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32.- La circulación económica es un proceso constituido por innumerables flujos y relaciones económicas particulares, entrelazadas unas con otras. En efecto, los bienes económicos (factores, productos, etc.) fluyen de unos sujetos a otros en un permanente movimiento, desde que entran al proceso económico hasta que salen del mismo, experimentando en el proceso sucesivas y diversas transformaciones. Al pasar los bienes de unos sujetos a otros a través de las sucesivas relaciones económicas, los múltiples flujos dan lugar a verdaderos circuitos, que podemos entender como conjuntos de relaciones económicas vinculadas en un encadenamiento de flujos que tienden a ser recurrentes.
En realidad, todos los flujos y relaciones económicas de una sociedad se encuentran entrelazados, constituyendo el mercado determinado. Pero dentro de este es posible diferenciar algunos circuitos especiales, constituidos por subconjuntos de flujos y relaciones que presentan una más estrecha articulación entre sí, generando ciertas dinámicas especiales y determinados modos de comportamiento económico relativamente homogéneos. Y como en estos circuitos participan unidades económicas y sujetos que se conectan e interactúan precisamente por tener ciertos rasgos y modos de comportamiento comunes que los llevan a participar en esos circuitos, se constituyen y pueden diferenciarse algunos definidos sectores económicos.
La distinción entre circuitos y sectores económicos es más gnoseológica que real. Cuando hablamos de circuitos lo hacemos desde el punto de vista específico del proceso de circulación, poniendo el acento en los flujos y relaciones económicas; cuando hablamos de sectores lo hacemos desde un punto de vista más amplio, enfocando conjuntamente las actividades de producción, circulación y consumo, y poniendo el acento en las unidades económicas que las realizan. Pero el proceso de circulación involucra también a los sujetos y unidades económicas que establecen las relaciones y que también participan en la producción y en el consumo. No por eso la distinción conceptual entre circuitos y sectores carece de sentido y utilidad.
En cuanto partes constitutivas del mercado, los circuitos económicos pueden identificarse también como mercados especiales, y con este término nos hemos referido a ellos en los Libros primero y segundo. Allí distinguimos, en efecto, tres principales mercados especiales, a saber, el mercado de intercambios, el mercado de donaciones y el mercado de tributaciones y asignaciones jerárquicas. Otros mercados menores podrían identificarse a partir de los otros tipos de relaciones económicas; podría ser el caso de un circuito o mercado cooperativo, reconocible en la medida que las relaciones de cooperación se encuentren ampliamente difundidas en la economía. Ahora bien, en la práctica se producen entrelazamientos estrechos entre algunos tipos de relaciones económicas, de modo que varias de ellas llegan a integrarse en un mismo circuito de flujos y relaciones similares. Es así que consideramos las tributaciones y asignaciones jerárquicas integrando un mismo circuito o mercado especial. Tal es también el caso de las relaciones de comensalidad, cooperación y reciprocidad, que presentan variados y múltiples nexos entre sí y con el circuito de las donaciones, de modo que es más realista considerar unidamente estos especiales flujos y relaciones conformando un mismo mercado que podemos identificar como solidario.
Cada uno de estos circuitos o mercados especiales puede ser analíticamente distinguible, hasta el punto que es posible construir modelos teóricos abstractos que nos den cuenta de sus dinámicas y modos de funcionamiento propios. De hecho, el mercado de los intercambios ha sido ampliamente estudiado por los economistas, que han formalizado su funcionamiento en las teorías de los precios y de los equilibrios particular y general. Sobre dichas teorías expusimos en el
Libro Segundo un conjunto de observaciones críticas y propusimos una serie de reelaboraciones conceptuales.
[1] A su vez, lo que aquí identificamos como mercado de tributaciones y asignaciones jerárquicas ha sido formalizado en diversas teorías de la hacienda pública y de la planificación. En cuanto al circuito o mercado solidario y de donaciones presentamos una formalización teórica en el
Libro primero.
[2]
En función de comprenderla estructura y funcionamiento de la economía en su conjunto debemos considerar y efectivamente subsumir dichas teorías especiales como partes integrantes de una teoría general del proceso de circulación. En esta exposición sintética nos limitamos a remitir a los lectores a los estudios teóricos pertinentes en cada caso; pero es oportuno recordar que aunque a menudo el primero y a veces también el segundo de los mencionados modelos teóricos de los mercados especiales han sido entendidos como construcciones macroeconómicas, el las son en realidad modelos de circuitos sectoriales, lo que sólo puede ser adecuadamente reconocido y comprendido una vez que hemos ampliado el espacio de lo económico en los términos aquí propuestos, accediendo al punto de vista desde el cual es posible visualizar el mercado general con sus tres principales componentes sectoriales.
Podemos aquí dar un paso más e identificar con mayor precisión estos sectores económicos. En el Libro primero distinguimos tres sectores que enfocamos desde las relaciones económicas. Disponiendo ahora de nuevos instrumentos conceptuales a partir del estudio integrado del proceso de producción, estamos en condiciones de alcanzar una comprensión más completa de la mencionada diferenciación sectorial.
Desde el punto de vista de las relaciones económicas que los constituyen y articulan hemos distinguido: a) el sector solidario, integrado principalmente por los sujetos, actividades y flujos que proceden preferentemente conforme a relaciones de comensalidad, de cooperación, de reciprocidad y de donación; a dicho sector lo denominamos también "economía de solidaridad". b) El sector intercambios, constituido por los sujetos, actividades y flujos donde se establecen preferentemente relaciones de intercambios; se le denomina, también, "economía o mercado de intercambios" y a menudo simplemente "economía de mercado", aunque esta última denominación resulta inadecuada para nosotros, que reservamos el término "mercado" para un concepto distinto y más amplio. c) El sector regulado, constituido en base a las relaciones de tributación y de asignación jerárquica; habitualmente se lo identifica como "sector público" o "economía de planificación".
El criterio que utilizamos para distinguir a los sectores ha sido el tipo de relaciones económicas que se establecen en y entre las unidades económicas; pero como no es ese el único criterio que nos permite comprender la composición de cada sector, es preciso complementarlo con otros dos criterios que formulamos al analizar el proceso de producción, a saber, el criterio de las categorías económicas organizadoras, y el de las formas de propiedad o dominio que prevalecen. Con estos dos criterios, en efecto, podemos distinguir los diferentes tipos de empresas y sujetos económicos que participan preferentemente en cada uno de los mencionados sectores, constituyendo así, también, importantes criterios de identificación de los sectores mismos y de su composición interna.
Aunque no exista una correspondencia mecánica entre categorías económicas, formas de dominio y relaciones económicas, es posible identificar ciertos nexos entre los tres aspectos, que nos ayudan a precisar la composición e identidad de los sectores. A tales nexos hemos hecho referencia ya en los capítulos anteriores, pero debemos ahora alcanzar mayores precisiones.
33.- Examinaremos primero el nexo que se establece entre ciertas categorías organizadoras y ciertos tipos de relaciones económicas.
El Capital manifiesta una clara tendencia a privilegiar las relaciones de intercambio; así, las empresas organizadas por esta categoría tienden a operar preferentemente en el mercado de intercambios. Análogamente sucede con la categoría Administración, que tiende a privilegiar las relaciones de tributación y asignación jerárquica; de hecho, las empresas de administración pública participan de modo privilegiado en el sector de economía regulada. Algo equivalente sucede con la categoría Comunidad, que al organizar actividades económicas tiende espontáneamente a proceder conforme a relaciones de comensalidad, donación y cooperación, configurando unidades económicas típicas del sector solidario. Las otras categorías también manifiestan preferencias en cuanto a los tipos de relaciones económicas, pero con nexos más complejos. Así, la Tierra tiende a operar tanto con relaciones de intercambio como de reciprocidad, y por consiguiente a hacerse presente sea en el sector intercambios como en el sector solidario. El Trabajo como categoría suele privilegiar las relaciones de cooperación para aquellos flujos que se verifican al interior de las empresas, mientras que establece normalmente relaciones de intercambio con terceros; por consiguiente las empresas de trabajadores, constituyéndose al interior del sector solidario, operan fluidamente en el mercado de intercambios. También la Tecnología muestra una situación intermedia, moviéndose en algunos casos de manera muy coherente en el marco de relaciones de tributación y asignación jerárquica y en el sector regulado de la economía, pero en otros casos muestra preferencias por el sector de intercambios.
La existencia de estos nexos entre ciertas categorías organizadoras y ciertos tipos de relaciones económicas plantea interesantes motivos de reflexión. Buscando una explicación de ellos, lo primero que recordamos es que las categorías son las que organizan alas empresas y deciden sus operaciones y su funcionamiento en el mercado. Son ellas -personificadas en los sujetos organizadores concretos- las que definen el modo de comportamiento de las unidades económicas, y por tanto también sus formas de relacionarse con los demás sujetos que participan en el mercado. Pero las categorías son decisivas no sólo en las relaciones de las empresas con los otros sujetos con los que entran en contacto sino también internamente, pues al organizar las empresas determinan su estructura, sus relaciones internas, y en particular el modo en que los distintos factores se relacionan entre sí y con la categoría organizadora misma. Las categorías organizadoras convocan a los factores necesarios a participar en las empresas, decidiendo en gran medida su forma de participar, los aportes que han de hacer y lo que recibirán como recompensa o remuneración. Ahora bien, ¿por qué el capital privilegia las relaciones de intercambio, la Comunidad las de donación, comensalidad y cooperación, el Estado las de tributación y asignación jerárquica, y las otras categorías tal como quedó dicho?
El caso del capital es bastante obvio, tratándose de una categoría que tiene su origen en el factor financiero, y aun más nuclearmente en el dinero, que es precisamente el "medio de cambio universal", el instrumento a través del cual se establecen las equivalencias entre los flujos de bienes que participan en los intercambios. Es cierto que el factor financiero participa también en los otros tipos de relaciones económicas; pero ha sido en el contexto del mercado de intercambios -donde cumple una función principal y decisiva- que el dinero se separó y asumió existencia como factor independiente, y donde luego se perfeccionó y alcanzó su autonomía y universalidad. Es natural entonces que en sus relaciones con los demás factores y en las relaciones de las empresas que dirige con el resto del mercado, el capital privilegie estas relaciones de intercambio que le son particularmente favorables y —diríamos— casi connaturales.
También se explica que la categoría derivada del factor material -la Tierra- tienda a privilegiar las relaciones de intercambio, dado el carácter fuertemente posesivo e individualista de los procesos en que se constituyó esta categoría, el tipo de comportamientos que caracterizan a los sujetos que personifican al factor material, y las condiciones que favorecen su autonomización y universalización. Pero debe observarse que el nexo entre la categoría Tierra y las relaciones de intercambio puede considerarse menos fuerte que en el caso del capital, y que de hecho existen componentes significativos de reciprocidad (e incluso de comensalidad y donación) en las actividades económicas tradicionales organizadas en base al factor material. La razón de ello probablemente radique en el hecho que la divisibilidad de los medios materiales de trabajo es indudablemente menor que la del factor financiero; también puede explicarse porque los vínculos con la tierra favorecen el desarrollo de vínculos comunitarios.
La relación privilegiada entre la categoría Trabajo y las relaciones solidarias -especialmente de cooperación- ha sido relevada a menudo en términos generales, señalándose que el trabajo y la solidaridad son valores que tienden a asociarse en la experiencia humana: los trabajadores suelen crear organizaciones, en las que viven la solidaridad como una práctica necesaria para el logro de sus objetivos. La explicación del hecho a nivel económico puede encontrarse -al igual que en el caso del nexo entre capital e intercambios- relevando los orígenes del factor en que se basa la categoría en cuestión, su propio modo de operación, y las condiciones en que se verifica su proceso de autonomización y universalización.
Cuando analizamos los procesos históricos de formación de los distintos factores observamos que éstos se encontraban inicialmente indiferenciados, integrados en el trabajo social, y que experimentaron procesos que llevaron a su separación exigidos por la creciente complejidad de las actividades productivas. Los factores se forman en un proceso de división social del trabajo, permaneciendo el factor trabajo como un núcleo que, en cierto modo, reclama su recomposición. Al organizar empresas, la categoría Trabajo establece relaciones con esos otros factores separados, y como lo hace bajo sus propias condiciones, tiene la posibilidad de efectuar de algún modo esa recomposición, mediante la estructuración de vínculos que tienden naturalmente a ser integradores. Como se observa en las empresas autogestionadas y cooperativas, los trabajadores que las organizan se proponen concientemente que el trabajo, la tecnología, la administración y el financiamiento cooperen en vistas de una operación conjunta lo más armónica e integrada posible. Mediante la cooperación el trabajo tiende a superar su división social y se enriquece de contenidos.
Por otra parte , en el ejercicio mismo de sus funciones específicas el factor trabajo se muestra normalmente como social, requiriendo la cooperación entre múltiples trabajadores que combinan sus diferentes capacidades laborales en una fuerza de trabajo colectiva; así, la cooperación es consustancial al trabajo, análogamente a como el intercambio es consustancial al dinero.
Por último, el proceso de autonomización y universalización del factor trabajo —su conversión en categoría organizadora- es favorecido y facilitado allí donde predominan relaciones de donación, cooperación, y solidarias en general, mientras encuentra variados obstáculos en economías en que la circulación se verifica preferentemente en base a intercambios, tributaciones y asignaciones jerárquicas.
Aunque tampoco en este caso se trata de una asociación mecánica e inevitable, el nexo entre el Trabajo como categoría organizadora y los varios tipos de relaciones económicas integradoras y solidarias podemos reconocerlo como el más natural y espontáneo. Que el vínculo con dichas relaciones es aún más fuerte en el caso de la categoría Comunidad es tan obvio que podemos ahorrarnos exponer su explicación.
Dijimos, sin embargo, que la categoría Trabajo tiende a constituir empresas que se relacionan fluidamente con terceros en base a relaciones de intercambio, y eso también debe ser explicado. Interesa saber si ello se debe solamente a un fenómeno de adaptación frente a un mercado determinado en que predominan el capital y los intercambios, o si es un modo de relación que también para el Trabajo resulta connatural.
Aunque no puede negarse que el fenómeno adaptativo existe en este caso, fomentando en estas empresas una participación en el circuito de intercambios probablemente mayor que la que tendría por su propia espontaneidad, sin embargo nos parece que puede sostenerse que hay un nexo específico entre el Trabajo como categoría y los intercambios como relación económica, nexo que es importante considerar. En efecto, el trabajo es una aportación económica que implica sacrificio y esfuerzo personal, individual, de parte de quienes lo ejecutan, y ese esfuerzo y sacrificio personal busca espontáneamente ser recompensado en la economía por beneficios equivalentes, esto es, por bienes o servicios que proporcionen una satisfacción personal que compense al sujeto por la fatiga y el esfuerzo desplegado. Ello implicará que al transferir a otros los resultados del propio trabajo o al ponerlos a disposición de la sociedad, el trabajador legítimamente aspire y exija una compensación, una retribución proporcionada. Esta puede lograrse en la mejor forma mediante las relaciones de cooperación que proceden conforme al principio prorrata, y a menudo también mediante relaciones de reciprocidad; pero ello no es posible siempre, especialmente cuando las relaciones se establecen con sujetos externos, que no forman parte de la unidad de cooperación o de la comunidad integrada socialmente. En tales casos, la forma mejor de establecer la correspondencia a que se aspira serán los flujos y relaciones de intercambios que, como veremos, son una de las formas a través de las cuales se manifiesta, a nivel de la sociedad entera, el hecho que los hombres trabajan unos para otros en una forma de cooperación social ampliada beneficiosa para todos.
También el nexo privilegiado que se establece entre el Estado como categoría organizadora y las relaciones económicas de tributación y asignación jerárquica, encuentra explicación en los orígenes, modo de ser y desarrollo del factor que sustenta la categoría.
El factor administración es un elemento de coordinación y dirección, que se separa del resto de los elementos que participan en la economía y que se levanta por sobre ellos como un poder, para asegurar la operación armónica y el funcionamiento ordenado del conjunto. La esencia de la administración es el poder de decisión sobre los medios que se emplearán en el logro de los objetivos económicos, incluyéndose en ello la capacidad de tomar decisiones sobre las actividades que han de realizar los distintos sujetos participantes. Connatural a la administración es, en consecuencia, exigir las aportaciones indispensables para disponer de los medios requeridos, y asignar esos medios entre quienes han de utilizarlos. En cierto modo administrar consiste en exigir aportes (tributaciones) y asignar jerárquicamente medios y tareas. Al organizarlas unidades económicas este factor tenderá espontáneamente a relacionarse con los demás factores mediante relaciones de tributación y asignación jerárquica, y lo mismo tenderá a hacer -en cuanto de ella dependa- al relacionarse con los demás sujetos y unidades económicas, puesto que esos tipos de relaciones corresponden mejor que los otros a su propio modo de ser y de actuar. Además, la existencia de numerosos y amplios flujos económicos de tributación y de asignación jerárquica en una economía (lo que se manifiesta en elevados impuestos y en una abultada hacienda pública), constituyen un contexto altamente favorable para el levantamiento del Estado como categoría organizadora, es decir, para la autonomización y universalización del factor administrativo.
Más difícil de demostrar es la existencia de un nexo privilegiado con estas mismas relaciones económicas también por parte de la categoría tecnológica. En efecto, esta categoría se encuentra en proceso de constitución y no ha alcanzado las dimensiones macroeconómicas que parecen indispensables para que pueda implementar eficazmente relaciones de tributación y asignación jerárquica. Aún así, en la medida que organiza unidades económicas la Tecnología tiende a establecer mecanismos de programación y planificación similares a los de la Administración, y aun más rigurosos. Como vimos, la realización de su objetivo económico racional implica el perfeccionamiento de las conexiones sistémicas entre todos los elementos necesarios para la operación de la unidad, lo que lleva a estructurar programas integrados con los que se pretende que los procesos reales reproduzcan las especificaciones establecidas en modelos técnicos previamente diseñados. Esto requiere un control de todos los elementos participantes en el sistema, que puede ser garantizado mediante relaciones económicas de tributación y asignación jerárquica, mejor de cuanto se podría lograr con los otros tipos de relaciones.
No obstante lo dicho, la Tecnología no desdeña las relaciones de intercambio para aquellos flujos que requiere establecer con terceros, esto es, con sujetos que no forman parte del conjunto integrado bajo su propio control. Esto tiene también una explicación, y es que en ausencia de conexiones sistémicas con esos sujetos externos, las relaciones que mejor le aseguran aquella conectividad, flexibilidad y velocidad de respuesta que la Tecnología le exige a los nexos que requiere establecer para sus actividades y propósitos, son precisamente las relaciones de intercambio, dadas las características de atomización, instantaneidad de los flujos y cálculo estricto del valor de los activos transferidos, que le son propios.
Examinemos ahora los nexos entre categorías organizadoras y formas de propiedad determinadas.
La propiedad individual en sus varias formas es típica de las empresas y actividades organizadas por el capital. La Tierra parece preferir formas de propiedad familiar. A las empresas organizadas por el Trabajo se adecuan mejor las formas de propiedad personal repartida, y otras modalidades de propiedad cooperativa, o sea aquéllas en que los titulares son los trabajadores, sea como personas individuales o como asociación bien delimitada y relativamente . pequeña de asociados. En las actividades y unidades económicas organizadas por la Comunidad tienden a darse formas de propiedad comunitaria o grupal cuyo titular es una colectividad local, pero en la que -si bien predomina lo grupal- los derechos de cada participante son reconocidos, estando establecidos por acuerdo de los mismos integrantes. Las actividades organizadas por la Administración asumen normalmente las formas de propiedad estatal. La Tecnología, por su parte, privilegia formas de propiedad institucional.
Si necesitamos una explicación de estos nexos entre las categorías económicas y las formas de propiedad debemos encontrarla observando cuáles son y que características tienen los sujetos que personifican a las categorías. Porque en las relaciones de propiedad el elemento predominante es -como lo vimos oportunamente- el elemento subjetivo, es decir, el sujeto que ejerce el dominio, el cual encuentra el fundamento y legitimación de ese dominio en el proceso de conversión del recurso en factor económico. Como es obvio, el sujeto del dominio -que define las formas que asume la propiedad- es el mismo sujeto que personifica al factor que se autonomiza y universaliza constituyéndose como categoría organizadora. Y es natural que cada categoría promueva en la economía en su conjunto aquellas formas de propiedad que corresponden a su propio modo de constitución como sujeto, favoreciendo el correspondiente reconocimiento jurídico. Con todo, será conveniente no absolutizar estos nexos y vínculos causales, evitando caer en un determinismo que no reconoce la autonomía relativa existente entre los distintos aspectos y niveles de la realidad económica. Veamos este nexo en los distintos casos.
El sujeto de la fuerza de trabajo es la persona del trabajador, y por eso la forma de propiedad que mejor se corresponde con este factor es la propiedad personal. Pero el trabajo no lo ejerce corrientemente el trabajador aislado, sino un conjunto de trabajadores que combinan sus respectivas fuerzas de trabajo, dando lugar a la cooperación de todos ellos en una unidad laboral común. Como observamos oportunamente, el levantamiento del Trabajo como categoría económica organizadora se verifica habitualmente cuando un conjunto de personas unifican sus respectivas fuerzas de trabajo y forman un colectivo laboral autogestionado, o una cooperativa de trabajadores. Así, la forma de propiedad correspondiente a esta categoría debe combinar el elemento individual con el elemento grupal. Esto puede manifestarse -y así ha sucedido históricamente- a través de diferentes fórmulas jurídicas, que acentúan algunas el elemento colectivo y otras el individual. En las cooperativas de trabajo y empresas autogestionadas de trabajadores han predominado ciertas formas de propiedad grupal o común, lo que puede explicarse atendiendo a las concepciones ideológicas que han prevalecido entre los trabajadores; pero ella no parece ser la forma de propiedad que más directamente deriva de la lógica operacional de las empresas organizadas por el Trabajo. Examinando el tema a nivel de la estricta racionalidad económica de tales empresas, nosotros propusimos una forma de
propiedad personal repartida como aquella que mejor se corresponde con la categoría Trabajo.
[3] Pero no debe hacerse de esto una cuestión rígida, siendo lo importante que se reconozca la existencia de derechos legítimos tanto a la persona individual de los trabajadores como al grupo cooperativo que constituyan.
La forma de dominio que mejor se corresponde con el Capital es la propiedad individual, porque el sujeto del factor financiero, que está a la base de esta categoría, es en último término el individuo. En efecto, la fuente primera del factor financiero es el ahorro, es decir la abstención que los individuos hacen del posible consumo presente en vistas de juntar los medios suficientes para una futura inversión mayor. Además, la característica principal del factor financiero es el ser perfectamente divisible, por lo que es p especialmente apto para que su posesión sea asignada a Sujetos individuales, aun cuando los volúmenes de financiamiento requeridos para la organización de empresas de cierto tamaño hagan necesario que múltiples ahorros individuales se sumen en un único monto de capital. La propiedad de éste será de todas maneras privada, aunque el capital global se haya formado a través de la constitución de una sociedad de capitales.
Más complejo resulta identificar la forma de propiedad que mejor se corresponde con la categoría Tierra. Históricamente las formas de dominio que han predominado en las empresas organizadas por esta categoría han sido formas de propiedad familiar, aunque jurídicamente ella se exprese en la titularidad de un individuo, normalmente el padre. Sin embargo, cabe advertir que es en relación a esta categoría donde se manifiesta la mayor diversidad de formas de dominio, y también la más amplia discusión sobre las que le sean más apropiadas. Tradicionalmente, el sujeto familiar se asienta sobre determinados medios materiales de producción, especialmente de tipo territorial. Ese nexo a veces es tan fuerte que se establece, a través del tiempo y mediando sucesivas transiciones hereditarias, una suerte de asociación entre los vínculos de sangre y los territoriales, por lo cual las familias resultan adscritas a determinadas extensiones de tierra por generaciones. Pero el nexo entre Tierra -como categoría económica- y propiedad familiar tiende a provocar la progresiva subdivisión del territorio en propiedades cada vez más pequeñas.
Tampoco es posible identificar un tipo único de sujeto de la categoría tecnológica. Detrás de cada creación tecnológica, de cada innovación y nueva información susceptible de ser aplicada eficientemente en la economía, puede identificarse un individuo creativo; pero el proceso de generación de nuevas tecnologías es habitualmente obra de un equipo de personas integradas en alguna institución, llámese centro de investigación, instituto especializado en alguna temática tecnológica particular, departamento de diseño y proyectos, institución de estudios, u otro organismo similar. Además, el levantamiento de este factor a la condición de categoría organizadora de unidades económicas suele requerir la conformación previa de este factor en un sujeto institucional. La forma de dominio correspondiente a la categoría Tecnología suele ser, por todo esto, la propiedad institucional.
El sujeto que personifica el factor administrativo es el que ejerce el poder de gestión y administración. El levantamiento de este factor a la condición de categoría organizadora ha sido cumplida de hecho por la expresión eminente de dicho poder, o sea por el poder público que se levanta por encima de la sociedad asumiendo su representación y dirección. En la época moderna dicho poder público se presenta bajo la forma principal del Estado, de manera que en las unidades económicas organizadas por esta categoría la forma de dominio normal es la propiedad estatal, denominada también propiedad social en atención al hecho que el Estado soberano se atribuye la representación de la sociedad nacional.
Al identificar estos nexos privilegiados entre categorías organizadoras y formas de dominio debemos tener en cuenta la complejidad involucrada en ambos elementos que se vinculan. En razón de ello, evitaremos cualquier interpretación reduccionista que podría ser sugerida por la presentación excesivamente esquemática de estos nexos. Aunque esta advertencia pueda parecer reiterativa, conviene repetirla aquí debido a tantos precedentes históricos de reduccionismos ideologistas a que han dado lugar las (por varios motivos) necesarias presentaciones sintéticas de teorías complejas. En este caso particular, deberá tenerse en cuenta la importancia que en la determinación de estos nexos tienen las diferentes estructuras jurídicas que rigen las sociedades determinadas, como también el impacto de las categorías que predominan en las economías sobre los sectores que se encuentren subordinados. Ambos hechos influyen para que una cierta forma de propiedad se extienda a menudo hacia sectores económicos subordinados en los que resultarían más apropiadas formas de propiedad diferentes. Más concretamente, en las sociedades socialistas donde prima ideológica y jurídicamente el criterio social y donde predomina la categoría administrativa, la forma de propiedad estatal suele presentarse también en unidades económicas organizadas por otras categorías; análogamente, en las economías denominadas capitalistas -en que se privilegia el principio de la propiedad privada y donde predomina el capital- el dominio individual aparece también en empresas organizadas por otras categorías donde serían de esperar formas de propiedad diferentes.
El tercer nexo constitutivo de los sectores económicos es un nexo privilegiado entre tipos de relaciones económicas y formas de propiedad.
Las relaciones económicas de comensalidad y cooperación, y también ciertos tipos de donación y reciprocidad, suelen dar lugar a formas de apropiación comunitaria y cooperativa en las empresas; las de intercambio y ciertos tipos de relaciones de donación y de reciprocidad tienden a construir formas de propiedad privada; en fin, las relaciones de tributación y asignación jerárquica se expresan en formas de propiedad institucional y estatal.
La explicación de estos nexos radica en el tipo de vínculos que se establecen entre las personas participantes en las distintas relaciones económicas, derivados del modo en que se verifican los flujos, de los comportamientos implicados y de las connotaciones valóricas presentes en cada caso. Como lo observamos en su oportunidad, uno de los criterios más significativos de distinción y clasificación de las relaciones económicas es precisamente el tipo y calidad de los vínculos que se establecen entre los sujetos participantes en ellas. Con dicho criterio distinguimos:
a) relaciones "integradoras", que pueden ser de dos clases, según si la relación produce sólo un acercamiento entre los sujetos sin llevarlos a constituir un grupo u organización común -y tal es el caso de las donaciones y de la reciprocidad-, o bien si la relación económica los lleva a constituir una organización o un sujeto colectivo, como sucede en la comensalidad y cooperación;
b) relaciones "competitivas y de negociación" —y tal es el caso de los intercambios-, en que la relación se establece no sólo manteniendo la exterioridad e independencia de las partes, sino reconociendo que los intereses de los involucrados son distintos e incluso a veces opuestos;
c) relaciones "de participación y subordinación", cuando uno de los sujetos es parte de otro mayor que se le presenta como una autoridad o poder al cual debe someterse.
Obviamente, estos tres tipos de relaciones económicas tienen ‘ directa incidencia sobre las formas del dominio, que se definen a partir de distintos tipos de sujetos, a saber, los individuos, las asociaciones o grupos organizados intermedios, y la colectividad global representada en el Estado.
Estos nexos entre determinados tipos de relaciones económicas y ciertas formas de propiedad de algún modo cierran un triángulo con los otros dos nexos privilegiados que examinamos anteriormente. De este modo, ateniéndonos a los nexos entre los tres principales criterios de distinción de los tipos de empresas, es posible comprender la conformación de cada uno de los sectores económicos como una suerte de triángulo cuyos vértices corresponden, respectivamente, a relaciones económicas, categorías organizadoras y formas de propiedad determinadas. Las siguientes figuras ilustran la conformación de los tres sectores teniendo en cuenta la combinación de esos criterios.
Figura 11
Figura 12
Figura 13

Si tres son los criterios que -en sus recíprocos nexos y combinaciones- nos llevan a identificar los sectores de la economía, cada uno de ellos podría servir para denominarlos. Hemos preferido identificarlos aquí con nombres que derivan más directamente del análisis de las relaciones económicas, dado que los sectores se configuran como tales mediante los flujos y relaciones . que vinculan entre sí a las empresas y sujetos económicos, es decir, a nivel de los procesos de circulación más que de producción. Pero podría optarse también por denominar los sectores conforme a cualquiera de los otros criterios que confluyen en su identificación. Así, el sector Solidario podría designarse también como sector de economía del Trabajo y la Comunidad, o sector de propiedad cooperativa y comunitaria; el sector de intercambios podría designarse como sector de economía del capital y de la Tierra, o también sector de propiedad individual y familiar; y el sector regulado designarse como sector de economía del Estado y la Tecnología, o bien sector de propiedad estatal e institucional.
Pero cabe advertir que no es indiferente la utilización de unas u otras denominaciones, no pudiendo hacerse una equivalencia estricta entre las tres maneras posibles de nombrar cada sector. La razón de ello está en que los nexos que hemos encontrado entre tipos de relaciones, categorías organizadoras ya formas de propiedad indican solamente un privilegiamiento y no una determinación o correspondencia estricta.
Teniendo en cuenta lo anterior, es siempre difícil establecer y delimitar la composición concreta de cada sector, porque encontramos unidades económicas que se vinculan a su sector solamente por uno o por dos de los vértices del triángulo, mientras que conforme a otro de los criterios se ligan a un sector diferente. Aquellas unidades que lo hagan por los tres, es decir, que establezcan nexos privilegiados entre un tipo de categoría organizadora y los correspondientes tipos de relaciones económicas y formas de propiedad, las podremos considerar como más típicas y nuclearmente constitutivas del sector correspondiente.
Estas consideraciones nos plantean la necesidad de precisar mejor el grado de realidad que podamos atribuirles a los sectores económicos como tales. En efecto, en base a los criterios expuestos y sus nexos es posible formular en abstracto modelos teóricos puros de cada uno de ellos; pero en la realidad encontramos que las actividades y unidades económicas particulares y concretas rara vez se adecuan de manera estricta a las exigencias y presupuestos ‘ de tales modelos. Ya hemos destacado en varias ocasiones que las empresas habitualmente establecen relaciones económicas de los diferentes tipos, y no sólo de aquellos que permiten su identificación dentro de uno de los sectores. Y que empresas organizadas por una categoría económica pueden adoptar diferenciadas formas de propiedad, y manifestar comportamientos económicos bastante disímiles unas de otras. Por ejemplo, empresas organizadas por el Trabajo pueden adoptar formas de propiedad individual y familiar, y establecer predominantemente relaciones en el mercado de intercambios. Análogamente, empresas organizadas por la categoría Administración pueden mantener formas de propiedad cooperativa, y relacionarse predominante en base a intercambios. Otras muchas combinaciones son también posibles. Tales empresas las encontramos operando en, y formando parte de, más de un sector.
En resumidas cuentas, esto significa que los sectores económicos no se encuentran separados en la realidad, sino que son individuables múltiples vinculaciones entre ellos, constituyendo un único "mercado determinado" en el que todas las actividades, empresas y sectores económicos se entrelazan. No obstante esto, los sectores económicos no son una abstracción ajena a la realidad. Ellos se nos manifiestan como reales en la medida que observamos que hay ámbitos económicos en que ciertos tipos de actividades y empresas actúan preferentemente, y donde por tanto se densifican los nexos correspondientes a los respectivos sectores. Podemos intentar una representación gráfica de esta situación con la siguiente figura que representa la imbricación de los tres sectores del mercado:
Figura l4
Frente a las realidades complejas y en movimiento, los modelos teóricos no son más -ni menos- que instrumentos de análisis que facilitan el discernimiento de situaciones diferenciadas. Pero el estudio de las realidades concretas exige saber que cada una de ellas se ha de explicar considerando siempre una pluralidad de elementos teóricos distintos, además de la infinita multiplicidad de las experiencias y observaciones empíricas. Teniendo en cuenta todo esto, podemos aproximarnos a una identificación más concreta de los contenidos y de la racionalidad específica de nuestros tres sectores.
34.- Cada sector está constituido por una determinada cantidad de empresas y sujetos económicos, por una multitud de actividades que ellos realizan, y por el conjunto de bienes (factores y productos) que fluyen a través de las relaciones económicas correspondientes. Al estudiar la composición real de un sector en una formación económico-social determinada, habrá que individuar, pues, a los sujetos, actividades, bienes y flujos existentes en dicha formación que puedan considerarse pertenecientes a ese sector, a la luz de los criterios ya vistos. Aquí procede solamente enumerar los tipos de sujetos, actividades y flujos que normalmente han de encontrarse adscritos a cada sector.
La
composición del sector solidario fue objeto de un amplio análisis en el
Libro primero, y a él remitimos al lector.
[4] Formando parte de este sector identificamos diferentes conjuntos de sujetos, actividades, flujos y relaciones que dan lugar a variadas formas de economía: la economía doméstica y familiar, la economía de comunidades, la economía campesina, la economía popular de subsistencia, la economía cooperativa, la economía comunitaria, la economía autogestionaria y de trabajadores, la economía de donaciones institucionales y la economía de voluntariado. Prestando especial atención al comportamiento y a la lógica operacional de los principales tipos de empresas que forman parte de esas diversas economías, en el libro
Las empresas alternativas identificamos y analizamos algo más ampliamente los siguientes tipos de unidades económicas, que pueden considerarse parte del sector solidario: la familia como unidad económica y las microempresas familiares; la unidad económica campesina y la comunidad campesina o comunera, las organizaciones económicas populares en sus variados tipos y el taller laboral solidario, las cooperativas en todas sus variedades y el cooperativismo, la empresa autogestionada de trabajadores, las instituciones donantes y de servicio sin fines de lucro, y el "trabajo voluntario". Hemos de considerar también como partes del sector solidario las diferentes entidades e instrumentos de intermediación y coordinación que operan con -y relacionan entre sí a- las diferentes empresas del Sector.
También analizamos extensamente la
racionalidad económica imperante en este sector.
[5]59 La identificamos por un conjunto de rasgos entrelazados, a saber:
a) La articulación entre producción, circulación y consumo como procesos estrechamente vinculados al interior de las empresas, del sector, y de los contextos mercantiles más próximos, privilegiándose la satisfacción autónoma de las necesidades y ampliando la distancia entre producción y consumo por grados sucesivos y sólo frente a insuficiencias manifestadas en los niveles más cercanos.
b) La integración de actividades de distinto orden y nivel en vistas de aportar a la satisfacción simultánea de necesidades fisiológicas, de autoconservación, espirituales y de convivencia.
c) El entrelazamiento de los objetivos y los medios -y de los beneficios y los costos- en la actividad empresarial, lo que determina una especial dificultad para la aplicación de instrumentos de medición cuantitativa, junto con la necesidad de procedimientos de apreciación y evaluación subjetiva de la eficiencia que se alcance en las operaciones.
d) La integración de los objetivos, intereses y aspiraciones particulares de los integrantes en un interés colectivo o común, tal que tienden a diluirse las oposiciones que en otras formas económicas se presentan habitualmente entre los sujetos aportadores de los diferentes factores; aquí cada sujeto obtiene beneficios proporcionalmente mayores si los beneficios colectivos aumentan, y tiende a establecerse una correspondencia entre las aportaciones y las retribuciones que hace cada uno.
e) La tendencia a la formación de asociaciones y organizaciones, tanto de primero como de segundo y tercer grado; las relaciones sociales en el sector solidario resultan altamente integradoras del grupo de personas participantes, y a menudo son activamente integrativas de nuevos miembros en el seno de organizaciones que crecen más allá de lo que razones de prudencia económica aconsejarían; a su vez, las organizaciones tienden a establecer vínculos asociativos o de coordinación entre sí, configurando redes funcionales, organismos representativos y movimientos sociales unificadores.
f) Un modo de crecimiento y acumulación que no enfatiza el acopio de bienes y factores materiales como medio para asegurar el futuro, sino el desarrollo de valores, capacidades y energías creadoras en los sujetos mismos; en este sector el crecimiento y la seguridad no se buscan tanto a través de la posesión de riquezas sino especialmente por la riqueza de las relaciones sociales y el potenciamiento de las capacidades humanas.
Estos rasgos que se observan en el comportamiento de los sujetos del sector solidario no agotan la comprensión de la racionalidad económica especial imperante en el sector. Lo que entendemos por racionalidad especial de cada sector, en efecto, es la formulación abstracta del comportamiento económico que predomina en él, y dicho comportamiento está condicionado por el modo de ser de las categorías que lo constituyen, por las formas de propiedad que lo distinguen, y por las características de los flujos y relaciones económicas que en dicho sector predominan. Así, todo cuanto hemos dicho a lo largo de este estudio respecto a las categorías Trabajo y Comunidad, respecto a las formas de propiedad comunitaria, personal repartida y cooperativa y respecto a las relaciones de donación, comensalidad, cooperación y reciprocidad, aporta elementos para una comprensión más minuciosa y exacta de la racionalidad solidaria. Análogamente, las presentaciones que haremos ahora de la composición y racionalidad de los otros dos sectores, deberán ser complementadas con los análisis efectuados sobre las respectivas categorías, formas de dominio y relaciones económicas.
35. Para individuar la composición del sector intercambios y para comprender su específica racionalidad económica, disponemos de una multitud de elaboraciones teóricas y de análisis especiales que han sido desarrollados por la ciencia económica convencional, particularmente por aquellas corrientes que conocemos como clásica y neo-clásica. Sin embargo, la` cuestión presenta algunas dificultades singulares, debido a que en los debates científicos e ideológicos a menudo se han confundido los conceptos de "economía capitalista" y "economía de mercado", y se los ha referido a un mismo modelo o sistema económico (que incluso llega a hacerse extensivo a sujetos y actividades económicas que según nuestros criterios corresponderían mejor a alguno de los otros sectores). Estos problemas están presentes, por ejemplo, cuando se habla de "capitalismo de Estado", o de "cinco siglos de capitalismo en América Latina", o cuando se hace referencia a formas económicas cooperativas como formando parte del "sistema" capitalista por el hecho de operar en el mercado en base a normales relaciones de intercambio. Con nuestro instrumental teórico estamos en condiciones de avanzar algunas precisiones al respecto.
En primer lugar, cuando hablamos del sector intercambios no hacemos referencia a un supuesto "sistema económico imperante" en una sociedad determinada, sino sólo a una parte de su economía. En segundo lugar, lo que podamos entender como "economía capitalista" es para nosotros sólo una parte del sector de intercambios, a saber, aquella parte configurada por las empresas y actividades económicas organizadas por el capital. En efecto, las empresas capitalistas son uno de los componentes más importantes -en las sociedades modernas- del sector económico de intercambios; pero no el único (y en ciertas economías tradicionales ni siquiera el más importante). Son también parte de este sector, en efecto, las unidades organizadas por la Tierra, por el Trabajo y por la Tecnología, cuando hayan preferido adoptar formas de propiedad individual y optado por estructurarse internamente y relacionarse con los demás sujetos privilegiando las relaciones de intercambio. Forman parte de este sector en la medida que las principales actividades de estas diferentes empresas impliquen transacciones comerciales entre sujetos privados y con precios monetarios libremente convenidos por las partes. Ya vimos (figura 14) que los sectores no son mutuamente excluyentes.
La racionalidad especial de este sector, dada por la recurrencia de ciertos modos de comportamiento peculiares de las empresas y sujetos que lo forman, puede ser identificada -muy esquemáticamente- por los siguientes rasgos:
a) Un primer rasgo del sector de intercambios es la prioridad que en las actividades económicas se atribuye al individuo sobre la colectividad. En este sector, en efecto, priman las necesidades, aspiraciones, demandas e intereses individuales, y puede decirse que toda la economía se encuentra estructurada en función de satisfacerlas. Tanto las aportaciones como las retribuciones tienen como sujeto último los individuos, pues aun cuando no dejan de existir en este sector asociaciones y agrupaciones que operan como sujetos integrados, estas mismas asociaciones y grupos están conformados de manera tal que son los intereses y las iniciativas de sus integrantes individuales los que predominan. Esta preponderancia de los individuos sobre la colectividad determina que en este sector se produzcan a menudo diferencias o desigualdades muy grandes entre sus diversos componentes, tanto respecto de las aportaciones que hace cada uno como de las retribuciones y beneficios que obtienen. Así, el sector de intercambios suele ser notablemente diferenciado y heterogéneo en cuanto a su composición, y a menudo presenta desequilibrios y desigualdades notables en su interior.
b) Existe en el sector de intercambios la necesidad de medir y cuantificar estrictamente todas las actividades y todos los elementos que participan en ellas. Es así porque en los intercambios es preciso establecer siempre las equivalencias de valor entre los activos que se cambian, al mismo tiempo que cada uno de los sujetos que participan en ellos pretende obtener una relación de cambio favorable. Los elementos de evaluación subjetiva de las operaciones no son explicitados y permanecen ocultos en la interioridad de los individuos que toman las decisiones. La razón de ello es que el intercambio supone siempre la acción combinada de dos sujetos que permanecen independientes y que tienen motivaciones e intereses distintos; no existiendo una subjetividad común que integre las voluntades en una acción compartida, toda operación económica requiere objetivarse, es decir, encontrar un elemento de medición que se presente como objetivo y que se imponga como tal a ambas partes, y ese elemento es el valor monetario.
c) Es propia de este sector la tendencia a subdividir las diversas partes del proceso económico en actividades separadas, sea en cuanto las realicen sujetos económicos distintos o, si son realizadas por una misma unidad económica, en cuanto cada parte o cada momento de la operación es ejecutado y evaluado con relativa independencia de los otros. Esta tendencia tiene múltiples manifestaciones. En este sector económico la producción, distribución y consumo dan lugar a unidades económicas distintas, y al interior de una misma empresa, las funciones productiva, comercial, financiera, administrativa, etc. tienden a ser ejecutadas por departamentos o secciones que operan con criterios y programas específicos, evaluados también separadamente. Y como las diferentes partes del proceso económico deben mantener conexiones entre ellas, en el sector de intercambios tienden a abundar las instancias de intermediación, realizadas por sujetos económicos también distintos abocados específicamente a esta función. La tendencia a subdividir y separar las partes del proceso o actividad económica se explica por la separación o distancia que siempre se mantiene entre los sujetos que participan en cada acto de intercambio, de modo que cada uno pretende desplegar independientemente aquél conjunto de actividades con unidad de sentido que le permita obtener el máximo beneficio.
d) Las tendencias señaladas dan lugar a una cuarta característica que se hace presente de manera eminente en este sector, a saber, la preocupación permanente por maximizar los ingresos y reducir los costos, que aquí no se hace como en el sector solidario en termino de las apreciaciones subjetivas de las personas, sino en función de un cálculo riguroso de los valores monetarios involucrados. En este sector se hace posible una muy estricta separación de los beneficios y de los costos, en la medida que se los aprecia en función de los ingresos y egresos implicados en cada operación económica que se efectúa. Así, la lógica operacional que se manifiesta en este sector resulta de fácil y rápido manejo, y puede reconocérsele al sector una particular eficiencia en la asignación de los factores y en el logro de los objetivos perseguidos por cada unidad económica.
e) En este sector las necesidades económicas no tienden a integrarse sistémicamente como en el sector solidario, sino que se mantienen separadas e incluso tienden a multiplicarse mediante un proceso de creciente sofisticación. Sin embargo, esto no complica el proceso económico y la adopción de decisiones en las empresas, porque la satisfacción de todas las diferentes necesidades queda mediatizada por la obtención de ganancias monetarias. Este se convierte, entonces, en el objetivo único de cada unidad económica y de cada sujeto, siendo la satisfacción de las necesidades un proceso posterior que se efectúa mediante la destinación de esas ganancias a los diferentes usos posibles. Cabe señalar, además, que como consecuencia de esta misma mediación monetaria de la satisfacción de las necesidades, resultan priorizadas aquellas necesidades que más directa y fácilmente se satisfacen a través de la utilización de bienes y servicios que pueden ser adquiridos en el mercado de intercambios. Las necesidades espirituales ya de convivencia quedan, así, postergadas respecto a la satisfacción de las necesidades fisiológicas y de protección.
f) A diferencia de lo que sucede en el sector solidario en que los intereses particulares tienden a integrarse en un interés común con la consiguiente reducción de las oposiciones y conflictos, en el sector de intercambios las realidades sociales y grupales son instrumentalizadas en función de los objetivos particulares de cada sujeto económico. Esto se traduce en la difusión de comportamientos que acentúan la competencia e incluso la agresividad entre los participantes en una misma actividad o proceso económico. Si en la lógica solidaria el beneficio de los demás favorece y permite incrementar el beneficio propio, aquí el beneficio que obtenga otro sujeto parece atentar o reducir las posibilidades de obtención de beneficios para uno. Como consecuencia de ello no hay una preocupación por integrar nuevos sujetos a la actividad económica e incluso a veces existe la tendencia a marginar a los demás, especialmente si son percibidos como potenciales competidores en la propia actividad. Por todo esto, el sector de intercambios se encuentra en permanente dinamismo, y cada sujeto enfrenta constantemente situaciones de riesgo en las cuales puede ganar, pero que pueden significarle también pérdidas grandes.
g) En cuanto al modo de acumulación, es propio de este sector buscar asegurar el futuro mediante el acopio de riquezas poseídas individualmente, sea en la forma de medios materiales, de dinero, o de productos y bienes terminados. El desarrollo económico tiende en consecuencia a identificarse con el crecimiento en términos materiales, y por tanto a traducirse en una tendencia de las unidades económicas a crecer físicamente incluso más allá de lo que aconsejarían razones técnicas de eficiencia. Dicho en otras palabras, las empresas del sector de intercambios tienden en la práctica a operar con un volumen de activos materiales y financieros superior al que teóricamente puede ser identificado como óptimo.
36.- Examinemos ahora la composición y racionalidad del sector regulado, y apreciemos sus diferencias respecto a los dos anteriores.
Para identificar los sujetos, actividades y flujos que componen el sector regulado de la economía debemos atenernos a los tres criterios correspondientes, y evitar cuidadosamente toda confusión que emane del debate ideológico existente en torno a la cuestión del socialismo. Tal como diferenciamos los conceptos de "economía de intercambios" y "economía capitalista", debemos diferenciar ahora la "economía regulada" de la "economía socialista".
Cuando en la primera sección enfocamos al Estado como categoría organizadora sustentada en el factor administrativo señalamos que históricamente ha sido en las economías conocidas como socialistas de planificación central donde la mencionada categoría ha logrado una mayor expansión y predominio a nivel macroeconómico. Esto significa que en dichas economías el sector regulado es muy extenso, porque las unidades y actividades económicas organizadas por el Estado son un componente esencial de dicho sector. Se encuentran allí muy difundidas también las relaciones de tributación y asignación jerárquica, que dan lugar a sistemas planificados de asignación de factores y distribución de ingresos. Sin embargo, las economías conocidas como socialistas de planificación central no excluyen la presencia de otras categorías organizadoras a nivel microeconómico e incluso sectorial, de manera que debe reconocérseles una conformación pluralista dada por la presencia de los tres sectores económicos que estamos analizando. Por otra parte, el sector regulado -tal como lo hemos enfocado- no está constituido sólo por las actividades organizadas por el Estado y por los flujos que proceden a través de relaciones de tributación y asignación jerárquica, aunque sean éstas indudablemente su núcleo principal. En efecto, forman parte de este sector también unidades y actividades organizadas por la Tecnología, como también aquellas que siendo organizadas por otras categorías se vinculan al sector por alguno de los otros criterios, a saber, por asumir formas de propiedad pública o institucional, o por participar como contribuyentes en relaciones de tributación, y como asignatarios en relaciones de asignación jerárquica. A la inversa, no todas las actividades y flujos realizados por empresas del Estado deben considerarse formando parte del sector regulado, pues son numerosas las actividades que dichas empresas realizan en base a relaciones de intercambio y que en esa medida participan más bien del sector de intercambios. Por último, es evidente que el sector regulado no existe solamente en las economías conocidas como socialistas, sino que ha alcanzado importantes desarrollos también en las economías denominadas capitalistas y mixtas.
Todas estas precisiones conceptuales pueden resultar interesantes para el mismo debate ideológico en torno a la cuestión del socialismo, uno de cuyos temas principales consiste precisamente en saber en que medida pueden combinarse sectores económicos organizados por otras categorías, formas de propiedad alternativas, y sistemas de asignación y distribución diferentes a la planificación, sin que el "sistema" deje de ser reconocido como socialista. Por nuestra parte, dada la excesiva mezcla de argumentaciones y tensiones ideológicas en dicho debate, hemos optado por no utilizar teóricamente las expresiones "socialismo" y "socialistas", excepto para aludir o hacer referencia descriptiva a los países (y sus economías) habitualmente conocidos como "socialistas reales". El término "socialista" es fuente de confusiones y poco nos sirve aquí, toda vez que no tiene resonancias en algún factor o categoría económica, ni en un tipo específico de relaciones económicas, sino sólo en el plano de las formas de propiedad, y eso en referencia a un concepto de propiedad "social" que en verdad resultaría mejor expresado como propiedad estatal o pública. (Por cierto, el hecho de no encontrarle adecuad a utilización al término socialista en el ámbito de la ciencia económica no excluye que sí la tenga en el contexto de la ciencia política o de la ciencia de las ideas y de la cultura).
Independientemente del tipo de sociedad y de economía en que se encuentre, forman parte del sector regulado los siguientes sujetos, actividades y flujos económicos: el Gobierno con todos sus ministerios y dependencias; las fuerzas armadas y policiales; los órganos de la administración central del Estado; las administraciones regionales, provinciales y comunales con sus respectivas dependencias; el Banco Central y las superintendencias u organismos fiscalizadores y de control de las actividades privadas; los servicios públicos (incluyendo educación, salud, obras públicas y vivienda, etc.) dependientes del Estado o de los poderes locales.
Forman parte del sector regulado, también, las empresas (productivas, comerciales, financieras, etc.) de propiedad y administración estatal, aunque ellas se provean de factores contratándolos a precios de mercado y coloquen su producción en el circuito de intercambios. Habría que decir que forman parte del sector regulado atendiendo a los criterios de la categoría organizadora y de las formas de propiedad, mientras que según el criterio de las relaciones económicas deben considerárselas insertas al menos parcialmente en el sector de intercambios. Estas situaciones híbridas se verifican en los tres sectores, y lo que nuestro marco conceptual permite es, precisamente; comprenderlas con rigor analítico.
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Además del las señaladas, que constituyen lo que se denomina habitualmente "el sector público", pueden considerarse parte del sector regulado también un conjunto de otras entidades y actividades que tienen habitualmente un estatuto especial, no estatal, como por ejemplo las Iglesias e instituciones religiosas, los partidos políticos, diferentes instituciones científicas y culturales, en la medida que se financian a través de tributaciones (públicas o privadas) y asignaciones, que mantienen formas de propiedad institucional, y que han sido organizados por quienes poseen las específicas informaciones y competencias tecnológicas del caso; también variados centros institucionales como las universidades, escuelas, institutos de investigación, hospitales, etc. dependientes directamente del Estado o bien de instituciones autónomas como las mencionadas. Finalmente, son parte del sector regulado todas las actividades y flujos de tributación (pago de impuestos, servicio militar y social, etc.) que efectúen los sujetos privados al Estado o a otras instancias recaudadoras, como también las subvenciones y demás beneficios que otorgue el Estado a los particulares en base a disposiciones presupuestarias.
La racionalidad especial de este sector la podemos identificar por los siguientes rasgos que se observan en el comportamiento y en las actividades que lo componen:
a) Característico de este sector es el predominio de la colectividad global sobre los individuos y grupos intermedios. En efecto, sujeto de las decisiones económicas importantes no son aquí los individuos sino un poder que representa a la sociedad o a la colectividad involucrada, y que opera en función de objetivos nacionales o de satisfacer necesidades comunes. Es cierto que ese poder está conformado en último término por individuos; pero éstos no deciden en cuanto sujetos privados sino que actúan en cuanto representantes o responsables de la colectividad, debiendo justificar sus decisiones por el impacto que ejerzan en el desarrollo de esta y no en función de los propios intereses. Los individuos son g considerados en cuanto partes de la colectividad, y en función de ésta son decididas las aportaciones y retribuciones que correspondan a cada uno. Consecuencia de esta preponderancia de la colectividad es una cierta tendencia a reducir las diferencias y desequilibrios en los niveles de ingreso, por la vía de exigir mayores tributaciones a los que tienen más y de conceder subsidios y beneficios especiales a los que tienen menos. Lo cual no debe entenderse como una tendencia absoluta, puesto que suele estar contrapesada por otra de signo opuesto que se explica por la influencia que en las decisiones del poder central tienen habitualmente los centros y grupos de presión más poderosos.
b) Un segundo elemento de la racionalidad del sector regulado consiste en la coordinación de las funciones y actividades que componen el proceso económico por medio de una estricta planificación. A través de ésta se efectúa la adopción simultánea de un conjunto de decisiones, relativas a los procesos de producción, circulación y consumo, y correspondientes a un período de tiempo relativamente prolongado, buscándose un funcionamiento ordenado del conjunto de la economía en vistas del cumplimiento de ciertos objetivos predefinidos. Esto se traduce en una tendencia a integrar las unidades económicas en conglomerados de empresas que operan bajo una misma gestión, conforme a una línea de agrupación ascendente que termina en un órgano de gestión general al cual se subordinan las unidades y sujetos integrantes.
c) El objetivo operacional a que deben tender las empresas es el cumplimiento de los planes establecidos en lo que a ellas corresponde, dentro de los plazos fijados. La eficiencia operacional de cada unidad económica no consiste en maximizar los beneficios mediante la búsqueda de mayores ingresos y menores costos, sino en el cumplimiento de las metas y plazos establecidos mediante un buen uso de los medios y recursos asignados y disponibles. Puede, pues, haber ineficiencia no sólo por un bajo rendimiento sino por obtener un rendimiento superior al previsto, así como puede ser ineficiente el uso de factores no sólo por derroche sino también por ahorro.
d) En estrecha relación con el anterior, otro rasgo distintivo de la economía regulada es la necesidad de establecer normas y especificaciones lo más minuciosas y exactas posibles, para cada función y actividad que se realice. Y consecuentemente la necesidad de establecer los mecanismos de verificación y control del cumplimiento de dichas normas. La actividad directiva de las unidades económicas no consiste entonces en hacer cálculos de optimización, sino en aplicarse al cumplimiento lo más estricto posible de esas normas y especificaciones. Por ello, en este sector tiene una especial relevancia el ordenamiento normativo de la sociedad y de la economía, así como sus Sistemas de mandos, sanciones, y demás medios tendientes a asegurar la disciplina social.
e) Este sector manifiesta un enfoque de las necesidades distinto a los sectores de intercambio y solidario. En el sector de intercambios quienes definen las necesidades que han de ser satisfechas son las preferencias que los individuos manifiestan independientemente en el mercado, lo que da lugar a una tendencia a subdividir, multiplicar y sofisticar las necesidades que adquieren relevancia económica. A su vez, en el sector solidario priman las necesidades manifestadas y reconocidas al interior de grupos y comunidades pequeñas, verificándose allí una tendencia a la satisfacción simultánea de las necesidades fisiológicas, de autoconservación, de convivencia y espirituales. En el sector regulado la determinación de las necesidades que han de ser satisfechas, y sus diferentes prioridades, es en cambio tarea de un órgano de poder que evalúa las situaciones en base a sus propios criterios ideológicos y políticos, y realizando estudios técnicos tendientes a detectar las preferencias de los distintos sectores sociales; de este modo se establece una jerarquización de las necesidades de cuya satisfacción se hace cargo la economía. En términos generales, la experiencia permite señalar que las necesidades priorizadas por este sector son las de autoconservación (cuya satisfacción da lugar a la producción de bienes y servicios necesarios para la defensa y seguridad interna y externa de la sociedad) y las necesidades fisiológicas (aquellas que suelen ser consideradas como "necesidades básicas"), en tanto que la satisfacción de las necesidades de convivencia y espirituales es perseguida con menor intensidad y amplitud.
f) En el sector regulado de la economía las necesidades, intereses y aspiraciones particulares de cada sujeto deben subordinarse a las que hayan sido expresadas en el plan, de modo que los espacios para la competencia, el conflicto, e incluso la cooperación voluntariamente decidida se encuentran muy restringidos. Todos los sujetos económicos deben en cambio integrarse funcionalmente, en términos de una coordinación burocrática.
g) El modo de acumulación en el sector regulado se caracteriza por la intención de asegurar el futuro mediante la concentración del i poder. Mientras mayor sea el poder que una sociedad o un sujeto dispone, mayor es su capacidad de reproducirse de manera ampliada y de enfrentar eventuales dificultades futuras, porque estará en condiciones de imponer la propia voluntad en las decisiones que deban tomarse. Para un sujeto particular cualquiera, más que la posesión individual de riquezas o que el desarrollo de capacidades propias para hacer frente por sí mismo a los problemas, importa estar próximo a las esferas del poder, para que las decisiones que allí se adopten sean favorables (o -lo que es lo mismo- para ser parte del grupo mayormente beneficiado con dichas decisiones).
Una visión esquemática y de conjunto de los elementos que caracterizan la racionalidad de los tres sectores, y de sus recíprocas diferencias, puede obtenerse con el siguiente cuadro de correspondencias:

[1] Cfr.
Crítica dela Economía..., primera sección.
[2] Cfr.
Donaciones..., parágs. 35 al 39.
[3] Empresas de trabajadores..., cit., cap. 5 y 6.
[4] Cfr.
Donaciones ..., parágs. 18 al 28.
[5] Cfr
. Donaciones ..., parágs. 29 al 34.
[6] Desde hace algunos años se manifiesta una tendencia a llevar las empresas públicas a funcionar crecientemente conforme a la racionalidad específica del sector intercambios, especialmente al exigírseles autofinanciamiento y generación de utilidades. Se pretende con ello que alcancen una mayor eficiencia económica. Este hecho es digno de reflexionarse, al menos en tres direcciones. En primer lugar, plantea de manera dinámica la cuestión del sector al que pertenezcan. Aunque el hecho significa una creciente inserción de las empresas públicas en el sector de intercambios, ellas de todas maneras permanecen ancladas al sector regulado, incluso al nivel de las relaciones y circuitos económicos, toda vez que las utilidades que obtengan sean habitualmente traspasadas al fisco, esto es, tributadas, y en cuanto sean objeto de r asignaciones jerárquicas en la medida que sus proyectos de inversión y desarrollo deban ser aprobados y financiados por el Gobierno. En segundo lugar, cabe reflexionar sobre las razones de esta tendencia a incorporar las empresas públicas en la lógica del sector de intercambios. Hacemos el siguiente razonamiento ―que podrá ser profundizado por el lector después que examinemos las ventajas y dificultades propias de cada sector y de cada tipo de relaciones económicas para operar eficientemente: si cada sector manifiesta especial eficiencia (tiene ventajas comparativas) en ciertos tipos de actividad económica, el hecho que ciertas empresas públicas alcancen mayor eficiencia operando con la racionalidad del sector intercambios es un indicio de que el sector regulado habría alcanzado una expansión excesiva, interviniendo en negocios y actividades en las cuales es menos eficiente que otros sectores. La mencionada tendencia sería un esfuerzo por revertir tal crecimiento exagerado del Estado. En la misma dirección de reducirlo operan los procesos de privatización de ciertas empresas públicas en algunos países, y los procesos que llevan a acrecentar la autonomía decisional de las empresas estatales respecto del Gobierno central. Estos últimos procesos pueden entenderse como cambios tendenciales en cuanto a la estructura del dominio y a la categoría organizadora. , En tercer lugar, cabe preguntarse por las posibilidades y conveniencia de que este progresivo "desprendimiento" del Estado se efectúe no sólo en dirección del sector intercambios, sino que favorezca también al sector solidario. Por ejemplo, mediante el traspaso de la propiedad y gestión de empresas públicas a sus trabajadores, y mediante el establecimiento de más amplias relaciones de donación, comensalidad y cooperación a partir de esas empresas en proceso de transformación. Vuelven aquí a tener relevancia nuestras búsquedas de formas autogestionadas y cooperativas de empresas de trabajadores capaces de operar eficientemente en el mercado.