sus relaciones con otras organizaciones y con las instituciones de apoyo, las ideas que tienen y guían el accionar de los integrantes de los grupos, las formas organizativas, los tipos de actividad que realizan, etc., son propios de cada grupo y por lo tanto distintos de caso a caso. Esta inmensa heterogeneidad debe ser reconocida –y también valorada por lo que significa como experimentación social de iniciativas populares creativas-, y puede dar lugar a la formulación de diferentes tipologías, como la que propusimos en este libro.

Saber, en cambio, si todas estas variadas experiencias y formas organizativas pueden ser concebidas unidamente y entendidas como parte de un mismo proceso y fenómeno social, consiste en identificar los aspectos, características y elementos que son comunes a ellas, y después de eso, en ver si esos aspectos y elementos que tienen en común son suficientes como para fundar una cierta identidad compartida que permita considerarlas y referirnos a ellas como un todo, al menos en relación con algunas preguntas importantes.

Entendiéndolo así, creemos que nuestra anterior afirmación de la unidad del fenómeno puede ser reiterada y profundizada. Reiterada porque observamos que los mismos rasgos en base a los cuales individualizamos el fenómeno se han mantenido e incluso acentuado, perfilando aún más nítidamente su modo de ser y sus características. Profundizada porque la multiplicación de las experiencias durante los años recientes permite comprender mejor sus rasgos propios y la racionalidad que comparten también con experiencias similares que se han desarrollado en provincias y en zonas rurales, y que podemos reconocer incluso en análogas experiencias que se han dado en otros países latinoamericanos.

Podemos, pues, perfeccionar el “perfil de personalidad” de este proceso organizativo, considerando las siguientes características compartidas:

a) Son iniciativas que se desarrollan en los sectores populares, entre los pobres del campo y la ciudad; han alcanzado una mayor extensión en las poblaciones marginales de las grandes ciudades, pero no se trata de un proceso puramente “poblacional”.

b) Son experiencias asociativas, que involucran a grupos de personas y/o de familias; se trata de “pequeños grupos” o de “comunidades”, señalando con ello que no se trata de multitudes anónimas ni de “masas” populares sino de asociaciones cuyos integrantes son fácilmente individualizables.

c) Son iniciativas organizativas que dan lugar a organizaciones, lo cual supone que explícita o informalmente el grupo se plantea objetivos precisos, se da una estructura y procedimientos para la adopción de decisiones (y normalmente una directiva), programa sus actividades, asigna tareas, maneja recursos, etc.

d) Son iniciativas surgidas para enfrentar un conjunto de carencias y necesidades concretas, de aquellas que habitualmente se considera como necesidades económicas: alimentación, vivienda, trabajo, salud, ingresos, ahorro, etc., y que se presentan como apremiantes porque los recursos de que se dispone para satisfacerlas son escasos; en este sentido se trata de organizaciones económicas, pero se ha de tener en cuenta que en ellas sus integrantes buscan satisfacción a necesidades individuales y sociales que van más allá de la subsistencia fisiológica, a saber, a necesidades de convivencia y relación con los demás, de capacitación y desarrollo cultural, de identidad y autonomía social, de integración crítica a la sociedad y de participación, etc. Lo económico adquiere aquí un sentido muy amplio, y las organizaciones concretas están lejos de ser “economicistas”.

e) Son organizaciones que buscan satisfacer estas necesidades y enfrentar los problemas de sus miembros a través de una acción encaminada directamente a resolverlos, o sea, mediante el propio esfuerzo y con la utilización de los recursos que para tal propósito logren juntar; aún cuando ocasionalmente puedan sumarse a iniciativas de carácter reivindicativo, o de denuncia y protesta social, lo propio de estas experiencias es la búsqueda de soluciones mediante la auto-ayuda y el desarrollo de las propias capacidades.

f) Son iniciativas que implican relaciones y valores solidarios, en el sentido de que las personas establecen aquí lazos de ayuda mutua, cooperación o solidaridad recíprocas, no como algo accesorio o secundario sino como inherente al modo en que se busca satisfacer las necesidades y desplegar las actividades propias de la organización; esto implica reconocer en el funcionamiento del grupo las necesidades de las personas, sus limitaciones individuales, su dignidad, sus derechos y sus propias características individuales.

g) Son organizaciones que quieren ser participativas, democráticas, autogestionarias y autónomas, en el sentido de que el grupo de sus integrantes se considera como el único llamado a tomar decisiones sobre lo que se hace, derecho que resulta del esfuerzo y del trabajo que cada uno y el grupo en su conjunto realizan: aunque de hecho los grupos tengan que experimentar variadas formas de dependencia y sujeción respecto a sujetos externos, lo que resaltamos aquí es que las decisiones deben ser de un modo u otro legitimadas al interior del grupo, con un criterio de participación democrática o de autogestión.

h) Son organizaciones que no se limitan a un solo tipo de actividades, sino que tienden a ser integrales, en el sentido de que combinan actividades económicas, sociales, educativas, de desarrollo personal y grupal, de solidaridad, y a menudo también de acción política y de pastoral religiosa. Por esto la relación entre los beneficios y los costos, entre los objetivos y los medios, trasciende un cálculo estrictamente cuantitativo, y el concepto de eficiencia asume una dimensión especial.

i) Son iniciativas en las que se pretende ser distintos y alternativos respecto del sistema imperante (definido como “capitalista”, “individualista”, “consumista”, “autoritario”, etc.), y aportar aunque sea en pequeñísima escala a un cambio social en la perspectiva de una sociedad mejor o más justa.

j) Son experiencias que, nacidas en los sectores populares para enfrentar sus necesidades, habitualmente son apoyadas por actividades de promoción, capacitación, asesoría, donación de recursos, etc., que realizan instituciones religiosas u organizaciones no-gubernamentales interesadas en el desarrollo social, cultural, político, económico, espiritual o humano integral de los sectores populares.

Hay que agregar que estos diez elementos compartidos por tantas organizaciones económicas populares no obstante la heterogeneidad de sus formas y modalidades concretas, no son características secundarias y de menor importancia en ellas, sino que se presentan inherentes a su modo de ser, a las razones de su formación, a su manera de funcionar y a los criterios con que toman las decisiones.

Por cierto, cada una de estas características, o varias de ellas independientemente, las podemos encontrar en muchos tipos de experiencias y organizaciones distintas, pero lo distintivo de las O.E.P. es que no sólo las comparten todas en algún grado significativo, sino que en ella estas características se refuerzan unas con otras, se solicitan, se combinan diríamos casi por necesidad. Dicho de otro modo, los diez elementos señalados parecen formar parte de una racionalidad especial, de una lógica interna sustentada en un tipo de comportamientos y de prácticas sociales distinto de otros con los que se podrían comparar; por ejemplo, distinto al de las organizaciones sindicales, al de las organizaciones reivindicativas de masas, a las pequeñas empresas y negocios del llamado “sector informal” de la economía, a los movimientos campesinos, etc. Si quisiéramos encontrar elementos comunes a todos estos fenómenos sociales tendríamos que descubrirlos en características más externas y menos centrales de sus respectivos modos de ser y de actuar.


3. La cuestión de la unidad que exista entre estas variadas experiencias se vincula estrechamente a la cuestión de su identidad. El matiz de diferencia entre ambas cuestiones es que, mientras con la primera tratamos de precisar los elementos y características comunes a ellas, con la segunda nos preocupamos por la posibilidad de que en ellas se desarrolle un sentido de pertenencia a un proceso organizativo especial considerado como “propio”. Esto último supone el tomar conciencia de esos rasgos compartidos y el desplegar esfuerzos tendientes a estrechar relaciones entre las experiencias distintas, de modo de resaltar y proyectar los intereses, aspiraciones y objetivos inherentes al propio modo de ser y de actuar.

Así entendida, la identidad de estas organizaciones consiste en el desarrollo de aquel proceso que auspiciamos y en cierto modo inauguramos con nuestra investigación, de toma de conciencia colectiva de lo que ellas son y de sus potencialidades, o sea, un conocerse a sí mismas en lo que tienen en común y en lo que pueden llegar a realizar consideradas en conjunto. La identidad es, así, el proceso de un sujeto social que se constituye a sí mismo, resistiendo y luchando al mismo tiempo contra las fuerzas que quisieran su disgregación y desconstitución.

Lo que ha sucedido con las O.E.P. desde fines de 1982 –fecha hasta la cual consideramos en el libro la evolución del proceso organizativo- puede ser analizado desde esta perspectiva, y aporta relevantes elementos para comprender mejor la cuestión de la identidad. Por de pronto, la capacidad que el fenómeno muestre de permanecer en el tiempo y de crecer aún cuando se modifiquen las circunstancias externas es una señal de importante de su potencial de identidad. En tal sentido, en los años recientes y en la actualidad se puede constatar una expansión notable de las O.E.P en su conjunto y en varios de sus tipos principales, como se observa en la información actualizada que presentamos en la segunda parte. De 494 organizaciones catastradas en Santiago en noviembre de 1982 se subió a 702 en marzo de 1984, y a 1.103 en julio de 1985. Tal crecimiento no puede sino calificarse como extraordinario, y es aún más notable si consideramos que en el mismo período se ha de contabilizar una significativa expansión del fenómeno hacia provincias.

Más allá del crecimiento cuantitativo importa considerar los contenidos cualitativos del fenómeno, las líneas de su evolución en un contexto social, económico y político cambiante. Porque las O.E.P han debido desarrollarse desde entonces en un nuevo contexto nacional y popular que las condiciona y en el que también ellas participan activamente. En tal nueva situación las O.E.P., con su específico modo de ser y de actuar, han sido “puestas a prueba” en el sentido que se han encontrado sometidas a fuertes tensiones y a precisas solicitudes que podrían haber desdibujado aquella identidad en formación. Aún más concretamente, se han verificado cambios a nivel de las varias condiciones básicas que las hicieron surgir.

En efecto, se ha dado en este período un resurgimiento de la vida política, con la formación de acción pública de partidos y agrupaciones políticas amplias, que han desplegado actividades significativas. No podría decirse que se ha mantenido la desmovilización, atomización y desorientación como en años anteriores, sino que ha habido reorganización, surgimiento de nuevas formaciones políticas, discusión abierta de líneas a seguir, e incluso importantes ofensivas de acción. A nivel poblacional se ha manifestado lo que podríamos considerar como una explosión de reivindicaciones largamente contenidas, que se ha expresado en formas de lucha de masas: las protestas, las tomas y campamentos, etc.; hay acción poblacional intensa, en torno a la cual se han constituido variadas agrupaciones, y en que los pobladores son protagonistas.

Por otro lado, si bien la crisis económica ha mantenido sus efectos agudos sobre las condiciones de vida popular, se han dado cambios no despreciables a nivel del modo de operación económica, ya no se deja al puro mercado de intercambios la asignación de los recursos y distribución de los ingresos; el Estado es más interventor, muchos han postulado el término de la era de los Chicago Boys. Como consecuencia de todo ello, si bien no puede decirse que haya habido una reactivación de la economía, algunos sectores han tenido repuntes reales, y los índices de desocupación –manteniéndose en niveles extraordinariamente altos- han mostrado una persistente tendencia a la baja.

Otro hecho que pudo haber afectado el fenómeno O.E.P y su identidad es la disminución de las donaciones en dinero, alimentos y otras formas de apoyo material que se canalizan hacia estas formas organizativas. Paralelamente a esto se ha visto una intensificación de la acción del Gobierno y de las Municipalidades en las poblaciones, ofreciendo diversas formas de asistencia e incluso promoviendo algunos tipos de organizaciones para enfrentar la subsistencia, tales como las microempresas y los huertos.

A pesar de todos estos cambios en el contexto, cambios que debilitan aquellas que fueron indudablemente las causas de su aparecimiento desde hace ya doce años, las O.E.P han continuado desarrollándose y aumentando, tanto en número de organizaciones como de integrantes. Este crecimiento cuantitativo está acompañado de algunas tendencias cualitativas que en alguna medida son nuevas.

Con respecto a la composición humana y social de las organizaciones cabe destacar, por un lado, alguna mayor presencia de hombres y de jóvenes participantes, y a menudo, de grupos familiares completos. Por otro lado, una creciente participación de personas con niveles de escolaridad y capacitación técnica más elevados, que buscan también solucionar sus problemas y necesidades por esta vía de la organización solidaria. Lo dicho ciertamente no altera el cuadro general que muestra en la O.E.P. una amplia predominancia de mujeres provenientes de los sectores y grupos más desvalidos.

Otra tendencia que se ha manifestado en este período es una mayor articulación entre los aspectos y actividades económicas con los aspectos organizativos y sociales. Muchas O.E.P. han participado activamente en diversas movilizaciones sociales, en protestas, en acciones de representación ante Municipalidades, etc. Lo económico y lo organizacional, como dos aspectos que a veces tienden a disociarse porque las exigencias de ambos son absorbentes, llegan así a vincularse más estrechamente. Este es, sin embargo, un proceso difícil que es preciso comprender en su complejidad. El desarrollo de las luchas sociales y de la politización ha impactado también a las O.E.P. en su funcionamiento interno y en sus actividades específicas para enfrentar problemas económicos. De ahí que una expresión característica del período sea el difundirse de organizaciones que tienen una mayor cobertura poblacional, en el sentido de que pueden agrupar conjuntos más amplios de personas y familias; es el caso de las ollas comunes y de los comprando juntos. De ahí también que en algunos casos las organizaciones corren el riesgo de desarticularse y disgregarse, asumiendo un carácter más masivo y -consecuentemente- reivindicativo.

Para evitar este peligro a veces los grupos reaccionan acentuando la especificidad de las O.E.P como organizaciones económicas, y también acentuando las posiciones autonomistas y de rechazo a las instrumentalizaciones externas. La tensión que se produce entre lo económico y lo organizacional a veces se expresa en importantes diferencias de opinión y en discusiones, pero en general puede decirse que se avanza hacia una mejor articulación entre lo económico, lo social, lo organizativo y lo cultural, que, como vemos, es uno de los rasgos distintivos de este modo peculiar de organización y acción popular.

En cuanto a la acción y funciones de las instituciones de apoyo, pueden observarse algunas situaciones nuevas. Ya no aparece como tan necesaria su actividad promotora y de animación para la formación de nuevos grupos, que surgen ahora más espontáneamente. Es más importante, en cambio, la asesoría y el apoyo a las organizaciones existentes; pero como éstas son más, muchas O.E.P. han podido contar con menos apoyo, debiendo enfrentar sus problemas cada vez más con sus propias fuerzas y recursos. Se aprecia también un incremento del interés de las instituciones del llamado sector “académico informal” por el fenómeno de las O.E.P., respecto al cual se han hecho y siguen proyectándose trabajos de investigación y de apoyo técnico, en la línea de la denominada “investigación-acción”, y en el ámbito de las “tecnologías socialmente apropiadas”.

Puede señalarse también que desde la aparición de este libro ha habido una importante difusión de las O.E.P. como proceso organizativo. Se han efectuado investigaciones y publicaciones, han aparecido en los medios de prensa, boletines y micromedios, se han hecho videos y diapofilms sobre algunas experiencias. La misma sigla O.E.P. se ha divulgado, y es actualmente utilizada por muchos para referirse a este fenómeno particular, incluso en el extranjero. En otras palabras, estas organizaciones han salido más a la luz pública , despertando un creciente interés, especialmente entre los sectores democráticos y socialmente comprometidos. Este interés es, sin embargo, todavía insuficiente en importantes sectores intelectuales y políticos, que se demoran en reconocer los profundos cambios que se están produciendo en los modos de pensar, de sentir, de relacionarse, de organizarse y de actuar, en los sectores populares, que buscan nuevas formas de participar como protagonistas en la superación de sus problemas.

Finalmente, cabe destacar que se han realizado en este período numerosos encuentros, seminarios, jornadas y reuniones, patrocinados habitualmente por instituciones de apoyo, en los que distintos conjuntos de organizaciones económicas populares de un mismo tipo, o de distinto tipo pero de una misma zona o lugar geográfico, han podido intercambiar sus experiencias, reflexionar sobre los problemas y sobre las potencialidades de sus organizaciones, programar soluciones compartidas y proyectar actividades conjuntas. A través de estas diferentes iniciativas las O.E.P han venido dando pasos significativos en la perspectiva de su coordinación, en vistas de desarrollar conjuntamente funciones necesarias y de alcanzar algún grado de integración y representatividad social. De más está recalcar la importancia que un tal proceso puede tener en relación con el fortalecimiento de una identidad compartida.

4. Estas perecen ser las principales tendencias que se han venido manifestando en relación con este proceso organizativo, desde la primera edición de nuestro estudio. De ellas podemos tomar pie para continuar la reflexión sobre la cuestión de la unidad e identidad del fenómeno; cuestión que, en todo caso, permanece abierta y sobre la cual no es posible aún pronunciar ningún juicio definitivo. Lo más que podríamos afirmar por el momento es que aquella anticipación teórica que hicimos a finales de 1982 no ha sido desmentida por los hechos, sino que más bien encuentra algunos nuevos elementos en que apoyarse.

Pero la cuestión de la identidad de las O.E.P. tiene aún otra dimensión sobre la que también podemos avanzar ahora nuevos elementos. Desarrollar un sentido de identidad supondría que todas estas organizaciones tengan y profundicen aquellas características que les son comunes y las definen; y además de ello supondría que ellas se inserten progresivamente en un proyecto compartido desde el cual puedan hacer su aporte a la transformación social y al desarrollo. Porque la identidad la adquieren los sujetos sociales no sólo en la conciencia de lo que han sido y de lo que son, sino también en la perspectiva de lo que quieren ser y hacer, o sea, de los ideales y fines que orienten su accionar y que llegando a ser comunes a todas ellas las van unificando y proyectando hacia el futuro.

En el ámbito de lo social, una realidad es lo que está llegando progresivamente a ser; su esencia íntima no está dada por su pasado, ni está siempre en el presente sino que a menudo se encuentra en construcción y se precisará en el futuro, siempre que por esto se entienda que se trata de algo que está en constitución separándose lentamente de las realidades distintas en que se encontraba inmerso ya antes; por eso, lo dicho es especialmente válido para las realidades sociales nuevas, alternativas, transformadoras.

El estudio y comprensión de estas realidades implica, pues, considerar simultáneamente lo que son (como resultado de su pasado e historia anterior) y sus potencialidades (que nos hacen entrever lo que serán cuando vayan completando y madurando su esencia propia, su identidad). Ahora bien, las potencialidades de alguien –de un sujeto, organización o movimiento- se pueden descubrir sólo si lo consideramos en la perspectiva de un proyecto respecto al cual esas potencialidades sirven y pueden desplegarse; a la inversa, las potencialidades latentes o dormidas de un sujeto resultan activadas cuando ese sujeto se pone en tensión y en acción hacia objetivos conocidos y queridos.

Es por esto también que el descubrir la identidad y las potencialidades de estas organizaciones supone estar interesados en su desarrollo, adherir a sus experiencias y vivencias, quererlas y buscar realmente su expansión y potenciamiento, y no verlas con prejuicios, desde fuera, en la perspectiva de un proyecto que se quiera imponerles o en función del cual se buscará instrumentalizarlas.

La cuestión de la identidad se proyecta a la cuestión de las potencialidades y de las perspectivas. Aparecen aquí como tema importante de reflexionar de nuevo, después de cumplida otra fase del proceso organizativo, las que denominamos como hipótesis interpretativas: aquellas hipótesis “mínima, “intermedia” y ”máxima” con las que resumimos los principales enfoques que había entonces en torno al significado, el valor y el potencial de las O.E.P.


5. Podemos afirmar hoy que tales hipótesis mantienen plena vigencia, en el sentido que siguen siendo esos los enfoques e interpretaciones predominantes que son sostenidos por los diferentes sujetos que se aproximan a las experiencias sea desde acciones de apoyo o directamente como participantes. Lo mismo creemos que puede afirmarse sobre el grado de validez que les atribuimos y sobre los referentes empíricos en que se sostienen. La “previsión de mediano plazo” con que concluimos la exposición también se ha visto confirmada: el proceso organizativo ha continuado expandiéndose sin superar visiblemente su precariedad, salvo en casos particulares, y ha ido perdiendo aquellos aspectos y orientaciones que lo vinculan a la hipótesis mínima, mientras ha venido fortaleciendo aquellas líneas de tendencia que favorecen su inserción dentro de las otras dos hipótesis interpretativas; “proceso éste que probablemente implique el desarrollo de una cierta conflictualidad ideológica al interior del fenómeno (en las organizaciones e instituciones), siendo en definitiva la orientación que prevalezca en tal debate ideológico la que predomine en el proceso organizativo práctico”.

Pero el panorama interpretativo no permanece el mismo que era, pues han surgido nuevas ideas y se han verificado interesantes desarrollos a nivel de los varios enfoques principales. Tal proceso intelectual –que se proyecta lentamente a nivel de la conciencia colectiva de todos los interesados en el fenómeno de las O.E.P.- puede entenderse como el despliegue de ciertas variantes a las tres hipótesis; se trata de ideas y perspectivas nuevas que, manteniéndose en los marcos globales de las tres hipótesis, implican una evolución en las mismas, que en los tres casos comportan alguna ulterior valoración positiva del significado y de las potencialidades de las organizaciones económicas populares.

La variante de la hipótesis mínima (que sostiene el carácter coyuntural y transitorio del fenómeno y que le reconoce validez sólo en el marco de las actuales condiciones socio-políticas vigentes en Chile), corresponde a la observación de que las experiencias económicas solidarias probablemente perdurarán por algunos años después de una recuperación democrática, debido a que las condiciones en que se encuentra la economía son tan graves que no sería realista esperar que ni el Estado ni la reindustrialización serían suficientes para resolver la gravedad de los problemas sociales existentes; así, los sectores marginados y excluidos continuarán sirviéndose de organizaciones solidarias de subsistencia, que incluso podrán tener algún incremento de su eficacia en la medida que operen bajo condiciones más favorables –económicas, políticas, jurídicas- que las que han tenido hasta ahora.

La variante a la hipótesis intermedia (que vincula las O.E.P. al proceso más amplio de organización y movilización popular que le da sentido, y que ve en ellas una fase provisoria destinada a insertarse en un proceso de politización), corresponde a la consideración que muchos hacen en el sentido de que los procesos históricos contemporáneos indicarían que las respuestas tradicionales del movimiento popular frente al capitalismo deben ser profundamente renovadas, revalorizando la democracia, apuntando hacia un socialismo más descentralizado, renovando la propia ideología, cuestionando los roles tan centrales que en la transformación se atribuía a la clase obrera, al Estado, a las formas de propiedad. En esta perspectiva se ha llegado a revalorizar estas organizaciones económicas populares, más que por su aporte intrínseco, por sus potencialidades para renovar el movimiento social y llegar a constituir un sujeto activo en él, capaz de aportar al movimiento popular y democrático en su conjunto algunas importantes lecciones: la participación real, la búsqueda de la autonomía, relaciones más horizontales entre dirigentes y dirigidos, la importancia de lo cotidiano en la política, etc.

La variante a la hipótesis máxima (que ve en las O.E.P. gérmenes de una nueva manera de organización y una nueva estructura de la acción transformadora que avanza hacia la implementación de relaciones humanas y económicas alternativas superiores), corresponde a una serie de aportaciones intelectuales que se han hecho en la perspectiva convergente de una “economía de solidaridad” y de un sector de empresas alternativas basadas en relaciones y valores de cooperación, solidaridad y autogestión; de un “desarrollo alternativo” entendido como autodesarrollo de los sectores sociales subordinados y basado en el uso de recursos locales y en la creatividad social, en vistas de la recuperación a niveles locales y comunitarios del control sobre las propias condiciones de vida; de las “tecnologías apropiadas” como búsqueda de formas nuevas de resolver los problemas técnicos de modo que sean adaptadas a la disposición social de recursos y que favorezcan la superación de los problemas ecológicos crecientes; y de la “evangelización de la cultura, la economía y la política en la perspectiva de una civilización del amor”, como orientación que surge para la acción social de la Iglesia y de los cristianos. En la óptima de tales convergentes y complementarios proyectos, el proceso de las organizaciones económicas populares adquiere una dimensión muy especial como uno de los posibles portadores embrionarios de los valores, comportamientos, relaciones y prácticas sociales requeridos para su realización histórica.

Si es efectivo que entre los interesados en el proceso se ha verificado en los años recientes una cierta conflictualidad ideológica que tiene como fundamento los enfoques resumidos en las tres hipótesis, no es menos cierto que el desarrollo de las nuevas ideas y “variantes” mencionadas manifiestan una cierta convergencia entre los distintos puntos de vista, en base a la cual puede realisticamente esperarse un diálogo fructífero que lleva a una creciente comprensión de las limitaciones y de las potencialidades presentes en el proceso práctico.

Ahora bien, cualquiera sea el enfoque con que nos aproximemos a estas experiencias, y cualquiera sea la hipótesis o la variante que interprete mejor nuestro punto de vista, estas organizaciones podrán hacer su contribución frente a los problemas reales y actuales en vistas de un proceso hacia una mejor sociedad, sólo si ellas existen, se perfeccionan, van superando sus variadas y grandes dificultades, consolidan su identidad y se desarrollan; y todo ello no depende tanto de concepciones y opciones globales sino de acciones concretas, de las pequeñas decisiones y actividades que a diario se van tomando en cada grupo, del compromiso real que asumen sus integrantes y las personas que las apoyan, del trabajo que se haga, de los encuentros de reflexión, de las reuniones de coordinación, etc. Nuestras reflexiones nos hacen volver, pues, hacia las cuestiones prácticas, y en particular a la búsqueda de la eficiencia –en conformidad con la peculiar y distinta racionalidad que les es propia- tanto en las actividades internas de las organizaciones como en aquellas que se despliegan desde las instituciones de apoyo y de servicio.

Para quienes no participan en este proceso organizativo y lo miran sólo desde lejos pero están interesados y comprometidos en la elaboración y búsqueda de caminos para un proyecto democrático, para un nuevo Chile, permítasenos concluir formulando algo que podría ser un mensaje que hacia ellos emerge desde las O.E.P.: un proyecto es verdaderamente democrático en la medida que sepa acoger las aspiraciones de los sectores populares, y que logre integrar sus experiencias, el modo como han hecho frente a la crisis, la forma de enfrentar los problemas y las necesidades básicas y humanas en general.

Las O.E.P. y muchas otras experiencias asociativas, cooperativas, comunitarias y de desarrollo local tanto urbanas como rurales, hacen una contribución importante a la construcción de la democracia, desde ahora mismo, sin esperar que se produzcan los tan deseados cambios políticos de fondo. La democracia no puede ser impuesta desde arriba, en forma autoritaria. Es necesario que las ideas democráticas, los comportamientos democráticos, y las organizaciones democráticas, estén profundamente radicados en la vida del pueblo y de la sociedad, para que la democracia sea estable y verdadera. Por esto la multiplicación de organizaciones, grupos y comunidades de base de diferentes tipos debe reconocerse como un aporte profundo y duradero para la democratización de la sociedad.

Es un proceso lento pero esencial de formación de un tejido democrático nuevo, de base, mediante el cual se van superando tanto la atomización y el individualismo como sus correlatos dialécticos de la masificación y el autoritarismo. Es un proceso que ha costado y sigue costando sacrificios y esfuerzos innumerables, y que merece ser protegido no sólo frente a sus adversarios sino también de las propias iniciativas entusiastas pero a menudo apresuradas de quienes ansían resultados más rápidos y espectaculares.

Luis Razeto M.


ANOTACIÓN PRELIMINAR A LA PRIMERA EDICIÓN

Esta investigación es, verdaderamente, obra colectiva. En ella participaron activamente muchas personas, diferentes grupos. Cuando elaboré el proyecto inicial, no hice sino expresar y darle forma a una demanda de conocimiento que provenía de varias organizaciones de base e instituciones de apoyo, y que podría sintetizarse en la frase: “debemos sistematizar nuestra experiencia”. Sin duda, es una expresión riquísima, variada, intensa, que cada persona y cada grupo ha vivido en parte, pero sintiéndose integrantes de un mismo proceso.

La “recolección de la información” consistió fundamentalmente en la comunicación de estas experiencias que configuran una práctica social impregnada de reflexiones, de conocimiento, de elementos de teoría concreta. Nosotros, el equipo de investigadores, recogimos asimilamos, ordenamos, reflexionamos como grupo e individualmente. Nuestra elaboración recoge también el aporte de otros investigadores, especialmente del Programa de Economía del Trabajo, pero también de otras instituciones dedicadas igualmente al estudio de la realidad social chilena.

Si la investigación fue así colectiva, este texto expresa sólo muy parcialmente la reflexión y el conocimiento que en su desarrollo fue acumulándose. Todas las limitaciones son atribuibles a nuestra insuficiente capacidad de sintetizar la multiplicidad de las informaciones y conocimientos recibidos.

Es preciso, además, dejar constancia que el texto resultante no es el fruto de un acabado consenso al interior del equipo de investigadores; no todas las afirmaciones, conceptos y elaboraciones teóricas son compartidas entre nosotros. Conviene, entonces, precisar que escribí los capítulos de la primera parte, aunque su contenido fue elaborado en equipo incluyendo ideas, correcciones, reflexiones y aportes decisivos de cada uno de los investigadores. A su vez, la confección definitiva de la segunda parte fue trabajo de Apolonia Ramírez y Roberto Urmeneta.

Si publicamos este libro no es porque consideremos terminado nuestro trabajo; por el contrario, lo que pretendemos es entregar a la consideración de quienes son los sujetos reales de la experiencia, un resultado provisorio, para su discusión, para la motivación de nuevas reflexiones y búsquedas, para seguir en la que debe ser una tarea constante de comprensión de un proceso que continúa adelante generando todos los días nuevas informaciones, experiencias, conocimientos. Nuestra investigación, de hecho, sigue en marcha con los mismos propósitos.

Por otra parte, lo que aquí publicamos no es el texto completo de la investigación. Hemos decidido excluir una extensa parte en que se analiza la experiencia particular de las distintas instituciones de apoyo a las Organizaciones Económicas Populares, así como también el Catastro general de éstas y los estudios en profundidad de algunos casos específicos. No consideramos oportuna su divulgación, pero dicho material está a disposición de las organizaciones, instituciones y grupos que son los sujetos de tales experiencias específicas.

Para terminar, dejo constancia de nuestro agradecimiento a todos los que, de un modo u otro, contribuyeron a la realización de este trabajo. Muy especialmente al Departamento de Zonas de la Vicaría de la Solidaridad; a los que trabajaron en el COMSODE y la Fundación Cardijn, a los equipos de solidaridad de las Vicarías Norte, Oeste, Oriente, Sur, Centro y Rural Costa; a los trabajadores de MISSIO, JUNDEP, ACE, FASIC, AVEC, CETAL y otras instituciones de apoyo; y a todos los integrantes de las múltiples organizaciones económicas populares que generosa y confiadamente nos enseñaron sus experiencias.

A la Inter-American Foundation, que financió el proyecto de investigación, y a sus representantes en Chile que nos ayudaron concretamente en su realización con importantes sugerencias y su estímulo permanente, un reconocimiento especial.


Luis Razeto M.
Responsable de la investigación.

 


INTRODUCCIÓN

1. Propósitos de la Investigación

Este trabajo es una síntesis de los principales resultados de una investigación colectiva, tendiente a comprender, cuantificar, evaluar y detectar las perspectivas de desarrollo, de un fenómeno social y organizativo complejo que se ha verificado al interior de los sectores populares urbanos, en el contexto de los procesos económico-políticos que se iniciaron en Chile con la instauración del régimen militar en septiembre de 1973. Al fenómeno en cuestión lo hemos denominado con una expresión genérica: “la experiencia de las nuevas organizaciones económicas populares”, conscientes de que se trata de una realidad experimental, heterogénea, oscilante y precaria en sus manifestaciones, constituida a través de múltiples y dispares iniciativas y actividades, y que sin embargo configuran, en conjunto, un proceso organizativo provisto de un sentido relativamente unitario y coherente, que se mantiene a lo largo de las sucesivas fases y momentos que ha tenido. (1)

Un primer e importante aporte a la comprensión del fenómeno consistirá, pues, en identificarlo con el máximo de precisión posible, definiéndolo por su naturaleza, objetivos y características propias, y diferenciándolo de otros procesos organizativos con los cuales mantiene puntos de contacto o comparte algunos rasgos. Tal esfuerzo de identificación del fenómeno no consiste en una simple operación de definición teórica, sino que, más ampliamente, se proyecta en un proceso de toma de conciencia de la identidad por parte de las organizaciones y personas que lo constituyen. Este proceso es aún incipiente, de modo que nuestra formulación conceptual constituye una anticipación teórica de una realidad no perfectamente perfilada. (2)


Además de identificar el fenómeno, nos ha interesado distinguir en su interior las distintas formas organizativas, actividades, grupos y modalidades de acción que lo constituyen. La variedad y heterogeneidad de sus manifestaciones impone la exigencia de elaborar una cierta tipología, una clasificación de las organizaciones y experiencias, en conformidad con una serie de criterios y variables que las determinan y condicionan en su funcionamiento y evolución. La individualización de tales criterios y variables decisivas constituye, por sí misma, un resultado de la investigación.

Hemos considerado importante, también, cuantificar el fenómeno, esto es, medir el grado de su desarrollo, tanto en su conjunto como respecto de sus diferentes modalidades organizativas. Cuántas organizaciones y de cuáles tipos han existido, cuál ha sido su estabilidad y su nivel organizativo, cuántas personas han formado parte del proceso, con qué grado de integración y en cuáles organizaciones determinadas, qué volumen de actividades ha sido desplegado y con cuáles resultados, con qué ritmo han evolucionado las diferentes formas organizativas, y cuál es la consistencia y extensión que ellas tienen actualmente, son las mediciones que hemos tratado de efectuar –en un estudio limitado al Gran Santiago- (3), no tanto con el afán de disponer de datos completos y detallados, sino con la intención principal de identificar las tendencias manifestadas por estas organizaciones durante el período 1974-1982, de relacionar los momentos de su evolución con las sucesivas coyunturas económicas y políticas y de comprender sus ritmos y sus ciclos de crecimiento, repliegue y consolidación.

Para comprender el fenómeno ha sido igualmente necesario considerar las características sociales, culturales y económicas de las personas y grupos que forman parte de este proceso organizativo e identificar asimismo las motivaciones y aspiraciones que los llevan a integrarse, que son muy heterogéneas, pero que ciertamente han de tener algunos elementos compartidos y comunes a todos en la medida en que confluyen a darle forma y contenido a un mismo tipo de organizaciones y actividades. En relación con esto, será necesario igualmente examinar el grado de cumplimiento o satisfacción de tales aspiraciones y motivaciones, así como los logros efectivos que los integrantes alcanzan en lo económico, social y cultural, por medio de sus propias acciones y organizaciones.

Otro aspecto importante que nos ha ocupado en la investigación, se refiere a la acción de las instituciones y organismos que han apoyado este fenómeno organizativo, a través de una serie de servicios de promoción, capacitación, asistencia, etc., cumpliendo en su desarrollo una función decisiva. Nos interesará especialmente referirnos a los objetivos de su acción, a las funciones que cumplen y su respectiva necesidad, a las orientaciones de su actividad, a las influencias que ellas ejercen en las organizaciones y en el conjunto del proceso, con los problemas que se pueden haber generado y los modos de su superación.

Con respecto al funcionamiento y accionar de las organizaciones mismas, nos ha preocupado especialmente identificar y analizar los problemas y dificultades que han debido enfrentar en su desarrollo, y las formas en que han intentado resolverlos y superarlos. Se distinguirán al respecto los problemas internos de las organizaciones como también los que se presentan en sus relaciones con otras instancias sociales, sean ellas económicas, sociales, jurídicas, políticas o culturales. Y en relación con esto, nos propusimos examinar las transformaciones que han experimentado estas experiencias en el período, sea como resultado de exigencias de sus miembros y de procesos internos a ellas, como de influencias externas o resultado de su dinámica de adaptación al mercado y al contexto social e institucional.

Del examen de los problemas y dificultades intentamos acceder a la comprensión de las posibilidades efectivas que estas organizaciones tengan de superarlos, a través de su propia acción o mediante algún proceso de reorientación y búsqueda de perspectivas nuevas, en el cual pueden cumplir un papel importante las instituciones de apoyo. El resultado principal que pretendemos con ello alcanzar, es la identificación de las condiciones de viabilidad, crecimiento y autonomización de las organizaciones, los requisitos mínimos de un funcionamiento estable entre ellas, y las condiciones óptimas para el despliegue del máximo de sus potencialidades.

Ahora bien, el propósito y la preocupación de fondo que está presente en estos esfuerzos de conceptualización, clasificación, cuantificación, caracterización de sus integrantes, identificación de las tendencias, problemas, condiciones de viabilidad, funciones de las instituciones de apoyo, etc., consiste en la comprensión del sentido –en la doble acepción de la palabra: significado y dirección- de este fenómeno y proceso organizativo que se viene gestando y desarrollando al interior de los sectores populares y de las clases subordinadas, en conexión con la acción de agentes pastorales (religiosos y seglares), grupos intelectuales, movimientos políticos, profesionales independientes, instituciones de servicio y agencias para el desarrollo social. Por qué surgen estas organizaciones, a qué necesidades responden, qué importancia tienen o pueden llegar a tener en el desarrollo de las clases subordinadas y del movimiento popular, cuáles son las potencialidades que tienen de expandirse y ampliar su aporte al enfrentamiento de los problemas sociales más agudos, qué roles pueden ellas cumplir en un proceso de promoción cultural, social y político de los sectores populares, y en el desarrollo de mentalidades y comportamientos democráticos. Son interrogantes cruciales, que se plantean de hecho las personas, grupos e instituciones que forman parte o están vinculadas al proceso en cuestión, y cuya respuesta no es fácil ni segura, pues estamos frente a un fenómeno nuevo, aún precario en su desarrollo, de surgimiento relativamente espontáneo, que no se despliega bajo una conducción unificada sino que tiene diferentes centros que lo impulsan y promueven con distintas perspectivas e ideas orientadoras.

Definidos así los propósitos generales del presente estudio, y en el entendido que no pretendemos darles cabal y completo cumplimiento sino hacer una contribución a su logro, es oportuno que nos refiramos brevemente a algunas cuestiones metodológicas.

2. Algo sobre el método

Las características del fenómeno estudiado y los particulares objetivos que nos propusimos alcanzar con la investigación, nos plantearon la necesidad de aproximarnos e introducirnos en el objeto (sería mejor decir sujeto) de estudio con una metodología especial, difícilmente enmarcable en alguna de las disciplinas científicas.

Podemos hacer referencia al hecho de que las organizaciones económicas populares no han sido hasta ahora objeto de estudios sistemáticos, de manera que existe un muy escaso material bibliográfico del cual partir. El carácter informal de la mayoría de las organizaciones implica, además, que rara vez generen documentos escritos que registran las estructuras organizativas, la composición, la evolución de sus actividades o las ideas orientadoras del grupo. Ello planteó la necesidad de efectuar un amplio trabajo de terreno en busca de información transmitida oralmente. Hay que señalar, sin embargo, que este trabajo fue facilitado en la medida en que existen algunos canales y fuentes de información relativamente sistemática referida a conjuntos de organizaciones de una misma población o de una zona poblacional, o vinculadas a una determinada institución que las apoya en la comercialización, capacitación, promoción o financiamiento. Algunas de estas instituciones o grupos de apoyo han realizado reflexiones metódicas y evaluaciones periódicas sobre las organizaciones que atienden; otras llevan registros de las actividades y servicios que prestan. La mayoría de ellas tiene algún personal dedicado a la atención de las organizaciones, y cuenta con personas –informantes claves- que conocen las experiencias y su evolución “por dentro” en cuanto las han acompañado e incluso guiado en todo su desarrollo. Pudimos de este modo acceder ampliamente a información calificada y sobre todo a opiniones maduradas en el tiempo y en la práctica, de personas y grupos comprometidos con el proceso, que además de comunicarnos generosamente sus experiencias nos facilitaron los contactos y el acceso a las organizaciones de base.

Sin embargo, nuestra investigación no se limitó a estas fuentes institucionales de información –las que podrían por cierto implicar más de algún sesgo debido, por ejemplo, a la comparticipación afectiva que las vincula estrechamente al proceso organizativo de base-, sino que se procedió conjuntamente a una amplia recolección de información primaria en terreno. Entrevistas a dirigentes y miembros de organizaciones, análisis de documentos y registros de datos e información operacional, observación participante, estudio de casos y asesorías directas a grupos, prestación de servicios varios especialmente a través de asistencias técnica y capacitación, etc.

Cabe señalar, de todas maneras, que este trabajo de investigación en terreno ha debido enfrentar y superar (en parte) algunas dificultades que existen para acceder a este mundo particular de la O.E.P., lo cual explica algunos vacíos e insuficiencias en la información obtenida. Nos referimos especialmente a la desconfianza de algunos grupos, debida al clima de represión policial en que se han formado y desarrollado en las poblaciones populares, y también al hecho de que la gran mayoría de las organizaciones no tienen una existencia legal, debiendo operar en forma semi-clandestina, generalmente al alero de la Iglesia aunque también a veces en forma independiente. Ante tales problemas, cabe señalar que en los últimos meses de la investigación tuvimos acceso a una masa de informaciones nuevas que nos obligó a alterar el curso de las etapas diseñadas preliminarmente en el proyecto.

Pero lo que nos interesa más destacar aquí, en esta breve indicación respecto al método de la investigación, es otro hecho de la mayor importancia para comprender el carácter de nuestro trabajo y de los resultados que aquí exponemos. Es el hecho de que ésta puede definirse como una “investigación-acción”, en cuanto el estudio no ha consistido en una simple actividad académica, cognoscitiva, sino que se ha entrelazado con una participación activa en el proceso mismo de las organizaciones a través de la prestación de servicios de capacitación y asesoría a varias de las instituciones y grupos de apoyo y a un cierto número de organizaciones de base.

En efecto, la investigación ha sido planteada y desplegada como un proceso en el que el conocimiento de la realidad se ha vinculado a la prestación de servicios prácticos, y en que la obtención de la información cuantitativa y cualitativa se ha verificado en estrecho contacto con la respuesta frente a demandas de apoyo profesional que han surgido de las mismas organizaciones e instituciones. La investigación misma la concebimos como un proceso de cuantificación, reflexión, toma de conciencia y evaluación crítica, cumplido por los mismos grupos, respecto de lo que han sido y son sus organizaciones, de su evolución, problemas, dificultades y perspectivas de desarrollo; proceso estimulado por nuestra investigación a través de la realización de múltiples reuniones de discusión, reflexión y análisis, además de entrevistas, cursos y seminarios, asesorías técnicas y estudio de casos, boletines de difusión, etc. Ha sido este proceso el que hemos ido registrando metódicamente y elaborado con un cierto instrumental científico. Cabe notar al respecto que este proceso de toma de conciencia colectiva se ha visto particularmente estimulado por el hecho que –como veremos- nuestra investigación-acción se ha verificado en el marco de una fase de repensamiento y reorientación de muchas de las actividades y experiencias que configuraran el fenómeno que nos ocupa, en cuya actuación nos ha cabido cumplir algún papel. (4)

 

 

(1) Este proceso organizativo “nuevo”, tiene antecedentes y raíces en la historia de las organizaciones populares chilenas, anteriores al período indicado. Desde cierto punto de vista puede ser considerado como un proceso de reconstrucción o reactivación de procesos organizativos anteriores. Sobre el significado más preciso de la “novedad” implicada en estas experiencias nos detendremos más adelante.

(2) Al hacer esta afirmación, no queremos sostener que en el seno de estas organizaciones no existe un cierto –y a menudo elevado- grado de conciencia social y de identificación “de clase”, así como una percepción realista de las condiciones económicas y políticas que obstaculizan el desarrollo de la organización popular, todo lo cual se manifiesta en la permanente búsqueda de formas organizativas cada vez más adecuadas a la situación, en los intentos de coordinación entre los distintos grupos para incidir más eficazmente en la realidad poblacional y social, etc. Lo que nos parece, en cambio, incipiente y no perfectamente perfilado, se refiere específicamente a lo que este proceso organizativo puede significar como germen de una nueva estructura de la acción popular transformadora, como proceso organizativo alternativo capaz de proyectarse con autonomía, lo cual permanece aún como una hipótesis que ha comenzado a asomar en algunos sectores y que –como expondremos más adelante- en cierto modo compartimos.

(3) El estudio se extiende a la “Zona rural-costa” que pertenece a la jurisdicción eclesiástica del Arzobispado de Santiago, y que incluye las antiguas comunas de San Antonio, Melipilla, Talagante, Colina, Quilicura, Maipú, Buin y Lampa.

(4) Señalamos, a modo de ejemplo, el “Encuentro de grupos y centros de apoyo a las organizaciones económicas populares”, realizado en el PET el 16 de julio de 1982; el “Primer encuentro de amasanderías populares”, organizado por el PET y CETAL los días 10 y 11 de diciembre de 1982; la publicación mensual del Boletín “La Hoja de las organizaciones económicas populares”, a partir de junio de 1982; el Seminario sobre “Aspectos económicos de los talleres productivos de subsistencia”, dictado al personal del Departamento de Zonas de la Vicaría de la Solidaridad y a algunos equipos zonales, en varias ocasiones.