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CAPITULO II PERSPECTIVAS Y POTENCIALIDADES TRANSFORMADORAS: TRES HIPÓTESIS IDEOLÓGICAS Y APERTURA A UN ANÁLISIS CIENTÍFICO

Sobre el significado de estas experiencias y sobre sus potencialidades de contribuir a un proceso de transformación social y desarrollo, se han ido formulando y sedimentando diferentes concepciones. Sintetizando los distintos puntos de vista, hace ya varios años identificamos la existencia de tres hipótesis interpretativas que enfocan diversamente el significado, el valor y el potencial de estas organizaciones. Las llamadas hipótesis “mínima”, hipótesis “intermedia” e hipótesis “máxima”, dependiendo de la menor, intermedia o mayor importancia y valor que se reconoce en estas experiencias (7).

Cabe señalar que estas distintas valoraciones responden sólo en parte a un análisis o reflexión sobre lo que de hecho son las organizaciones mismas, pues están basadas también en distintos diagnósticos de la realidad social, económica y política en que vivimos, y en distintas concepciones sobre el sentido de los cambios o alternativas que se han de impulsar. En efecto, quien tiene un cierto diagnóstico de la realidad observa y ve estas experiencias de acuerdo a ese diagnóstico, le atribuye causas y motivaciones en conformidad con esas ideas generales; y quien piense la alternativa y las transformaciones necesarias de una determinada manera, tiende a valorar y a percibir en estas organizaciones aquellas potencialidades que sirvan para esa alternativa, para esas determinadas transformaciones que busca.


1. La hipótesis mínima, con una variante.

Según la hipótesis mínima estas experiencias serían predominantemente defensivas, resultado y reacción frente a la extrema pobreza y a la gran desmovilización que ha vivido el mundo popular. En sus orígenes está la represión y las duras condiciones en que los sectores populares han tenido que reorganizarse y replantear su acción. En lo económico, serían estrategias de subsistencia mínima, como última defensa ante la extrema necesidad. Por lo tanto no constituirían ninguna alternativa, puesto que la gente que participa en estas organizaciones, apenas encuentren un modo distinto de resolver sus problemas, se van a ir tras ellas; o apenas se abran paso posibilidades de acción y organización de tipo político, van a dejar estas organizaciones que no permitirían canalizar eficazmente los deseos de cambio social. Se trataría, por lo tanto, de organizaciones puramente coyunturales, transitorias. Su validez coincidiría con el tiempo en que se mantengan las actuales coordenadas de una economía concentradora y excluyente y de un Estado autoritario. El valor principal de estas organizaciones sería el ayudar a pasar esta situación tan grave que se vive, paliando los problemas y reduciendo sus costos sociales y organizativos.

En esta reducida valoración de las experiencias solidarias el diagnóstico de que se parte es que estamos viviendo en el país una crisis que, aunque se haya ido prolongando más de lo supuesto inicialmente, es coyuntural y transitoria. La crisis estaría dada por la ruptura institucional que experimentó el país en 1973, por el autoritarismo implantado sucesivamente, y por la política neo-liberal extrema. Un retorno a la democracia y a las prácticas tradicionales de participación del Estado en la regulación de la economía, permitiría superar progresiva y rápidamente la crisis, con la consiguiente reabsorción de los sectores populares excluidos: como consecuencia de ello, las experiencias de organización económica popular y solidaria tenderían a desaparecer.

En una variante de esta hipótesis mínima, algunos piensan que las experiencias económicas solidarias perdurarán probablemente por varios años después de una recuperación democrática, pues las condiciones en que se encuentra la economía son tan graves que no sería realista esperar que ni el Estado ni una re-industrialización serían suficientes para resolver la gravedad de los problemas sociales existentes; así, los sectores marginados y excluidos continuarán sirviéndose de organizaciones económicas propias, que incluso podrán tener algún crecimiento en eficiencia y posibilidad de consolidarse, en la medida que operen bajo condiciones más favorables que las que han tenido hasta ahora, o que puedan verse favorecidas por políticas públicas de promoción y apoyo.

Según el enfoque de la hipótesis mínima, tanto en su primera versión como en su variante más reciente, los aspectos y las actividades económicas son esenciales en estas organizaciones pues constituyen el objetivo fundamental de sus integrantes; pero la actividad económica se mantiene a nivel de formas de subsistencia o con muy escasas posibilidades de desarrollo. En resumidas cuentas, la hipótesis mínima es una hipótesis que podemos considerar también como “economicista”.


2. La hipótesis intermedia, con otra variante.

Según la hipótesis intermedia, estamos en presencia de un fenómeno que en sus formas y manifestaciones actuales es coyuntural y transitorio, pero que es parte de un proceso de organización popular más amplio, en el que se inserta y que le da sentido. Si bien estas organizaciones -en cuanto específicamente económicas para enfrentar necesidades básicas insatisfechas- desaparecerían cuando cambie la situación política y económica en que surgieron, quedará de ellas el resultado organizativo alcanzado, que se desplegará en un proceso de politización y movilización masiva, que constituiría su fase superior. Aunque serían el reflejo de una fase de repliegue del movimiento popular, estas experiencias tendrían el gran valor de mantener cierto grado de organización poblacional, de permitir y canalizar ciertas acciones de denuncia y de reivindicación social importantes en esta etapa, y de formar nuevos dirigentes populares. El proceso iría adelante en la medida que se vaya pasando a niveles de acción más de carácter reivindicativo y político, de lucha de masas y de acción directa.

En esta valoración parcial de las experiencias solidarias el diagnóstico de que se parte es que la crisis que nos afecta no es sólo por el actual régimen político y económico, sino que es una crisis profunda del capitalismo en las naciones periféricas y subdesarrolladas. Desde el punto de vista de esta hipótesis la alternativa estaría clara: el socialismo. Las fuerzas que van a sacarnos de esta crisis serían la clase obrera, los trabajadores organizados apoyados por otros sectores menos conscientes pero cuantitativamente importantes. En lo económico la solución sería la planificación centralizada, la socialización de los grandes medios de producción y su control por el Estado; pero ello supone una etapa y un proceso previo, de conquista del poder político, por lo cual la tarea principal es de tipo político. Desde este diagnóstico de la crisis y de la alternativa, estas organizaciones no son de primordial importancia puesto que no son organizaciones de la clase obrera organizada, sino de cesantes, pobladores, mujeres; no son tampoco organizaciones que generen grandes potenciales de lucha social ni de masas, pero pueden hacer a todo ello algún aporte, y siendo organizaciones reales, populares, muy numerosas, no deben despreciarse sino que se debe trabajar en y con ellas para su concientización, politización y movilización.

En una variante de esta hipótesis intermedia, algunos piensan que todas estas experiencias de organización solidaria tienen aportes más significativos que hacer, no sólo en lo coyuntural sino en una perspectiva de renovación política de mediano y largo plazo. Sería así porque el análisis de los procesos históricos contemporáneos indica que las respuestas tradicionales del movimiento popular frente al capitalismo deben ser profundamente renovadas, revalorizando la democracia, apuntando hacia un socialismo descentralizado o autogestionario, renovando la propia ideología, cuestionando los roles tan centrales que en la transformación se atribuía a la clase obrera, al Estado, a las formas de propiedad. En esta perspectiva se ha llegado a valorizar estas organizaciones -más que por su aporte intrínseco- por sus potencialidades de llegar a constituir un nuevo protagonismo social, un sujeto o movimiento social de nuevo tipo, capaz de aportar al movimiento popular y democrático en su conjunto algunas importantes lecciones: la participación real, la búsqueda de la autonomía, relaciones más horizontales entre dirigentes y dirigidos, etc.

Según el enfoque de la hipótesis intermedia, tanto en su versión primera como en esta variante más abierta, lo específicamente económico de estas organizaciones no es importante; ello interesa en cuanto puede ser necesario para que las personas se motiven y para que las organizaciones se consoliden. Pero más importante que todo ello es el potencial de concientización y movilización política, sea en una perspectiva tradicional o en otra renovada. En resumidas cuentas, la hipótesis intermedia es una hipótesis que podemos considerar como “politicista”.


3. La hipótesis máxima, con explicaciones adicionales.

Según la hipótesis máxima, el fenómeno que estamos analizando sería portador de un nuevo modo de organización y de acción transformadora, al menos en forma germinal o embrionaria. Aunque ha surgido como respuesta ante situaciones determinadas, la novedad que trae es un aporte decisivo, que implica potencialmente la superación de los modos tradicionales de organización popular. Su valor no se limitaría al hecho de ser una respuesta adaptada a la realidad de los problemas actuales, sino que se proyecta más allá de éstos, como un proceso que desde la base social se extiende hacia la implementación de formas y relaciones humanas y sociales alternativas y superiores. El contexto económico y político actual es limitante de su desarrollo, de modo que el cambio de estas condiciones no las haría desaparecer sino que, por el contrario, permitiría un despliegue más rápido y amplio de sus potencialidades; en tal sentido, se le considera como un fenómeno que tiene perspectivas de permanencia y de autonomía, siendo esperable que se modifique por crecimiento y desarrollo cualitativo de sus propias características y no por absorción dentro de otros modos de organización y de acción.

Para llegar a esta valoración máxima de las experiencias y organizaciones solidarias se parte de un diagnóstico según el cual la crisis que vivimos no es solamente la de éste régimen económico-político, o sólo del capitalismo subdesarrollado, sino una crisis de civilización. Estaría en crisis la sociedad industrial y las formas estatales modernas, es decir, una civilización que se ha construido en torno a dos grandes pilares: la gran industria en lo económico, y el Estado en lo político. Sería la crisis de una civilización basada en la competencia, en el conflicto y en la lucha; de una civilización que pone en la conquista del poder estatal y en el desarrollo de grandes conglomerados económicos la solución a las necesidades humanas y sociales. En consecuencia, sería una crisis que afecta a los distintos modelos o sistemas de organización socio-políticos, incluidos los modelos socialistas que también son sociedades fundadas en esos mismos dos grandes pilares de la gran industria y el Estado.

¿En base a qué puede pensarse que estas organizaciones de base y estas experiencias solidarias constituyen una forma de respuesta ante una crisis tan global y profunda? La pregunta es decisiva, porque mientras mayor sea la crisis y más complejo y amplio el desafío que nos pone, se hace más patente la desproporción que puede haber entre la tarea por realizar y el desarrollo real alcanzado por estas pequeñas organizaciones, o sus potencialidades efectivas para cumplirla. Es conveniente profundizar un poco más el tema, porque el planteamiento de esta tercera hipótesis es menos conocido que el que subyace bajo las dos hipótesis anteriores, y porque nos aporta importantes elementos cognoscitivos para responder a la interrogante principal que nos ocupa.

Lo peculiar de la crisis que vivimos sería su integralidad, su “organicidad”, en el sentido de que abarca todos los aspectos de la vida humana (aspectos económico, social, político, cultural y moral) y que afecta los distintos planos o niveles en que se organiza la experiencia del hombre y de la sociedad contemporánea, desde lo individual a lo planetario. Encontramos manifestaciones de estas crisis en varios planos:

a) En el plano individual, se manifiesta como deterioro tendencial de los equilibrios psicológicos de las personas, fenómeno que se expresa en el incremento de las neurosis y otras psicopatías, en los comportamientos anómicos y en la pérdida de sentido de la vida, en la drogadicción y otros “escapismos”, etc.

b) En el plano social, a nivel de los países, la crisis se manifiesta como deterioro tendencial de los equilibrios socio-políticos, que se expresa en el incremento de las pugnas corporativas, en la expansión del terrorismo, de la tortura, de la marginación y exclusión social, en la creciente ingobernabilidad de los estados nacionales, en la carencia de alternativas políticas basadas en las formas tradicionales de acción. Sucede incluso que lo que se postula como respuestas opositoras al statu quo lleva a agudizar los problemas y desequilibrios, y a menudo se traduce en un incremento del poder y de la fuerza de los adversarios, sin que se abran caminos claros de superación de los antagonismos.

c) En el plano mundial, la crisis se manifiesta como deterioro tendencial de los equilibrios internacionales, que se expresa en el armamentismo, el peligro nuclear, la pérdida de capacidad de acción de los organismos internacionales, la agudización de los conflictos económicos entre las naciones, etc. Los desequilibrios norte-sur, entre los países desarrollados y subdesarrollados, son tan fuertes que no es posible pensar en disminuir a mediano plazo la brecha que existe entre unos y otros, puesto que mientras los primeros están viviendo la tercera revolución industrial (revolución cibernética o científico-técnica) los segundos están viviendo procesos de desindustrialización, empobrecimiento y endeudamiento creciente. Mientras esto sucede, tampoco se resuelve el conflicto entre los países socialistas y capitalistas, porque el gran problema es que mientras la vida económica tiende al internacionalismo y al cosmopolitanismo, la vida política sigue desarrollándose en términos nacionalistas y de bloques.

d) En el plano ecosocial y planetario, se manifiesta la crisis como deterioro tendencial de los equilibrios ecológicos, que se expresa en la contaminación de los ríos y aguas, la extinción de especies vegetales y animales, la lluvia ácida, la deforestación, la erosión, la polución en las ciudades, etc. El modo moderno y contemporáneo de las relaciones del hombre con la naturaleza está provocando desequilibrios tan profundos que amenazan a los mismos procesos que los generan: a la gran industria y a los Estados, grandes poderes concentrados que tienen necesidad de grandes instrumentos, de grandes aparatos, de grandes ejércitos y armamentos, de grandes masas de energía cada vez más difíciles de mantener bajo control.

Desde este diagnóstico de la crisis el interés por las experiencias de economía popular y solidaria se acrecienta. Porque es lógico pensar que, si la crisis ha de tener solución, es probable que ésta se encuentre ya presente, en germen, en la realidad. Y es también lógico pensar que si una alternativa frente a la crisis está emergiendo de alguna parte, será desde los sectores que la están experimentando en sus formas más agudas y radicales, o sea, desde los sectores populares más pobres. Porque tienen menos participación y están menos comprometidos con el orden establecido que está en crisis, y también porque al experimentar los efectos de la crisis en formas más extremas es natural que reaccionen a ella antes que otros sectores.

Si la crisis es generalizada todos seremos afectados, pero en distinto grado, intensidad y momento; los primeros afectados son obviamente los sectores más desprotegidos, los que tienen menos elementos de poder, menos medios para defenderse; y por lo tanto comenzarán también antes a reaccionar. Junto a ellos, también se adelantarán en la búsqueda de alguna alternativa personas de otros sectores sociales que son particularmente sensibles, abiertos y disponibles para cambiar de modos de pensar, de sentir y de comportarse, asumiendo un compromiso y una responsabilidad en la búsqueda y construcción de un modo distinto de hacer las cosas y de vivir.

Desde un diagnóstico que afirma que la propia supervivencia de la humanidad está amenazada crecientemente, las organizaciones que nacen para enfrentar este problema porque lo empezaron a vivir antes adquieren un significado nuevo y decisivo, pues podremos vislumbrar en ellas elementos de una respuesta más general, líneas de solución, caminos de búsqueda que probablemente continuarán experimentándose y extendiéndose en la medida que los efectos de la crisis sigan expandiéndose hacia otros sectores. Desde un diagnóstico que concibe la crisis como resultado de un cierto tipo de desarrollo unilateral en lo económico, en lo político y en lo cultural, y que la identifica como crisis de una civilización fundada en el individualismo, la acumulación de riquezas y de poder, el gigantismo industrial y burocrático, etc., es natural valorizar y aspirar al desarrollo de formas de organización y de acción en los que emergen como valores la comunidad y solidaridad, la integración de lo económico, político, cultural, etc., la descentralización del poder y de los bienes, la pequeña escala y la participación, la centralización y preeminencia del trabajo y del hombre sobre el capital y las cosas.

Si a la hipótesis mínima y a la intermedia las pudimos considerar, respectivamente, como economicista y politicista, esta tercera hipótesis interpretativa del fenómeno que nos interesa la podemos denominar también como “culturalista”, pues pone el énfasis en los elementos valóricos y en el significado de las experiencias en relación a la emergencia y desarrollo de nuevos modos de pensar, de sentir, de relacionarse, de actuar y de hacer las cosas. Desde esta hipótesis lo específicamente económico de estas organizaciones populares solidarias ocupa un lugar y una importancia fundamental; pero lo económico es entendido en términos muy amplios, no sólo como la producción, distribución y consumo de los bienes y servicios materiales sino como “la manera de hacer las cosas” y de satisfacer las necesidades humanas en su integralidad, en base a la utilización racional de los medios disponibles que se presentan como escasos.

Más que en las actuales “estrategias de sobrevivencia” el pensamiento se proyecta hacia su desarrollo en la perspectiva de llegar a constituirse como “estrategias de vida”.

4. Para pasar de las hipótesis a una concepción teórica de carácter científico.

El plantear tres hipótesis interpretativas diferentes frente a un mismo fenómeno social y sus perspectivas y potencialidades, deja una cierta ambigüedad. Se hace necesario precisar el carácter de las mismas, y evaluar de algún modo sus respectivas capacidades de comprensión del proceso organizativo al que se refiere.

Lo primero que conviene precisar es que cada una de las tres líneas interpretativas contiene una parte de la realidad del fenómeno total, y nos abre a la comprensión de diferentes aspectos, tendencias, problemas, posibilidades, limitaciones y potencialidades que efectivamente tienen estas organizaciones, consideradas aisladamente y en conjunto. En la experiencia y en la práctica de estas iniciativas y organizaciones hay aspectos que pueden ser rescatados para cada uno de los enfoques planteados, con sus respectivas variantes. De hecho, cada hipótesis destaca algunas organizaciones y actividades, tiene especialmente en cuenta la acción de determinadas instituciones de apoyo, corresponde al modo de pensar y de concebir el proceso organizativo de parte de algunos de sus actores, identifica algunos de sus problemas claves y permite visualizar ciertas tendencias realmente existentes que proyectan el proceso en determinadas direcciones. Al respecto el relevante percibir que en el seno de estas experiencias actúan personas e instituciones que conciben y proyectan las organizaciones en varias perspectivas señaladas; y sabemos que lo que en definitiva suceda depende de los protagonistas y de las organizaciones mismas, de cuáles sean las opciones que vayan adoptando en su concreto accionar.

Por todo lo dicho -y tal como afirmamos desde la primera vez que las formulamos- “las tres hipótesis interpretativas son complementarias, constituyendo elementos válidos de una interpretación y comprensión que quisiera ser completa. No obstante lo anterior, no parece posible conformarse con la simple sumatoria de lo que las tres destacan y valoran, como si el conjunto resultante nos diera una visión completa del fenómeno; ello por la simple razón de que, además de ser complementarias, las tres hipótesis presentan elementos, no secundarios sino esenciales, que se manifiestan como contradictorios y excluyentes entre sí. (...) Con la formulación de estas tres hipótesis y en los respectivos análisis de sus implicaciones, no hemos alcanzado aún aquella interpretación del fenómeno de las nuevas organizaciones económicas populares, que nos permita comprender cabalmente su sentido y prever las direcciones de su evolución futura” (8)

Miradas en profundidad, las tres hipótesis pueden considerarse como ideológicas, en el sentido de que totalizan excesivamente la realidad, toman la parte por el todo, y confunden elementos de respuesta con la respuesta completa. De este modo, cada una ofrece un cuadro coherente, claro, simple, que puede ser bastante dinamizador de la acción, pero que en cuanto explicación de conjunto es demasiado apresurado, pre-científico.

Ahora bien, del conjunto de la exposición del tema -tanto en ésta como en anteriores ocasiones- resalta por lo menos un interés especial que mostraremos por la “hipótesis máxima”, y hemos explícitamente destacado que ella aporta muy significativos elementos para responder a la interrogante sobre la inserción y el aporte de la economía de solidaridad en un proyecto de transformación social y de desarrollo. De hecho, en nuestros propios trabajos y exposiciones hemos alimentado teóricamente la línea interpretativa correspondiente a ésta hipótesis; así como también nos hemos ocupado de contribuir al desarrollo de las otras dos hipótesis, aportando algunos elementos en la dirección de las respectivas “variantes” anotadas anteriormente.

¿Hay en esto un contrasentido, o una inconsecuencia teórica? Es importante detenerse brevemente sobre el punto, porque a partir de ello pueden esclarecerse también otros aspectos del trabajo intelectual relacionado con procesos de organización popular y con políticas de transformación.

Ya mencionamos dos de los elementos claves del problema. El primero es que las concepciones ideológicas son, de hecho, al menos en la fase evolutiva actual de nuestras sociedades y civilización, un factor importante para el desarrollo, potenciamiento y dinamización de la acción, tanto a nivel de los individuos como de los grupos organizados. Estas concepciones claras, simples, volcadas hacia el futuro, que integran elementos valóricos con aspectos analíticos y críticos de la realidad presente, permiten alcanzar cierta necesaria unidad y coherencia mediante las cuales la actividad práctica resulta potenciada. De allí que no podemos prescindir de las ideologías, negarlas simplemente, o dejarlas correr intactas al lado de lo que hacemos en otro plano de la reflexión y del conocimiento; son una parte -relevante- de la realidad, y sobre su dinámica y desenvolvimiento puede ser conveniente actuar y desplegar también a ese nivel una actividad transformadora.

El segundo elemento del problema lo mencionamos también cuando señalamos que cada una de las concepciones ideológicas contiene una parte de verdad; en efecto, ellas son formas de conocimiento, estructuras del pensamiento y de la conciencia capaces de atrapar verdades y valores incluso muy elevados, aunque las expresen de manera que -desde un punto de vista científico o filosófico más amplio y profundo- puede parecer demasiado simple, escasamente elaborado, excesivamente o insuficientemente crítico, etc. Si es así, relevante será partir de estas formulaciones ideológicas para avanzar hacia una verdad o un conocimiento más amplio, profundo y refinado; y no sólo ello, sino también aplicarse para el desarrollo ulterior de aquellos elementos valóricos o cognoscitivos válidos, para la expansión de aquella parte de verdad que contengan. He aquí un contenido esencial de aquella acción transformadora que es preciso realizar también a nivel de las ideologías (consideradas como hechos sociales operantes); acción transformadora que no puede realizarse adecuadamente desde afuera, sino poniéndose y moviéndose en su propio medio o elemento. Pero es de advertir que tal trabajo es legítimo sólo si se toma cierta distancia del discurso ideológico, en el sentido de explicitar lo que verdaderamente es: su carácter de conocimiento hipotético, provisorio, parcial, insuficiente, punto de partida o “hipótesis” para un conocimiento superior, que no debe considerarse como excluyente con respecto a otras hipótesis del mismo nivel que también contienen su parte de verdad y de valor. El mayor peligro para el conocimiento y la cultura es la dogmatización de las ideologías, su absolutización y totalización.

El tercer elemento del problema deriva de considerar realistamente las posibilidades culturales existentes en el medio en que se desenvuelven específicamente las organizaciones económicas populares. Los conocimientos científico y filosófico son especializaciones; el razonamiento teórico complejo es una actividad cultural de alta especialización, que requiere procesos previos, prolongados y complejos, de estudio, formación y perfeccionamiento. No cabe duda que también la ciencia y la filosofía son concepciones parciales, simplificaciones de la realidad, en las que se entremezclan elementos válidos con aspectos erróneos que deben ser trabajosamente desplazados mediante nuevas investigaciones. Pero el problema es otro, y consiste básicamente en que la mayor deformación y el error más grave pueden provenir de conocimientos científicos verdaderos que son aislados y sacados de su contexto -el contexto de las hipótesis y teorías científicas- e incorporados a un modo de pensar diferente, o sea subsumidos en una concepción ideológica. Mucha más verdad y conocimiento puede haber en un conjunto de afirmaciones de carácter ideológico que en otro conjunto de afirmaciones científicas mal interpretadas o insertas en un discurso ideológico que no es el propio de ellas.

La consideración conjunta de estos tres elementos permite comprender el sentido y la importancia que puede tener una elaboración intelectual que se desenvuelve al nivel de las formulaciones ideológicas; y nos permite identificar el significado de contribuciones específicas como las que hemos intentado hacer a las hipótesis interpretativas del fenómeno de las organizaciones económicas populares, y en particular a la “hipótesis máxima”. La indispensable “distancia” que tomamos respecto de ellas la manifestamos no sólo explicitando las advertencias anteriores sobre su carácter ideológico, sino también al individuarlas y caracterizarlas precisamente como “hipótesis” (o sea, formulación provisoria, aún no demostrada y sujeta a corrección, modificación y falsificación), y sobre todo, al manifestar expresamente insuficiencias y críticas a las mismas.

Esto último adquiere especial significado respecto a la hipótesis máxima, dada precisamente la preferencia o el “interés especial” que ponemos en ella. Reiteramos, pues, lo que dejamos anotado ya en aquella primera presentación de las hipótesis, a saber que “este proceso es aún incipiente, de modo que nuestra formulación conceptual constituye una anticipación teórica de una realidad no perfectamente perfilada”. Y agregamos en nota a pié de página: “Lo que nos parece incipiente y no perfectamente perfilado se refiere específicamente a lo que este proceso organizativo puede significar como germen de una nueva estructura de la acción popular transformadora, como proceso organizativo alternativo capaz de proyectarse con autonomía, lo que permanece aún como una hipótesis que ha comenzado a asomar en algunos sectores y que -como expondremos más adelante- en cierto modo compartimos”(9). Y lo que anotamos en otra ocasión posterior: “En relación con la hipótesis máxima convendría señalar, por ejemplo, que el diagnóstico de la crisis (del que parte) aún cuando sea válido en lo esencial puede ser engañoso si no se tiene en cuenta que lo que se engloba bajo el concepto de crisis “orgánica” o de civilización no es el derrumbamiento de la realidad entera, de modo que el diagnóstico de ésta debiera incluir una atenta consideración de aspectos positivos, tendencias y potencialidades presentes también en nuestras sociedades y que no podríamos definir como estando en crisis. También con respecto a la alternativa (en que se piensa al formular la hipótesis) habría que decir que junto a estas experiencias emergentes hay muchas otras con las que pueden confluir en una misma perspectiva de transformación y desarrollo; que un proyecto orientado hacia la emergencia de una nueva civilización debe incluir una multiplicidad de procesos económicos, sociales, políticos y culturales, a través de una pluralidad de sujetos y movimientos organizados, y a través de respuestas a las crisis en los varios planos en que ésta se manifiesta: individual, social, nacional, internacional, planetario” (10).

De todo lo anterior podemos concluir que es necesario superar la ambigüedad que deja el planteamiento de líneas interpretativas diferentes, mediante la elaboración de una teorización coherente y unitaria, que supere el nivel ideológico y se desenvuelva en el plano de la búsqueda científica.

Ahora bien, acceder a un plano de búsqueda teórica y científica de las perspectivas y de las potencialidades transformadoras de estas formas de economía popular y solidaria, supone examinar y elaborar una serie de cuestiones, a saber:

a) Penetrar en la comprensión de la racionalidad especial y de la lógica económica propia de estas organizaciones y experiencias; examinarlas, pues, teóricamente, más allá de su simple análisis descriptivo y de la sistematización de las experiencias mismas. La importancia de esto está en que las organizaciones (de cualquier tipo que sean) pueden hacer y aportar de sí mismas lo que está implícito en su esencia: lo que pueden dar no es sino el despliegue práctico de su propia racionalidad y de sus modos de ser y de comportarse.

b) Poner de manifiesto el grado de autonomía -y el modo de ésta- que las organizaciones pueden alcanzar, tanto consideradas individualmente como en conjunto (o sea, en la medida que puedan constituir un sector de economía solidaria capaz de operar como una fuerza o movimiento social independiente). Aspecto importante de clarificar pues las posibilidades transformadoras de cualquier sujeto económico, social o político, dependen en gran medida de su capacidad de sustraerse a la subordinación y dependencia respecto a los poderes dominantes o a cualquiera de las fuerzas dadas que pretendan mantenerlos subordinados.

c) Examinar los contenidos y los modos de desenvolvimiento del proyecto de transformación social en que estas organizaciones y experiencias pueden insertarse, y en función de tal proyecto precisar el modo de participación y el aporte que ellas pueden dar. Esto ha de hacerse tanto en el plano de la economía como de la política.

d) Analizar el problema del desarrollo y profundizar en los lineamientos de un desarrollo alternativo en el cual a estas organizaciones y procesos les corresponda un determinado rol que cumplir.

Procederemos a examinar estos cuatro elementos del problema, al nivel necesariamente resumido en que puede hacerse en un escrito de las dimensiones de éste; aún así, no podemos prescindir de un procedimiento analítico, por el cual es ineludible transitar si se quiere acceder a una comprensión integradora.


(7) Ver Razeto et al., Las organizaciones económicas populares, cit., capítulo 6. Aquella formulación de la hipótesis es más simple de lo que hacemos aquí, pero en contrapartida proporcionamos allí más elementos analíticos sobre los elementos de realidad en que se fundan, las implicaciones y problemas que representan respecto a un conjunto de aspectos prácticos, y sobre la validez relativa de cada hipótesis.


(8) Idem, págs. 106-107.

(9) Idem., págs. 1-2.

(10) L. Razeto, Sobre la inserción y el aporte de la economía de solidaridad en un proyecto de transformación social. Area de Pastoral Social, Conferencia Episcopal de Chile. Seminario Nacional “Artesanía”. Santiago, 1986, págs. 35-36.