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PRELUDIO

 

     En los doce capítulos que forman este libro hablaremos de muchas cosas y expondremos muy variadas reflexiones. Su objetivo más directo es presentar la economía de solidaridad como un fenómeno que empieza (o que vuelve) a existir por la acción de personas y grupos que se han puesto a buscar nuevas formas de hacer las cosas. Compartiremos los motivos, preocupaciones y urgencias que los mueven a hacerlos. Exploraremos junto a ellos los caminos que están abriendo con su acción pionera. Nos aproximaremos a sus novedosas experiencias.
     Pero debemos advertir al lector que tenemos previsto también un más amplio itinerario, que nos introducirá en algunos graves asuntos del mundo que vivimos y nos llevará a explorar ciertas facetas menos evidentes de nuestra existencia personal.
     Lo que quisiéramos hacer junto al lector es acceder a un lugar de observación especialísimo, que existirá solamente cuando lo construyamos dentro de nosotros mismos. Si lo alcanzamos se nos ofrecerá un punto de vista nuevo desde el cual podremos ver la realidad de cerca y de lejos al mismo tiempo. Un punto de vista así no puede ser excluyente y unilateral sino muy amplio y comprensivo. Habrá, pues, que elevarse por encima de la experiencia cotidiana hasta un observatorio elevado desde el cual verlo todo de lejos, hasta abarcar el panorama de una civilización entera; pero no podemos subir hasta allí sino acercándonos a las personas y cosas que tenemos a nuestro lado, aguzando la mirada para verlas de cerca. Tendremos entonces la posibilidad de acceder a una nueva visión del mundo en que vivimos y de nosotros en él.
     Desde ese lugar miraremos los caminos de la economía de solidaridad. La percibiremos como expresión de algo que viene desde muy antiguo (tal vez desde los orígenes mismos de la sociedad) y que se proyecta hacia un futuro muy lejano (tal vez una nueva civilización). A partir de pequeñas experiencias que trabajosamente pretenden consolidarse, buscaremos comprender nuestra sociedad en crisis e intentaremos vislumbrar los embriones de una nueva época.
     Claro es que las distancias que separan las experiencias concretas de su posible proyección histórica son inmensas, y los caminos que podrían llevar desde lo pequeño existente a lo grande pensable no están todavía trazados. Lo que existe en realidad son senderos que están siendo abiertos muy artesanalmente y avanzándose a tientas. Pero nosotros, mientras avanzamos por ellos iremos dibujando el mapa de los espacios abiertos y un plano de los posibles caminos por recorrer.
     La invitación que hacemos al lector es a que nos acompañe paso a paso hasta nuestro especial lugar de observación. Solo debemos advertirle que si llega hasta allí, tal vez no quiera mirar las cosas como antes y se vea envuelto en insospechadas aventuras: explorando esos senderos, abriendo caminos, junto a mujeres y hombres compañeros de ruta que aprenderá a reconocer como hermanos.