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I.- LA ECONOMIA POPULAR O (MAL LLAMADA) INFORMAL.

El semblante de las más grandes ciudades de todos los países latinoamericanos ha cambiado en los últimos años por la irrupción de un fenómeno social y económico que, si no es nuevo en términos absolutos porque en alguna medida siempre ha existido, lo es por la extensión que ha adquirido: la formación y establecimiento de numerosas pequeñas actividades productivas y comerciales cuyos protagonistas son los grupos sociales empobrecidos de los barrios y poblaciones marginales.

Para referirse a este fenómeno, economistas y sociólogos han acuñado diferentes expresiones: economía informal, pequeña producción popular urbana, economía sumergida, economía invisible, economía de subsistencia, economía popular. No siempre estos diferentes términos aluden exactamente al mismo fenómeno pues establecen diversos "cortes" en la realidad que identifican. Pero todos ellos engloban un universo de iniciativas y experiencias que incluye, al menos, lo siguiente:

a) El trabajo por cuenta propia de innumerables trabajadores independientes que producen bienes, prestan servicios o comercializan en pequeña escala, en las casas, calles, plazas, medios de locomoción colectiva, ferias populares y otros lugares de aglomeración humana. Una investigación realizada en Chile sobre estos trabajadores por cuenta propia llegó a identificar más de 400 "oficios" distintos ejercidos informalmente.

b) Las microempresas familiares, unipersonales o de dos o tres socios, que elaboran productos o comercializan en pequeña escala, aprovechando como lugar de trabajo y local de operaciones alguna habitación de la vivienda que se habita o adyacente a ella. En los barrios populares de las grandes ciudades de América Latina el fenómeno de la microempresa ha llegado a ser tan extendido que es normal que exista una de ellas cada cuatro o cinco viviendas.

c) Las organizaciones económicas populares, esto es, pequeños grupos o asociaciones de personas y familias que juntan y gestionan en común sus escasos recursos para desarrollar, en términos de cooperación y ayuda mutua, actividades generadoras de ingresos o provisionadoras de bienes y servicios que satisfacen necesidades básicas de trabajo, alimentación, salud, educación, vivienda, etc. Talleres laborales solidarios, comités de vivienda, "comprando juntos", centros de abastecimiento comunitario, "construyendo juntos", huertos familiares, programas comunitarios de desarrollo local, etc., son algunos de los tipos de organizaciones económicas populares más difundidos.

El tamaño relativo de este vasto y heterogéneo universo de actividades económicas populares o informales es distinto en los diferentes países de la región. Pero en todos ellos es muy relevante en cuanto es a través de esta economía popular que un elevado porcentaje de la población tiene la oportunidad de efectuar sus aportaciones y obtener sus retribuciones económicas. Todas las investigaciones realizadas en América Latina coinciden en destacar su relevancia cuantitativa desde el punto de vista del empleo y de la obtención de medios de vida para los sectores más pobres. En algunos casos su participación en la fuerza de trabajo llega a ser incluso mayoritaria. Sin embargo, el tamaño exacto del fenómeno resulta muy difícil de precisar en razón de su propia naturaleza y características.

En Chile, el Ministerio de Planificación Nacional ha difundido la cifra del 40% de la fuerza de trabajo. La Encuesta de Empleo del PET de 1991 establece que en Santiago el 21,8 % de los ocupados corresponden al sector. La disparidad de cifras es significativa de la dificultad de medición del fenómeno. Un aspecto a considerar, entre otros, es que la encuesta del PET, en cuanto es una encuesta de empleo, mide solamente aquellas actividades que quienes las efectúan consideran como "trabajo", situación que probablemente deja fuera importantes grupos de personas que no se consideran trabajando y que incluso no se las considera parte de la PEA, aunque realicen actividades que forman parte de la noción amplia de economía popular.

La misma encuesta pone de manifiesto varios otros datos interesantes. Por ejemplo, que la estabilidad del empleo es muy alta en este sector. Más de 24 meses, el 63 %, contra el 57.1 % en el sector formal. Que el 68.8% de los trabajadores por cuenta propia no desea ser asalariado, proporcionando los siguientes motivos: El 29 % por el nivel de salarios; el 33.7 % por falta de independencia; el 20.2 % por libertad de horario; y el 17.1 por otras razones, siendo la situación prácticamente la misma en hombres y mujeres. La cifra es aún más significativa si se tiene en cuenta que dicho promedio del 68.8 % está afectado hacia abajo por la situación de los informales con menos de 1 mes de duración en su trabajo, donde el 75 % desearía emplearse. Interesante es también observar que la preferencia por el autoempleo se manifiesta aún cuando los niveles de ingreso resultan menores que los salarios. Así, el 64.1 % de los que obtiene ingresos entre 22.000 y 35.000 pesos prefiere el autoempleo, alcanzando al 80 % de los que obtienen entre 35.000 y 50.000 pesos.

La cuestión terminológica -la discusión sobre el nombre con que se la puede identificar más exactamente- tiene importancia en cuanto detrás de las palabras está no solamente la definición de un concepto sino también una valoración del fenómeno en términos culturales e ideológicos. Economía "informal", por ejemplo, tiene implícita una connotación negativa, y destaca el hecho que muchas de tales actividades mantienen una situación jurídica y tributaria irregular, y que sus operaciones no aparecen registradas en las cuentas nacionales; pero no todas las microempresas populares están en tal situación, y la tendencia es incluso a la reducción de dicha informalidad a medida que se van facilitando los caminos de regularización; no por ello la economía popular se reduce. Al contrario, ella experimenta procesos de crecimiento, que permiten que al menos una parte de las unidades microempresarias acceda a la formalidad del mercado y de las leyes. Economía "invisible" también es una expresión negativa, aunque en verdad alude más a la situación del observador que de la realidad observada: esta economía es hoy invisible sólo para el que no quiere ver, o para quién mira la realidad popular desde demasiado lejos. Hablar de economía "de subsistencia" dice referencia a una supuesta incapacidad de generación de excedentes y de acumulación o desarrollo, lo que no resulta válido para el conjunto de la realidad aludida.

Para referirnos al mismo fenómeno preferimos hablar de economía popular, en cuanto las formas y sectores económicos deben ser identificados por alguna cualidad inherente a su propio modo de ser y, más específicamente, a partir de los sujetos que los organizan, que en este caso son precisamente los grupos sociales más pobres que acostumbramos identificar como "populares". Por cierto, la expresión puede resultar un tanto imprecisa en cuanto "lo popular" es actualmente objeto de variadas interpretaciones; pero el sentido en que aquí la usamos resulta claro. En cualquier caso, la discusión terminológica es mucho menos relevante que la amplia discusión teórica que se ha venido entablando sobre la naturaleza del fenómeno, sus orígenes, sus perspectivas, limitaciones y potencialidades.

En efecto, los estudios sobre esta economía popular se han multiplicado en los últimos años. Buscando los orígenes y la explicación del fenómeno se han formulado diferentes interpretaciones, cada una de las cuales destaca algún aspecto o dimensión de la realidad y propone ciertas orientaciones de política económica para ella; resulta, pues, conveniente revisarlas aunque sea someramente.

Estudiosos de PREALC (V.Tokman, J. Messera y otros), desde un enfoque estructuralista, han examinado este fenómeno en cuanto manifestación y resultado de una heterogeneidad estructural propia de economías subdesarrolladas o en vías de desarrollo, en la que es posible distinguir un sector moderno, un sector tradicional y un sector informal urbano. Este lo identifican básicamente con un universo de empresas pequeñas, heterogéneas, con escaso o nulo acceso al capital, a la tecnología, a la capacidad empresarial y a la calificación de la mano de obra. Sus trabajadores formarían parte del excedente de oferta de trabajo urbano, que no logra insertarse en ocupaciones del sector moderno.

Que se trata de un "sector" de la economía lo fundamentan en dos situaciones: a) Se manifiesta una segmentación del mercado del trabajo, con escasa transferencia de trabajadores del sector informal al sector moderno, debido a que éste atiende especialmente a la calificación más que al nivel de salario exigido por el trabajador; b) Operan sobre distintos mercados, en cuanto las unidades informales aprovechan oportunidades de generar ingresos dentro de mercados que usualmente están dominados por empresas oligopólicas modernas, que dejan ciertos "nichos" o huecos de demanda sin satisfacer. Un ejemplo son los pequeños negocios en barrios populares dominados por un supermercado: el nicho se establece diferenciando el producto y las condiciones de venta.

Ahora bien, según los mencionados autores, aunque se trate de "sectores" distintos existen entre ellos importantes interrelaciones: una suerte de equilibrio en el flujo de comercio de bienes y servicios. Los informales compran al sector moderno bienes de capital (usados), insumos y bienes de consumo, y venden bienes y servicios, no tanto a las empresas (debido a la baja calidad y a la inseguridad en las entregas) sino especialmente a los asalariados del sector moderno.

A partir de tales interrelaciones, los niveles de empleo y de ingreso del sector informal se explicarían por la evolución coyuntural del sector moderno. En cuanto al empleo, su nivel es explicado así: El excedente de oferta de fuerza de trabajo del sector moderno tiene la opción de incorporarse al sector informal o de permanecer cesante en espera de un empleo en el sector moderno. Los desempleados deciden de acuerdo a los ingresos esperados en una u otra opción, siendo el ingreso esperado en el sector informal el ingreso informal, dado el supuesto de libre entrada al sector, y el ingreso esperado en el sector moderno el ingreso del sector moderno ponderado por la posibilidad de encontrar empleo en este sector. Esta posibilidad es igual a la unidad menos la tasa de desempleo.

Esto significa que un aumento del desempleo en el sector moderno aumenta el nivel de empleo en el sector informal, especialmente de los trabajadores menos calificados. Ahora bien, este aumento afecta el ingreso de los trabajadores informales, que estaría determinado en la siguiente forma: Debido a que los "nichos" del mercado son limitados, el ingreso total del sector informal puede considerarse relativamente estable; por consiguiente, el aumento de los informales reduce su ingreso neto medio (el ingreso total del sector es compartido por un número variable de trabajadores). Así, el aumento del desempleo en el sector moderno aumenta el número de informales pero hace disminuir sus ingresos medios. En cambio, si aumentan los salarios del sector moderno, aumentarán también los ingresos del sector informal, que colocan sus ventas preferentemente entre los asalariados. El ingreso total del sector informal será función de los niveles de empleo y de salarios del sector moderno, esto es, de la masa salarial.

Según tal análisis, la evolución del sector informal sería completamente dependiente del sector moderno. Pero estaríamos también ante un sector que tendría una muy fuerte dinámica de expansión: en períodos recesivos y de aumento del desempleo en el sector moderno aumentaría el número de trabajadores y de unidades económicas informales, mientras que en períodos de crecimiento del producto, del empleo y de los salarios del sector moderno, aumentarían para los informales las oportunidades de mejorar sus ingresos y de consolidar sus unidades económicas. Debido a la segmentación del mercado del trabajo, y por varias razones que no considera el análisis económico pero que son importantes para comprender la dinámica de los procesos sociales (por ejemplo, que el trabajo por cuenta propia proporciona mayor libertad para disponer del propio tiempo, disminuye gastos de transporte, y establece ciertas condiciones subjetivas que llevan a una parte de los informales a permanecer en el sector aunque tengan opciones de reinsertarse en el sector moderno como asalariados), la reabsorción de trabajadores por parte del sector moderno sería menor a la que determinaría la simple comparación de los ingresos esperados en uno y otro sector. Sea o no ésta la razón, el hecho es que la economía popular ha mostrado una dinámica de expansión persistente a lo largo de las dos décadas en que el fenómeno ha sido estudiado; lapso en que se han sucedido en el sector moderno de la economía ciclos coyunturales de diferente signo. Veamos si otras interpretaciones del fenómeno agregan elementos para la comprensión de este dinamismo.

El peruano Hernando De Soto, desde una óptica teórica neo-liberal, ve en el surgimiento de numerosas unidades económicas informales la manifestación de una iniciativa empresarial connatural al ser humano y al capitalismo, que se expresa informal y precariamente porque el Estado ha construído una serie de trabas y rigideces burocráticas que impiden su adecuada manifestación; en perspectiva, señala que esta economía emergente abre el camino a una economía de mercado más dinámica. El énfasis del análisis está puesto aquí, más que en el tamaño y características técnicas de las unidades económicas o en sus relaciones dinámicas con el mercado, en el hecho mismo de la informalidad, entendida como carencia de constitución jurídica y de cumplimiento de las obligaciones tributarias. Desde esta óptica se identifica en los elevados costos (en tiempo y dinero) de la formalización y en los beneficios de la ilegalidad, la expansión del fenómeno; pero en base a la observación de que dichos costos y beneficios son posibles solamente para unidades y operaciones de pequeña escala, se destaca la importancia de cambios tanto en las estructuras jurídicas como en la organización de los mercados para hacer posible, mediante adecuados procesos de formalización, el crecimiento del sector y su inserción dinámica en la economía global.

Utilizando los conceptos y métodos del análisis marxista, otros investigadores han explicado la economía popular como si se tratara simplemente de una expansión de los fenómenos de "sobrepoblación relativa" y de formación del "ejército industrial de reserva" propios del modo capitalista de producción, que ahora se acentúan en conexión a una supuesta agudización de la crisis del capitalismo periférico.

Desde un punto de vista más sociológico que económico, diversos investigadores explican el fenómeno en términos de "estrategias de subsistencia" desplegadas por los sectores sociales marginados o excluídos como consecuencia de la implementación de políticas económicas neo-liberales y de libre mercado. Al enfocarlo en estos términos conciben las experiencias de economía popular como una respuesta puramente defensiva de los grupos sociales más desprotegidos, ante situaciones coyunturales críticas, y en consecuencia esperan la reversión de su crecimiento mediante procesos de industrialización y modernización que abran oportunidades de puestos de trabajo formales.

Desde otra óptica algunos autores (Portes y Castells entre otros) destacan que esta pequeña producción popular, más que expresión de estrategias de sobrevivencia o de iniciativas empresariales emergentes, responden a unos procesos de flexibilización de las relaciones de trabajo desarrolladas por las grandes empresas. Numerosas pequeñas unidades económicas se constituirían en correspondencia con procesos de descentralización de la producción, que desplazan la elaboración de piezas y partes, o la ejecución de ciertas fases del proceso elaborativo, fuera de las empresas mismas, hacia pequeñas unidades familiares subcontratadas o que trabajan "a maquila".

Estos y otros enfoques analíticos identifican parcialmente -unos más que otros- aspectos efectivamente presentes en la economía popular. La suma de ellos proporciona un cuadro bastante plausible del fenómeno (aunque, evidentemente, no se podrá sostener simultáneamente los supuestos teóricos en que los distintos autores se basan).

A todos ellos, sin embargo, escapa una dimensión del proceso que nos parece esencial y que precisamente queremos destacar al proponer que se adopte la expresión "economía popular" para identificarlo en su globalidad.

En efecto, desde un punto de vista cualitativo el hecho más interesante, sorprendente y novedoso manifestado por esta notable multiplicación de pequeñas iniciativas, organizaciones y experiencias económicas populares, es la movilización y activación económica del mundo de los pobres, en búsqueda de solución autónoma a sus propias necesidades y carencias.

Se trata de un hecho o proceso que tiene simultáneamente dimensiones y significado económico, social, político y cultural. Más aún, nos atrevemos a hipotetizar que toda una transformación cualitativa de la pobreza se está verificando ante nuestros ojos, la que deberá ser tenida muy en cuenta a la hora de diseñar e implementar políticas sociales y subsidiarias.