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LA MICROEMPRESA FAMILIAR

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1. Qué es una microempresa familiar.

La microempresa familiar es una unidad económica de trabajo y gestión, que se forma por decisión familiar. En ella dos o más integrantes de la familia aportan diferentes recursos: sus propias fuerzas de trabajo y capacidades personales, conocimientos e informaciones sobre cómo hacer las cosas, medios materiales, local, equipamiento, relaciones sociales, etc. Se trata de negocios o empresas de tamaño pequeño, que tienen como base la organización familiar, y que uno de sus integrantes (no necesariamente el jefe de hogar) dirige y administra, normalmente con la colaboración de otros miembros de la familia. Habitualmente tienen su local de funcionamiento en la misma vivienda o en el local adyacente a la casa del propietario.

La microempresa familiar puede ser considerada como una prolongación de la economía doméstica, mediante la cual la familia como unidad de trabajo establece relaciones con el mercado, básicamente a nivel local y de barrio. El microempresario es una persona que crea su propia fuente de trabajo y de ingresos, y que opera independientemente. La microempresa familiar más que una unidad de inversión que persiga maximizar la rentabilidad del capital, es una unidad de trabajo que busca garantizar un ingreso estable que compense el trabajo y el esfuerzo de los que participan en ella.

2. Formación del grupo humano.

La base social de la microempresa familiar es la familia, o sea el “grupo familiar” unido por lazos personales, afectivos y de parentesco, que habitan normalmente en una misma casa o unidad habitacional. El concepto de familia debe ser entendido acá en sentido amplio, esto es, incluir no sólo a padres, hijos y abuelos sino también a otros parientes cercanos (consanguíneos o políticos) considerados como miembros de la familia; los cuales no necesariamente han de estar viviendo en la misma unidad habitacional.

La formación de una microempresa familiar supone, sin embargo, vínculos económicos estrechos a nivel de la vida en común: se trata de una unidad vital, que se constituye normalmente como el grupo doméstico que integra sus ingresos, organiza un presupuesto familiar, y se constituye como una unidad de consumo.

La microempresa o taller familiar implica que dicha “célula” económica se organiza no solamente a nivel del consumo sino también en el plano de la producción, como unidad de trabajo y de gestión de actividades de producción, financiamiento y comercialización.

Las microempresas familiares se forman por decisión familiar. En ellas dos o más integrantes de la familia aportan los diferentes recursos de que disponen. La formación del “grupo humano” que participará en la unidad económica es simple, estando determinado por la amplitud del grupo familiar en condiciones de trabajar o de hacer algún aporte efectivo a la actividad de que se trate. Por cierto, no necesariamente todos los miembros de la familia integrarán la microempresa o taller, sino aquellos que puedan y quieran hacerlo. Esto establece ciertas limitaciones naturales en cuanto al tamaño y al tipo de actividades económicas que pueden realizarse, aunque, como veremos, la microempresa podrá complementar sus requerimientos humanos con personas externas a la familia.

3. Forma de propiedad del patrimonio.

Las unidades económicas familiares no requieren normalmente formas complejas para determinar la propiedad de los medios de producción. La microempresa debe considerarse como parte del patrimonio familiar, especialmente si el matrimonio base –la pareja que hace cabeza en la microempresa- se encuentra bajo el régimen de comunidad de bienes.

Sin embargo, cuando existe “separación de bienes”, o cuando la microempresa se encuentra formada por parientes de más de un matrimonio o grupo nuclear, puede ser necesario que quede establecido cuáles bienes corresponden a cada cual.

En cualquier caso, es conveniente que los bienes de la microempresa familiar estén claramente distinguidos de los otros bienes que tenga la familia. Será indispensable un inventario exacto y actualizado de todos los medios de producción y trabajo utilizados en la microempresa, donde se señale incluso su estado de conservación y su valor comercial aproximado. Estos datos serán útiles internamente para diferentes decisiones y operaciones económicas, y serán también la base de la declaración patrimonial que se efectúa al iniciar actividades legalmente. Veamos un ejemplo de inventario, correspondiente a una amasandería familiar:

Inventario al 30 de diciembre año ....

Objeto - - - - - - - - - - - - - Estado de conservación - - - - - - - - - - - - Propiedad - - - - - - - - Valor aproximado

Local - - - - - - - - - - - - - Construcción nueva - - - - - - - - - - - - - - - - - - - Familiar - - - - - - - - - - - $ 700.000
Mesones - - - - - - - - - - Mal estado - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -Familiar - - - - - - - - - - - -- - 22.000
Amasadora - - - - - - - - Buen estado - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - Juan R. (hijo) - - - - - - - - - - 18.000
Batidora - - - - - - - - - -- Nueva - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - Juan R. (hijo) - - - - - - - - - - 12.000
Freidora - - - - - - - - - -- Nueva - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - Lucía D. (nuera) - - - - - - - -12.000
Pesa - - - - - - - - - - - - - 3 años de uso - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - Luis F. (hermano) - - - - - - - 6.000
Estantes - - - - - - - - - - -Regular estado - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - Familiar - - - - - - - - - - - - - - 8.000
Moldes, vajilla - - - - - -- Regular estado - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - Familiar - - - - - - - - - - - - - - 5.000
Lavaplatos - - - - - - - --- Buen estado - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -Luis F. - - - - - - - - - - - - - - -- 4.500
Refrigerador - - - - - - - 10 años de uso - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - Familiar - - - - - - - - - - - - -- 25.000

4. Tratamiento y organización de la fuerza de trabajo.

Los miembros de la familia que forman la microempresa no necesariamente aportarán igual cantidad y tipo de trabajo. Lo normal es que una o más personas trabajen permanentemente en el taller, sea en funciones de producción o de comercialización. Pero en estas unidades económicas es posible también aprovechar tiempos de trabajo parciales e incluso ocasionales, por ejemplo, de parte de jóvenes que estudian y pueden dedicar sólo algunas horas semanales al taller, o de personas que están empleadas en ocupaciones externas que pueden colaborar algunos días, o de ancianos e incluso niños que pueden ejecutar algunas funciones útiles.

Es importante que los aportes y compromisos laborales y de cada uno en la microempresa estén claramente establecidos y detallados, de manera que quien organiza la operación pueda en todo momento saber con cuántas y cuáles capacidades laborales puede contar.

Es importante, también, que cada uno sepa exactamente cuáles son sus responsabilidades y su lugar en el taller, de modo que asuma conscientemente sus compromisos y los cumpla.

Cuando la microempresa familiar requiera fuerzas de trabajo que exceden las posibilidades del grupo familiar, será posible que se contrate trabajo externo, sea de manera permanente o transitoria.

A la fuerza laboral externa contratada deberá garantizarse un tratamiento económico justo (esto es, que la persona reciba una remuneración que corresponda o que sea equivalente a lo que aporta) y el cumplimiento de las leyes laborales y sociales. De este modo, el trabajo contratado no genera en realidad mayores ganancias para la familia. En las microempresas familiares se recurre al trabajo externo exclusivamente para satisfacer necesidades laborales que no se encuentran en el grupo familiar, y no para obtener ganancias a costa del trabajo de terceros. Deberá estar claro, además, que antes de efectuarse cualquier retiro de excedentes por parte de la familia deberán cumplirse todos los compromisos con estos trabajadores contratados.

En cuanto al trabajo de los integrantes de la familia, normalmente éste no se encuentra asalariado, esto es, no se remunera con un salario o sueldo fijo sino que su recompensa forma parte del proceso de distribución de los excedentes al que nos referiremos luego.

5. Regulación del ingreso y del retiro de los integrantes.

El ingreso y retiro de la microempresa por los integrantes del grupo familiar no presenta mayores dificultades. Se encuentra determinado normalmente por datos objetivos de la realidad familiar: un hijo que termina estudios, una persona que queda cesante, otra que se enferma gravemente, una que decide buscar nuevos horizontes y encuentra trabajo externo, etc. En cualquier caso, las decisiones deben ser tomadas responsablemente, teniendo en cuenta las necesidades personales y familiares como igualmente las necesidades de la microempresa.

Cuando una microempresa familiar se encuentra bien asentada y opera eficientemente, la propia conveniencia personal de cada uno y de la familia como un todo hará que se prefiera colocar en su seno las mayores y mejores capacidades laborales, que buscarán ocupaciones externas, parciales, ocasionales o permanentes en la medida que sean excedentarias respecto a los requerimientos de la microempresa.

Un aspecto del retiro de algunos integrantes que es importante considerar especialmente se refiere al caso, muy habitual, de que uno de los integrantes del grupo familiar desea y decida formar independientemente otra unidad económica similar. Ello sucede, por ejemplo, cuando un hijo se casa y forma su propia familia, o cuando uno de los integrantes aspira a desarrollar actividades en un rubro de trabajo diferente. En tales casos, es normal y conveniente que la situación se considere familiarmente, y que se tenga en cuanta tanto el estado en que queda la microempresa ya formada, cuyo futuro habrá que asegurar, como también las posibilidades de que la familia colabore en la formación de la nueva microempresa, proporcionándole los elementos que se pueda.


6. Criterios y mecanismo de distribución de los excedentes.

En el caso de las microempresas familiares, los excedentes son los ingresos remanentes (que quedan disponibles) en dinero o en bienes, después que se han efectuado todos los pagos a terceros (arriendo de local, gastos fijos, materias primas, costos financieros, salarios, impuestos, deudas, etc.) y que se hayan hecho las reservas para reparaciones, reposición, inversiones de capital, etc. Se incluirá además entre los excedentes todas aquellas cantidades de dinero o de bienes que la familia haya retirado para fines que no son los propios de la operación del taller. Así entendidos, los excedentes no son lo mismo que las utilidades o ganancias. Estas últimas incluyen lo que se haya destinado a inversiones en la microempresa, y en cambio habría que restar lo que corresponda como remuneraciones del trabajo directo de los integrantes del taller.

Hablamos de excedentes y no de ganancias en este caso, porque éste es el concepto útil, siendo sobre su distribución y su uso que corresponderá tomar decisiones.

Tratándose de unidades económicas familiares, donde tanto el patrimonio como la fuerza de trabajo es familiar, los excedentes corresponden también a la familia: a toda la familia y no sólo a los integrantes de la microempresa. Esto significa, en otras palabras, que la familia como unidad de producción mantiene a la familia como unidad de consumo (en ésta participan también los hijos, los ancianos que no están en condiciones de trabajar, y otros miembros inactivos).

Sin embargo, las personas necesitan no solamente aquellos bienes que consumen en el seno de la familia sino también tener ingresos propios para otros fines personales. Del mismo modo, algunos miembros de la familia tienen ingresos obtenidos fuera de la microempresa (salarios, trabajo por cuenta propia, compra-venta, etc.), una parte de los cuales aportan al presupuesto familiar y otra parte reservan como ingresos personales. Por todo ello es conveniente y necesario que en la microempresa familiar esté establecida alguna forma de asignación personal de ingresos a cada miembro de la familia que trabaja en ella.

Tales remuneraciones personales deberán estar establecidas combinando dos criterios esenciales: las necesidades de cada uno y los aportes efectivamente efectuados según el tiempo trabajado y la calidad del trabajo.

Para aplicar estos criterios no existen mecanismos únicos válidos para todos los casos, sino que deberá regularse caso a caso en correspondencia con las situaciones de cada grupo familiar. La base de afecto, de confianza y de integración familiar, incluido en ello el elemento de legítima autoridad que corresponde al jefe de familia, debieran ser suficientes para que esta distribución sea justa y satisfactoria para todos.

Al efectuarse esta asignación deberá tenerse presente en todo caso:

a) que es preciso asegurar ante todo las necesidades mínimas del consumo familiar común, de manera que sólo podrán ser asignadas individualmente aquellas sumas que excedan dichas necesidades;

b) que hay necesidades de crecimiento de la microempresa y de incremento del bienestar y de la calidad de vida familiar que también deberán ser consideradas;

c) que las partes del excedente que se repartan individualmente deben estar claramente establecidas de modo que cada cual sepa a qué atenerse; y

d) que como los excedentes no son cantidades fijas sino que varían período a período, su distribución debe hacerse respetando en lo posible una proporcionalidad conocida de antemano. (Esto no siempre será posible pues hay necesidades de algunos miembros de la familia que pueden ser prioritarias, por ejemplo, pagos por conceptos de salud, educación u otros).


7. Sistema de gestión y adopción de decisiones.

Toda microempresa o taller familiar es una unidad económica, y en cuanto tal requiere una unidad de gestión y dirección. No puede ser acéfala (no tener cabeza) ni tener dos cabezas. Es indispensable que alguien se responsabilice y cumpla la función de gestionar y tomar las decisiones principales.

Esta función de dirección y gestión principal debe ser ejercida individualmente por una persona, que habitualmente es la persona adulta, hombre o mujer, que tiene la responsabilidad legal de la microempresa, que trabaja con dedicación completa al taller o que cumple las tareas más importantes. No necesariamente se trata del jefe de familia, aunque a menudo coinciden ambas responsabilidades.

Esto no impide que existan algunas funciones en las cuales las personas que las ejecutan mantengan una cierta autonomía en las decisiones, por ejemplo, la función de producción puede estar a cargo de una persona que haga de jefe del taller y la función de comercialización estar bajo la responsabilidad y dirección de otra.

La existencia de una sola cabeza o dirección de la microempresa no significa, tampoco, que no haya participación de todos en la adopción de las decisiones que afectan al conjunto; por el contrario, la participación es siempre necesaria y la decisión colectiva y consensual resulta conveniente cada vez que se adopten medidas trascendentales que afecten a todos. ¿Cómo lograr esta participación?

Una práctica de efectos siempre positivos es la de efectuar una reunión semanal de todos los miembros del taller, integrando a veces también a los otros miembros de la familia que no trabajan en él. En dicha reunión se evalúa la marcha de la actividad y se adoptan algunas decisiones que van resolviendo problemas y mejorando el funcionamiento. En general, las resoluciones se podrán adoptar por consenso; sin embargo, frente a discrepancias de criterio o conflictos, la resolución final –que debiera ser la que mejor interprete el interés principal de la familia- será de responsabilidad del que hace de cabeza de la microempresa y de la familia. Ahora bien, en el caso de que no coincida el jefe de la microempresa con el jefe de familia, será ésta el que decida en última instancia. La razón de esto es que la familia –base social de la microempresa- está antes de ésta, y la mantención de su unidad es más importante que el buen funcionamiento de la unidad económica, cuya función es generar medios para la subsistencia y desarrollo de la familia.

8. Formas de perfeccionamiento tecnológico.

Uno de los aspectos que toda unidad económica debe conscientemente desarrollar es su perfeccionamiento tecnológico, en vistas a mejorar la producción, incrementar la cantidad y calidad de los bienes y servicios producidos, organizar más eficientemente el trabajo, innovar en los métodos de producción, introducir nuevos instrumentos y nuevas técnicas, etc. Es ésta una de las funciones clave del éxito y del crecimiento de una microempresa familiar.

La tecnología es el “saber hacer” objetivado en sistemas, métodos, procedimientos, equipos, máquinas, diseños, modelos, etc. Por las características de tamaño, estructura y organización económica, en las microempresas familiares la tecnología se encuentra directa e íntimamente vinculada a las personas que trabajan en ella. En otras palabras, la tecnología no es algo que se haya separado del trabajo sino que forma parte del potencial de capacidades y recursos de las personas que trabajan en la microempresa, constituyendo así una dimensión inseparable del trabajo mismo. Siendo así, el perfeccionamiento tecnológico se fundamenta y concretiza en el perfeccionamiento y calificación de las personas que trabajan, innovan, crean y deciden en la microempresa.

Por eso, el perfeccionamiento tecnológico ha de lograrse, en parte al interior del taller mismo, mediante el aprendizaje conjunto, el incremento de las destrezas y habilidades prácticas, la transmisión de conocimientos del que sabe más a los que tienen más que aprender. En parte será necesario buscar dicho perfeccionamiento y calificación a través de estudios y capacitación formales, sea enviando algunos de los miembros jóvenes del taller a cursos especiales, sea obteniendo cursos de capacitación (hay instituciones que los efectúan gratuitamente) para el taller en su conjunto.


9. Integración social interna y procesamiento de conflictos.

En este tipo de unidades económicas la integración social interna no presenta especiales complejidades, estando basada en la relación de parentesco y en la vida común. Los conflictos encontrarán normal procesamiento conforme a las costumbres, la cultura y las normas operantes en la unidad familiar. Cabe, sin embargo, advertir que la formación de una microempresa familiar, que se adiciona y agrega a la que ha sido hasta entonces la normal vida familiar, tiene significativos impactos sobre ésta.

En términos generales y normales, los efectos que sobre la unidad familiar tiene la formación de una microempresa de este tipo debieran ser positivos, pues el trabajo efectuado en común incrementa la solidaridad y es fuente de integración y unidad social. Especialmente si a sus resultados se encuentra directamente asociada la posibilidad de mejorar la calidad de vida. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que la formación y operación de una microempresa familiar hace que normalmente la vida y las relaciones familiares se hagan más complejas, siendo a veces ocasión del surgimiento de posibles problemas y conflictos que antes no se conocían.

Tener conciencia de estas posibilidades reales de mejorar la integración como también de dañarla, resulta decisivo para preparar la voluntad y la decisión de todos en vistas de maximizar esos efectos positivos y reducir al mínimo los que puedan resultar contraproducentes.

10. Modos de inserción en el mercado y de relación con terceros.

Las microempresas se relacionan con terceros y se insertan en el mercado en términos de normales relaciones de intercambios, pagando por los insumos y servicios que ofrecen, buscando los mejores precios que le permita el mercado.

Siendo de tamaño muy reducido y operando con factores de fácil disponibilidad, las microempresas no tienen poder de mercado de tipo monopólico (ni monopsónico), de manera que en su operación económica funcionan como si operaran en un mercado competitivo (de competencia perfecta). En tales condiciones, ellas no podrán cobrar precios excesivos por sus productos, siendo habitual, por el contrario, que deban sufrir precios injustos. Operar con el criterio de buscar la máxima rentabilidad y ganancias no es para las microempresas señal de un injustificado afán de lucro ni de un comportamiento capitalista, sino que las conducirá en el mejor de los casos a alcanzar precios justos o de equilibrio.

La operación de las microempresas en el mercado buscando su mayor beneficio es, simplemente, un modo de hacer realidad y de aplicar prácticamente dos intenciones complementarias de alto valor moral:

* por un lado, la de “hacerse útil” a los demás ofreciéndoles algo (productos o servicios) que les sirvan (para lo cual precisamente necesitan encontrar y “abrirse” un mercado), y

* por otro lado, la de vivir del propio trabajo.

Hacemos esta observación debido a que algunos ideológicamente sostienen que operar para el mercado con la lógica de éste constituiría inevitablemente un comportamiento explotador injusto. Por el contrario, el conjunto de los rasgos y características del modo de operar de las microempresas familiares permite afirmar que ellas constituyen auténticas formas alternativas de empresa, no basadas en el capital sino en el trabajo, no fundadas en el individualismo sino en la familia, no orientadas al lucro injustificado sino a la búsqueda sana y legítima de los medios de subsistencia, de mejoramiento de la calidad de vida y de colaboración al desarrollo de la comunidad.

Precisamente en estas características alternativas se basa la posibilidad ofrecida desde algunas instituciones, que permite a las microempresas beneficiarse de ciertas donaciones de recursos y de servicios de capacitación, asistencia técnica, asesorías, créditos, apoyos de comercialización, etc.

Y así como ellas reciben ciertos beneficios gratuitos o en condiciones preferenciales, las microempresas familiares pueden y suelen colaborar de diferentes formas con la comunidad más amplia de la que forman parte. A esto nos referiremos en el punto que sigue.


11. Participación social y coordinación con organizaciones afines.

Las microempresas familiares son unidades económicas autónomas que cumplen en sí mismas el conjunto de las funciones necesarias: producción, comercialización, administración y financiamiento. Ellas, sin embargo, no son islas separadas del resto de la comunidad en que están insertas y de otras microempresas y talleres similares. Por el contrario, se relacionan dinámicamente con ellas y participan en su comunidad. En otras palabras, experimentan un proceso de integración y de coordinación social. Hay tres niveles de este relacionamiento de las microempresas familiares que es necesario destacar.

* Un primer nivel lo constituyen las relaciones por las que se insertan en la comunidad local de la que forman parte, llámese el barrio, la población, la villa o el pueblo. En este marco de relaciones territoriales, participan de la vida comunitaria, cooperando en diferentes iniciativas e instancias de asociación vecinal, y colaborando activamente de los diferentes programas o proyectos de desarrollo local.

* Un segundo nivel lo constituyen las relaciones funcionales u operacionales que pueden establecer las microempresas entre sí, para enfrentar y resolver asociativamente, varias de ellas juntas, los problemas del financiamiento, el abastecimiento de materias primas, la comercialización, la capacitación y el perfeccionamiento tecnológico. En efecto, en muchas de estas actividades existen economías de escala y economías de asociación, esto es, reducción de costos y adición de beneficios, que se obtienen como consecuencia de operar conjuntamente, por cantidades y en recíproca cooperación.

* Finalmente, las microempresas familiares podrán participar en organismos de representación: asociaciones gremiales o federaciones que agrupan a los talleres y microempresas del sector de economía popular de solidaridad y trabajo. A través de estas instancias de agremiación los microempresarios tienen la posibilidad de acceder a útiles oportunidades de encuentro o intercambio de informaciones, así como a colaborar en un proceso social tendiente a configurar un sector económico integrado, con personalidad y representación social propia, capaz de plantear al conjunto de la sociedad y a las instancias adecuadas, sus aspiraciones, intereses, reivindicaciones y proyectos.

12. Forma jurídica y reglamento interno.

Las microempresas familiares deben constituirse legalmente, o sea obtener el correspondiente permiso municipal e iniciar actividades ante impuestos internos, pues así pueden operar comercialmente sin dificultades y aprovechando los instrumentos y ocasiones que ofrece la economía formal.

Las formas jurídicas apropiadas dependen básicamente del volumen de capital y de las operaciones que se efectúan, o sea del tamaño de la microempresa. Las más pequeñas pueden constituirse como talleres artesanales, lo que les facilita y reduce las obligaciones contables y tributarias; las que sobrepasan el nivel máximo permitido para los talleres artesanales deberán constituirse como pequeñas empresas o negocios, según el rubro y el caso de que se trate.

Para los efectos legales no es necesario que los miembros de la unidad económica familiar constituyan una sociedad, siendo suficiente que la titularidad de la microempresa sea asumida por un integrante del grupo familiar.

En cuanto al reglamento interno, bastará un conjunto muy preciso de normas claramente establecidas, que será conveniente dejar por escrito y colocar en un lugar visible o de fácil acceso para todos los integrantes. Dicho reglamento interno debe establecer, básicamente: los objetivos de la microempresa; los criterios en torno a la forma de propiedad, organización del trabajo, distribución de excedentes, responsabilidades y procedimientos de toma de decisiones, formas de capacitación y perfeccionamiento laboral, y otros puntos que los miembros deseen dejar establecidos. Finalmente, se establecerán los incentivos que correspondan por cumplimiento especial de las funciones, y las sanciones por incumplimiento de responsabilidades.